La hora de la UNAM

La Universidad Nacional Autónoma de México tendrá un nuevo rector a más tardar el 17 de noviembre próximo. Al elegido le tocarán los comicios presidenciales de 2018 y será central a la hora de delinear la postura de la máxima casa de estudios del país respecto de las recientes reformas estructurales –cuyos efectos ya habrán comenzado a sentirse–, el vínculo entre la vida académica y laboral, y la proyección de la universidad hacia el exterior. Proceso presenta entrevistas con tres aspirantes al cargo, representantes de sendas corrientes al interior de la UNAM. El ejercicio cobra importancia debido a que en estos días corre el periodo para que la comunidad universitaria exprese sus opiniones y preferencias.

Sergio Alcocer:  no soy candidato oficial sino de la academia

Santiago Igartúa

Hasta hace un par de meses subsecretario de Estado y secretario general de la UNAM en el periodo 2007-2011, Sergio Alcocer Martínez de Castro es señalado como el candidato oficial, preferido de Enrique Peña Nieto y José Narro Robles, para dirigir la máxima casa de estudios del país.

Él rechaza esa presunción y asegura que quiere ser rector porque la comunidad de la universidad así se lo ha pedido.

Atiende la entrevista con Proceso en la sala de juntas del Instituto de Ingeniería que alguna vez dirigió y al que volvió en la búsqueda de la rectoría. A un costado se encuentra su cubículo, breve, aún semivacío. En el escritorio no tiene más que un par de papeles, una computadora de escritorio apagada y una portátil encendida. Las gavetas vacías. No hay fotografías.

Cuenta que lo han marcado las esculturas de Miguel Ángel, los colores de Orozco, la música de Bach. Lo apasiona la narrativa policiaca.

Cree en los jóvenes, asevera, y en que el futuro del país está en la educación. Dice que la UNAM pasa por un gran momento y que el doctor Narro “ha hecho un magnífico trabajo en los últimos ocho años”.

De ser electo, propone que la institución se renueve desde la docencia, “que mejore en términos de calidad, más cercana a las necesidades del país”.

En el mismo sentido, dice, impulsaría que la investigación básica, aplicada y tecnológica, así como la extensión de la cultura, “tengan una vista muy clara de lo que México necesita”.

Pide planes de estudio vigentes, que se revisen periódicamente y permitan a los jóvenes contar con “las condiciones laborales óptimas” para desempeñarse en el mercado laboral.

“Esto no significa que las fuerzas del mercado van a dirigir cómo van a ser las decisiones académicas, pero no podemos dejar de reflexionar sobre los avances que un profesionista necesita para desarrollarse. Los avances en el uso de tecnologías de información y comunicación nos obligan, para un país que es la décimo quinta economía en un mundo globalizado, a que en todas las carreras nuestros alumnos estén actualizados. Lo mismo pasa con el inglés.

“No se busca tecnificar la educación. Por eso se deben mantener las materias sociohumanísticas, para comprender el mundo más allá del aspecto técnico de cada disciplina.”

Sobre la cobertura, sostiene que es un tema de “corresponsabilidad del Estado mexicano, que es el principal responsable de dotar los recursos para asegurar la educación, principalmente entre los sectores que no tienen un acceso fácil a ésta”.

Se le mira confiado, seguro. Se sienta de lado, sobre una de sus piernas, entrelazada con la otra. Continuamente irrumpe una secretaria para entregarle tarjetas que lee y dobla sin interrumpir su discurso.

–¿Cómo quitarse el estigma de que es usted el candidato oficial?

–Yo no tengo el estigma de ser el candidato del gobierno. Yo soy un candidato de la academia, he estado aquí 25 años, de los cuales 40 meses estuve fuera. Colaboré en las posiciones más relevantes en la UNAM y eso me permite conocerla. Mi trabajo en el gobierno me permitió conocer el exterior, lo que la universidad puede hacer hacia afuera y lo que el país necesita de ésta.

–¿Le molesta que se diga esto?

–No es tanto que me moleste. Simplemente hay que ponderar, de manera objetiva, el tiempo y las razones para haber trabajado en el gobierno de mi propio país. Me parece que no puedo ser señalado de hacer algo equivocado o denigrante. Creo que uno de los grandes privilegios que se puede tener es trabajar para tu país. Lo hice desde la universidad y tuve la oportunidad de hacerlo para el gobierno federal, vigilando los intereses de México.

–Para salir del gobierno, ¿discutió su candidatura con sus jefes?

–Fue una decisión personal. Siempre me he considerado un académico y era momento de que regresara a mi casa.

–Con su trayectoria en la UNAM, a la que llama su casa, ¿qué lo motivó a incursionar en los ámbitos del gobierno y por qué regresar?

–En ambos casos (subsecretario de Energía con Felipe Calderón y de Relaciones Exteriores con Enrique Peña Nieto) fui invitado a participar por el gobierno federal. Regreso porque yo soy un universitario. Simplemente fui prestado, me presté yo. Pero aun en el gobierno mantuve cercanía con la universidad.

–¿Cree en el proyecto de país del presidente Peña Nieto?

–Yo creo que, como todo proyecto, es perfectible. Cualquier proyecto de país debe ser incluyente, que provoque un desarrollo equitativo, justo, sostenible, en donde el estado de derecho esté antes que cualquier cosa. Que logre que la economía sea más productiva. Ése sería, para mí, el ideal. En la realidad eso se puede mejorar y me parece que la universidad, formando estudiantes mejor preparados, más comprometidos con la sociedad, investigadores vinculados con la realidad del país y una extensión de la cultura que nos permita fortalecer los valores y la ética del país, va a contribuir con ese ideal.

–¿Si usted no resultara electo, permanecería en la UNAM o regresaría al gobierno?

–Yo soy investigador del Instituto de Ingeniería y tengo mi cubículo, en donde inicio clases la próxima semana. Seguiré dando clases y haciendo investigación.

–De ganar, a usted le tocarían las próximas elecciones presidenciales como rector. ¿Qué piensa del movimiento estudiantil #YoSoy132?

–Creo que ese tipo de movimientos tienen una razón de ser, para lograr mayor transparencia, rendición de cuentas y mayor democracia. Me parece que es responsabilidad de todos apoyar que este tipo de iniciativas se den. México ha transitado de ser un Estado cerrado, en algún momento represor, a ser un Estado abierto, un Estado democrático, transparente.

–De la UNAM se espera que sea una voz crítica. ¿Usted cuál considera que debe ser el papel del rector y de la universidad en ese sentido?

–Yo creo que el rector de la universidad, hacia el interior de la casa, tiene que ser un rector que defienda la autonomía primero que nada, que salvaguarde la pluralidad y la tolerancia, que sea incluyente, que sepa escuchar y que sepa decidir. Y hacia el exterior, la universidad tiene que ser vista como un espacio de inteligencia nacional, donde se discuten las ideas abiertamente, sin importar credos y filiaciones políticas. La universidad deberá ser crítica y el rector debe encabezar esa crítica, señalar las desviaciones y proponer soluciones, políticas públicas para que dejen de serlo.

Las coordenadas

Ideológicamente, Alcocer se define conservador en materia económica, liberal en temas sociales y revolucionario en materia educativa.

Inevitable en estos días, se refiere a “la tragedia de Ayotzinapa” como un hecho “lamentabilísimo” que nos enfrenta con una de las realidades del país: “un Estado, a nivel federal y local, que en muchos casos es de avanzada pero en muchos otros tenemos condiciones de cierto nivel de primitivismo y de barbarie en la manera en la que se da la convivencia, en que se han trastocado nuestros valores.

“Nos pone en evidencia un Estado y un país impune, un país en donde la corrupción es muy amplia, donde tenemos la participación de autoridades, locales en este caso, con el narcotráfico. Es una lección dura de aprender, triste. Las investigaciones dejan más dudas de las que antes teníamos. Es un tema de expertos y se debe resolver a ese nivel. Debemos contar con una verdad, da igual si es histórica o no, es la verdad. No puede haber otra y no puede ocurrir de nuevo.”

Sobre lo que llama “el fantasma de la corrupción”, dice que se ha acentuado como un tema de carácter cultural: “Debemos de cambiar la cultura de la corrupción y de la impunidad por una cultura de respeto a la ley y al estado de derecho”.

–¿En ese sentido, qué opinión le merecen los conflictos desatados por la compraventa de propiedades entre gobernantes y contratistas?

–Estamos en un momento de cambio y transformación. Me parece que México requiere de un Estado mucho más transparente, que rinda cuentas, donde no haya grises en la gestión del sector privado con el público. Me parece que es parte de un proceso, como parte de la evolución de una democracia. La sociedad debe seguir demandando que este tipo de situaciones, en la medida de lo posible, no ocurran o que sean perfectamente legales.

Sobre la fuga de El Chapo Guzmán, opina: “De nuevo nos exhibe con estas debilidades, que apuntan todas en la misma dirección: el tema del estado de derecho, la corrupción, la impunidad”.

En torno a la reforma energética, que impulsó directamente durante el gobierno de Calderón, expone: “Creo que se aprovechará de la mejor manera en la medida que cuente con los recursos humanos suficientes en cantidad y calidad. Necesitamos redoblar los esfuerzos en la universidad pública para que se pueda instaurar por gente formada en nuestro país en las mejores condiciones”.

–Dicho todo esto, ¿cuál sería su balance del gobierno actual?

–El país se encuentra en una situación compleja, en donde los rezagos son de muchos años, como la pobreza y la exclusión, que empiezan a hacer crisis. Me parece que si no tenemos un diagnóstico claro de la situación, nos podemos equivocar y eso le puede costar mucho al país. Tenemos que entender muy claramente que hay un hartazgo de la población por la corrupción, por la impunidad, por la falta de transparencia. Y todos los poderes de gobierno tienen que hacer lo que les corresponda para que eso no ocurra.

Al final de la entrevista, el académico y político asienta que la seguridad en la universidad ocupa buena parte de su pensamiento. Tomas de instalaciones, grupos anarquistas, centenares de delitos, focos rojos de narcomenudeo.

“Son diferentes razones. Lo que nos dice es que hay que hacer un trabajo cercano a la comunidad para conocer las necesidades de los distintos sectores. También hay expresiones del ámbito externo.

“El movimiento de jóvenes anarquistas no se limita a la UNAM. Creo que son una expresión de una falta de horizonte, falta de esperanza en el propio desarrollo personal y profesional, que atribuyen a gobiernos incapaces.”

Cree que se debe entablar una comunicación cotidiana entre autoridades de los planteles y el gobierno. “Diría yo que no debe entrar la policía, a menos que la medida de seguridad, de control de la situación, amerite que se use la fuerza. Nosotros no tenemos capacidad de uso de la fuerza”.

La huelga de 1999 al año 2000 la vivió de lejos. “Me tocó parcialmente porque yo estaba de sabático. Había pedido permiso y medio año estuve en el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), en la Secretaría de Gobernación, y otro medio año en Estados Unidos.

A sus 52 años, el académico y político insiste en estar listo para el reto de dirigir la universidad y concluye respaldando el proceso de elección, que considera democrático.

“La Junta de Gobierno le ha dado enorme estabilidad a la universidad. Son 15 distinguidísimos hombres y mujeres comprometidos, elegidos democráticamente y especializados en lo que la universidad requiere.” l