BRUSELAS.- Más que una tragedia permanente, la crisis migratoria que enfrenta la Unión Europea (UE) –y que ha costado la vida a más de 2 mil 300 personas en este año– podría convertirse en el motor de relevo que mantenga su modelo de prosperidad y una oportunidad de crecimiento económico, advierten expertos en la materia.
Debido al envejecimiento de la población, la UE perderá 33 millones de trabajadores en los próximos 20 años: 11% de su actual fuerza laboral.
Peor todavía, la economía europea experimentará una caída de 25% del número de jóvenes de entre 20 y 30 años que demandará un empleo, mientras que la cantidad de trabajadores de 60 a 70 años de edad crecerá 29%. En tal circunstancia, la proporción de personas pensionadas respecto de la población en edad de trabajar se elevará de 28% a 44% en dos décadas.
Tal evolución volverá “insostenibles” los sistemas de bienestar europeos… a menos que cuantiosos suministros de inmigrantes alimenten los mercados de trabajo, afirma el Centro de Política Migratoria (MPC, por sus siglas en inglés) en un reporte que, apoyado en cifras de la agencia de estadísticas oficiales Eurostat, desmonta los principales “estereotipos” acerca de la migración a Europa.
Otro estudio, elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), revela que la migración contribuyó con 70% del crecimiento de la fuerza de trabajo en Europa (en Estados Unidos esa cifra fue de 47% en el mismo periodo).
La OCDE sostiene que, contrario a uno de los argumentos más recurrentes de la extrema derecha, la migración acumulada de los últimos 50 años no ha costado prácticamente nada (“casi cero”) a los contribuyentes locales, por lo que esa institución internacional afirma categóricamente que “los inmigrantes no son de ninguna manera una carga al presupuesto público, pero tampoco una panacea para enfrentar los desafíos fiscales”.
La OCDE deja en claro que, en la mayoría de los países ricos, los inmigrantes pagan más impuestos al Estado anfitrión que lo que reciben del mismo en beneficios sociales, por lo que también contribuyen en el financiamiento de la infraestructura pública.
Tal reporte refiere que muchos de los países europeos pertenecientes a la OCDE (21 de los 28 de la UE) ganarían “sustanciales” contribuciones fiscales de los inmigrantes si elevaran su participación en el mercado laboral al nivel de la población local. En los casos de Bélgica, Francia y Suecia el presupuesto se elevaría el equivalente a 5% del Producto Interno Bruto (PIB), calcula el organismo.
“Estereotipos”
El director y fundador del MPC –ubicado en el Instituto Universitario de Florencia y en cuyo financiamiento colabora la UE– es el reconocido sociólogo y demógrafo francés Philippe Fargues, que dirigió la unidad sobre migración internacional del Instituto Nacional Francés para Estudios Demográficos de París, y el Center for Migration and Refugee Studies en El Cairo, entre otros centros de estudios en la materia.
Fargues analiza en dicho reporte: “Por décadas, el tema de la inmigración ha estado polarizando el debate político europeo. La visión de que la inmigración puede aportar una contribución a Europa ha tenido sus defensores y sus oponentes, y con frecuencia ha sido tema de ríspidos debates.
“Sin embargo –advierte–, en años recientes la disputa entre ambos grupos parece haberse esfumado. Aunque no todos los políticos comparten los mismos principios sobre la migración y los inmigrantes, cada vez menos se atreven a defender la posición de que la migración es, y continuará siendo, necesaria
“La mayoría sigue las tendencias de la opinión pública, en la que amplias franjas en crecimiento ven a los inmigrantes como una competencia en mercados de trabajo asediados por el desempleo, una carga para sus sistemas de bienestar amenazados y un factor de perturbación social.”
El estudio del MPC –en el que participaron 10 investigadores de siete instituciones académicas europeas– derrumba otra falsa aseveración según la cual los inmigrantes se roban los puestos de trabajo de la población local y provocan desempleo. Ésa fue la opinión de casi la mitad de los europeos en la Encuesta Social Europea de 2009.
Pero la investigación del MPC encontró que la realidad no es así: las tasas de migración más elevadas se concentraron en 15 de los 23 Estados miembros de la UE estudiados (son 28 en total), y eran aquéllos que tras la crisis financiera de 2008 presentaban los más bajos índices de desempleo. Y en 10 de esos 15 Estados dicho fenómeno ya ocurría antes de la crisis. Sólo en cinco países había una correlación entre desempleo y migración.
La investigación acusa que las políticas migratorias europeas se han enfocado en intentar atraer a los migrantes más capacitados, dando como resultado un déficit de mano de obra poco calificada. Esos trabajadores retoman los empleos que la población local deja vacantes porque los consideran puestos “indeseables”, pues están mal pagados o relacionados con un bajo estatus social.
El ejemplo que da el reporte del MPC es la pujante industria láctea italiana, en la que nueve de cada 10 empleados proceden de India.
De acuerdo con la OCDE, los inmigrantes absorben 24% de las ocupaciones “en fuerte declive” de oferta, además de que los inmigrantes menos educados presentan la mayor diferencia, favorable al Estado, entre el monto de impuestos que pagan y lo que perciben en prestaciones sociales. Cuando no es así, abunda la OCDE, es porque el inmigrante tiene un pequeño salario y, en consecuencia, sus contribuciones bajan.
Urgencia alemana
Uno de los países europeos que se verá más afectado por la futura carencia de fuerza laboral es Alemania que, según las estimaciones, necesitará llenar un hueco de entre 6 y 8 millones de trabajadores faltantes dentro de 15 años.
En una conferencia en el foro de innovación y nuevas ideas TED, el alemán Rainer Strack, un experto en recursos humanos y director general de Boston Consulting Group, explicó que en 2013 se registraron sólo 600 mil nacimientos en Alemania, menos de la mitad del millón 300 mil natalicios que marcó un pico histórico nacional en 1964.
“Alemania –expuso Strack en diciembre pasado– se encontrará con una gran escasez de talento muy rápidamente. Faltarán 8 millones de personas, que es más de 20% de nuestra fuerza de trabajo actual, números grandes, números muy grandes. Para reducir la diferencia, Alemania tiene que aumentar significativamente la migración, atraer muchas más mujeres a la fuerza laboral, aumentar la edad de jubilación, que por cierto se bajó este año, y todas estas medidas a la vez. Si Alemania falla, Alemania se estancará. No vamos a crecer más. ¿Por qué? Porque los trabajadores que pueden generar este crecimiento no están allí.”
En 2020, sólo algunos países, como Italia y Francia en Europa, o Estados Unidos, dispondrán de un excedente laboral. Pero eso se acabará en la década posterior, alertó el consultor alemán.
De acuerdo con cifras de Eurostat recogidas por el MPC, la UE tendrá 58 millones de habitantes menos de los que había en 2010.
En mayo pasado, cuando expertos y organismos como Amnistía Internacional alertaban de que estaba en marcha una crisis migratoria, el gobierno de Berlín apoyó que se aplicara entre los Estados de la UE un sistema obligatorio de repartición de 40 mil refugiados, donde los más grandes y ricos acogieran un número mayor. El proyecto fracasó porque fue rechazado por España y los países de Europa del este, que prefirieron uno voluntario y para una cantidad inferior de personas.
En contrapartida, para contener el flujo masivo de inmigrantes, el gobierno checo planteó hacer uso de los recursos militares de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), mientras que el húngaro decidió instalar una valla alambrada de 175 kilómetros de largo y cuatro de alto en su frontera con Serbia, medida que el ministro francés de Exteriores, Laurent Fabius, consideró contraria a los valores europeos, provocando que el embajador galo fuera llamado a consultas por el gobierno de Budapest.
En 2008, cuatro años después de haber entrado a la UE, un reporte de la Comisión Europea arrojó que la nueva migración proveniente de los países excomunistas había resultado positiva al activar un crecimiento económico de 0.28% del PIB regional. En noviembre pasado, el Centro para la Investigación y el Análisis de la Migración de Reino Unido concluyó que los inmigrantes originarios de los 10 países del este aceptados en 2004 habían contribuido al Estado británico con 12% más en impuestos que el monto que recibieron en beneficios sociales.
El 19 de agosto último, con la UE dividida acerca de la manera en que debía encarar la crisis migratoria, el gobierno alemán anunció que en 2015 se alcanzaría la cifra récord de 800 mil solicitudes de asilo (recibió 173 mil 70 en 2014 y 109 mil 580 un año antes).
Días más tarde, Ulrich Weber, el director de Recursos Humanos de la Deutsche Bahn, la compañía de trenes, y Frank Appel, el presidente ejecutivo de la Deutsche Post, la empresa de correos, se manifestaron a favor de que se permita el ingreso de migrantes y se les faciliten permisos de trabajo.
Achim Dercks, el director ejecutivo adjunto de la Asociación de Cámaras de Comercio e Industria de Alemania, incluso llegó a proponer que el gobierno les ofrezca empleos, y precisó: “Tenemos necesidad de mano de obra en el sector de la hotelería, la gastronomía, la logística, así como en el sector de la salud y el cuidado de personas mayores”.
Frente a la emergencia humanitaria, pero sobre todo con el objetivo de tomar el control y administración de una gigantesca fuerza de trabajo, la Comisión Europea anunció que presentará un nuevo plan, en el que planteará la acogida de 160 mil refugiados, este miércoles 9.
“Después de todo –señala el mencionado reporte de la OCDE–, la mayoría de los inmigrantes no viene motivada por los beneficios sociales, viene a encontrar un trabajo y mejorar su vida y la de sus familias. Los esfuerzos para mejorar la integración de los inmigrantes deben, por consiguiente, ser vistos como una inversión y no como un costo.” l








