Usted es el responsable

Arturo Gámiz y Salomón Gaytán le enviaron al entonces gobernador de Chihuahua, Práxedes Giner Durán, una carta en la que explicaban por qué decidieron tomar las armas. El periódico Índice, de la capital chihuahuense, la hizo pública el 22 de septiembre de 1965, un día antes del fallido asalto al cuartel de Madera. Proceso la reprodujo en su edición número 99, del 25 de septiembre de 1978.

Esta es la parte medular de la misiva:

“Nos hemos levantado en armas para hacer frente a cacicazgos como el de José Ibarra y Tomás Vega, que agobian al estado, una vez que agotamos los medios legales sin fruto alguno; una vez que nuestros esfuerzos de años fracasaron en virtud del apoyo incondicional que el gobierno del estado proporciona a los caciques que por décadas se han dedicado impunemente a explotar como bestias a los campesinos, a humillarlos y asesinarlos, a quemarles sus ranchos, robarles su ganado y violar a sus mujeres.

“Durante años, por las buenas, estuvimos pidiendo justicia. Pero usted, señor gobernador, nos despidió siempre con insultos, se puso de parte de los latifundistas y les dio fuero. Empuñamos las armas para hacer por nuestra propia mano la justicia que les niegan a los pobres.

“Hemos declarado varias veces que estamos dispuestos a dejar las armas a condición de que se someta al orden y a la ley a los caciques como Ibarra, y se repartan las tierras que mediante despojos y asesinatos han acaparado. La respuesta suya ha sido enviar a más de mil soldados a liquidarnos y a armar bandas de conocidos asesinos que nos persiguen con saña. En vez de justicia para la tierra se ha impuesto un régimen de terror, de inspiración fascista. Conste, pues, que usted es el responsable de todo lo que ha ocurrido y ocurra. Usted es el responsable de que haya empezado a derramarse sangre.

“Hemos dicho y lo repetimos: no queremos matar soldados. Nada tenemos contra ellos siempre y cuando respeten a las familias.

“Los consideramos hermanos de clase pobre y explotados que están en el servicio únicamente por necesidad, teniendo que soportar el despotismo y los abusos de sus superiores. Nuestra lucha no va dirigida contra el Ejército, sino contra los caciques. Pero los soldados enviados a nuestra persecución en vez de buscarnos se dedican a cometer desmanes contra los rancheros indefensos: matan el ganado, queman sus casas y sus huertas, molestan a sus mujeres, torturan a los rancheros, sobre todo a los niños. Ante esta situación nos hemos visto obligados a hacerles frente y castigarlos por sus fechorías.

“Usted, con sus torpezas y sus caprichos, ha agravado todos los males del estado. Le hemos pedido que reconozca su incapacidad y renuncie y salga del estado al que tan mal ha servido. Se lo repetimos ahora: renuncie y váyase del estado o lo sacaremos por la fuerza, cueste lo que cueste y corra la sangre que corra.” l