Mi padre se equivocó*

CHIHUAHUA, CHIH.- “Cuesta trabajo reconocerlo. Es duro. Pero tengo que aceptar y decir que mi padre y sus compañeros equivocaron el camino.”

Habla Alma Gómez Caballero, maestra normalista de 27 años, hija mayor del doctor Pablo Gómez, quien junto con el profesor Arturo Gámiz encabezó al grupo de guerrilleros que el 23 de septiembre de 1965 asaltó el cuartel militar de Madera.

“No era el momento; no había las condiciones necesarias para que la lucha que ellos emprendieron pudiera desarrollarse”, explica.

Exmilitante también de un movimiento armado, encarcelada por ello tres años, tiene, sin embargo, los motivos bien claros que llevaron a su padre a tomar las armas. Y rechaza que el trágico episodio de Madera haya sido desesperado o suicida o una “epopeya romántica escudada en la lectura del Che o de Fidel”, aun cuando es innegable que la Revolución Cubana influyó en ellos.

“En todo caso –dice– fue fruto de un análisis incorrecto. Por un lado, de un análisis general un tanto subjetivo de la realidad, en cuanto a su creencia de que a partir de la lucha que ellos iban a desarrollar el pueblo se incorporaría al movimiento y éste se iba a generalizar e iba a cambiar las estructuras. Por otro lado, de un análisis táctico también incorrecto, en cuanto a las condiciones del asalto mismo. Hubo errores. La guerrilla debe funcionar bajo determinadas condiciones tácticas que ellos ahí no observaron. Por ejemplo, el armamento, el número de hombres, el elemento sorpresa, la misma ubicación de los guerrilleros: tenían a sus espaldas todo el llano; o sea, en el momento de una huida estaban en despoblado… fueron errores tácticos.

–¿Una acción suicida?

–Así podría parecer, por los resultados, pero sin que el suicidio estuviera presente en sus mentes. Es claro que ellos llevaban en la mente triunfar.

–¿Fue un sacrificio inútil?

–Creo que no. La primera guerrilla con carácter socialista en el país fue la de ellos. Esos ecos fueron como la chispa de la que vendría más adelante. Fueron parte de esa revolución que todos deseamos, de ese cambio social. Es decir, jugaron un papel. Por otra parte, durante la época de grandes movilizaciones campesinas previas a los hechos armados, se hizo conciencia entre la gente. Y si bien después de su muerte no se vieron resultados inmediatos, hay resultados que se van apreciando poco a poco. En la mente de la gente queda la idea de la necesidad de un cambio, de la posibilidad del cambio. Y en la medida en que la lucha continúa, eso se va materializando poco a poco.

Por otra parte, subraya que la llamada Liga Comunista 23 de Septiembre no tuvo ni tiene “nada que ver” con el grupo que atacó y murió en Madera. De hecho, la Liga nada más tiene el nombre. “Ningún participante del grupo de Madera se integró a la Liga, que nació muchos años después. Es más, las actividades y los planteamientos de la Liga no sólo no coinciden, sino que han distorsionado la imagen real y la lucha de los caídos en Madera. Esto es algo que debe aclararse”.

Finalmente, habla de ella misma. Dice que su padre, “hombre de convicciones firmes que murió y vivió preocupado por los humildes”, le inculcó desde niña la preocupación por el pueblo. Ello acabó por llevarla, como a su padre, a integrarse a un grupo armado, el Movimiento de Acción Revolucionaria, en el que participó durante dos años, hasta que fue encarcelada en 1973.

–Es decir, te equivocaste como tu padre.

–Fue un error, una falsa apreciación. Para la gente que militamos en este tipo de grupos, 1968 fue un punto del que falsamente apreciamos que estaba cerrada toda posibilidad de lucha legal y que había necesidad de rebelarnos en nuestro terreno. La cárcel, sin embargo, me sirvió para analizar muchas cuestiones; para hacer un análisis retrospectivo, una autocrítica, un replanteamiento de concepciones. Y al salir de la cárcel me incorporé al trabajo amplio de masas. Y en él estoy.

Por eso ahora es capaz de afirmar que su padre y ella misma equivocaron el camino, lo que no quita, dice, que le llene de orgullo ser hija del doctor Pablo Gómez. l

*Texto publicado en la edición 99 de Proceso, del 25 de septiembre de 1978.