Jorge Federico Osorio, 50 años de vida artística

Hace ya varios años, por aquella época cuando “administrábamos la abundancia”, un viaje rutinario al Festival Internacional Cervantino de  Guanajuato se convirtió en una rica travesía, pues en el camión oficial venía el pianista mexicano Jorge Federico Osorio, y nos fuimos hablando de música, músicos y entornos. Yo le había llamado “el mejor pianista joven que tenemos”.

Los años han pasado, y el maestro Osorio no es ya aquel joven que era el mejor pero, lo ratifico ahora, sigue siendo el mejor pianista que tenemos.

Así quedó demostrado la noche del martes cuando en un concierto de gala en Bellas Artes, cuando Jorge Federico celebró sus primeros cincuenta años de vida profesional con una sala que, es bueno decirlo, estuvo llena y no sólo de invitados especiales sino de público que acudió de verdad escuchar el recital.

El repertorio escogido estuvo integrado por obras y compositores que le han sido caros al maestro a lo largo de su carrera, citadas en el orden originalmente propuesto: Num Komm´der Heiden Heiland (Ven ya, Salvador de los gentiles), de Johann Sebastian Bach (Preludio coral en arreglos de Ferruccio Busoni); Preludio y fuga sobre un tema de Haendel, de Manuel M. Ponce; Sonata No. 10 en do mayor, kg 330 del Divino Mozart; Siete Fantasías (Capricho en re menor, Intermezzo en la menor, Capricho en sol menor, Intermezzo en mi mayor, Intermezzo en mi menor, Capricho en re menor) opus 116, de Johannes Brahms, y Sonata No. 21 en si bemol mayor, D 960, de Franz Schubert.

Sin embargo, después del acto protocolar en el que le fue entregado un diploma por parte del presidente del Conaculta y la directora de Bellas Artes, dado el estado de ánimo festivo, según dijo el propio maestro, anunció un ligero cambio en el programa y, en lugar de iniciar con la creación de Bach-Bussoni, decidió hacerlo con la sonata de Mozart. El resto continuó igual, a lo que el pianista agregó dos ancores, una obra de Bach y otra de Debussy.

Recorrido amplio, diverso, hermoso, desde el más puro barroco bachiano y haendeliano hasta el impresionismo de Debussy, sin evitar el clasicismo mozartiano y menos aún el romanticismo brahmsiano y una de sus cumbres, Schubert.

Esplendor musical pianístico emanado de lo profundo del goce espiritual, aunado a la técnica del oficiante para regocijo de los que, gozosos, nos unimos a la Epifanía.