Señor director:
Con motivo de la publicación del reporte especial Madera, medio siglo después (Proceso 2029), permítame referir lo siguiente:
Tuve el privilegio de asistir a los actos conmemorativos del 50 aniversario del asalto al cuartel de Ciudad Madera, y retorné al lugar de mi residencia sumamente motivado y convencido de que los nombres de los héroes de ese evento que cimbró las estructuras del estado de Chihuahua y tuvo notables repercusiones en el país y en el ámbito internacional deben ser registrados en las páginas de la historia nacional.
Bajo la guía del conductor de un automóvil de alquiler que amablemente se prestó para ello, realicé una visita a los sitios en los que se produjo el desigual combate entre los 13 guerrilleros y los 120 soldados acuartelados, aunque ya fueron desaparecidas las barracas, las vías del ferrocarril y la Casa Redonda. Todavía está de pie la llamada “casa de los americanos” o Casa de Pacheco.
En lo que fue una especie de tour político e ideológico, pude observar los resistentes restos de las columnas que sostenían el cuartel, sitio en el que ahora se halla un jardín de niños; la iglesia sobrevive, pero se encuentran tapados con un gran muro los impactos de las balas de ambos bandos, y en lo que fue la escuela funciona una institución similar.
Permanecimos en Ciudad Madera parte del martes 22 y el día 23 completo. Escuchamos que sus habitantes se refieren a los participantes de aquel evento como “nuestros guerrilleros” porque, dicen, los pusieron en el mapa estatal, nacional y mundial, y pude percibir que la mayor parte de la población no sólo tenía conocimiento de los preparativos del asalto al cuartel por parte del Grupo Popular Guerrillero que comandó el profesor rural Arturo Gámiz, sino que estaba preparada para secundar a sus integrantes. Prueba de ello es que a los sobrevivientes del ataque los protegieron y ayudaron a ponerse a salvo del gran operativo que el Ejército y todas las policías pusieron en práctica para capturarlos.
El 23 de septiembre de 2008, el ayuntamiento de Madera colocó una gran placa de acero a la entrada de la población con los nombres de los héroes y una frase en su reconocimiento, pero tres semanas antes del cincuentenario la desprendieron de su base y se la llevaron. Para cubrir el hueco, alguna dependencia desconocida –¿el ayuntamiento, el estado, el Ejército, etcétera?– vandalizó el lugar de la placa hurtada, colocó la leyenda “Madera en Paz” y la atribuyó al “ayuntamiento 2015”, cuando el periodo constitucional del actual es de 2013-2016.
Enterados del hecho, un gran número de profesores jubilados de Ciudad Juárez, Chihuahua, llegaron al lugar, y a las 9:00 horas del 23 de septiembre de este 2015 organizaron un acto de desagravio, colocaron otra placa más pequeña y, con su convicción del heroísmo de los caídos en Madera en 1965, anunciaron que ya tenían preparadas otras placas para ponerlas de nuevo cada vez que fueran removidas.
A las 18:00 horas del martes 22, un grupo de personas encabezadas por el cineasta José Luis Urquieta, director de la película Las armas, basada en la novela Las armas del alba, de Carlos Montemayor (2003), exhibieron el filme en el salón de actos del ejido El Largo o El Maderal –construido como una consecuencia del asalto al cuartel–, el cual estuvo repleto. La mayoría de los asistentes fueron familiares y amigos de los héroes de Madera. Durante la hora y media que dura la pieza cinematográfica se escucharon sollozos por la crudeza de los hechos narrados, y de pie, al final, el público brindó un fuerte y prolongado aplauso a los participantes en el asalto al cuartel.
Al subir al estrado y agradecer la presencia en esa que fue la primera de tres funciones, el director del filme solicitó un aplauso para el gobierno de Durango porque aportó 10 millones de pesos para financiar la filmación; pronunció palabras elogiosas para la revista Proceso, que en su edición número 2029 (20 de septiembre de 2015), dijo, publicó un magnífico y bien documentado reporte especial de 23 páginas sobre el tema, recomendando su adquisición y lectura.
Atentamente
Eusebio Vázquez Navarro








