La ciudad de Chicago puede vanagloriarse, además de ser cuna de la universal conmemoración del Día Mundial del Trabajo, de poseer una de las mejores orquestas sinfónicas del mundo, actualmente dirigida por Riccardo Muti; otros estupendos conjuntos musicales como la Lyric Opera, y otros también muy buenos aunque no con gran renombre. Tiene igualmente buenas escuelas de música y, consecuentemente, muy buenos músicos en lo individual.
Uno de estos buenos conjuntos, integrado con individualidades distinguidas, nos visitó durante el período de vacaciones y ofreció una serie de conciertos en nuestro país, culminando el domingo con un concierto gratuito en el Museo Nacional de Arte y, el lunes, en la emisora Opus 94, igualmente de asistencia libre. Se trata del Chicago Panamerican Ensemble, agrupación formada en 2008 y que cuenta con algunas particularidades que vale la pena comentar.
En primer lugar, que su fundadora es la pianista mexicana Beatriz Helguera, obviamente radicada en Chicago y miembro de la Chicago Philarmonic Chamber Player. Para formar el Panamerican Ensemble se agenció la complicidad del cellista Andrew Snow –quien toca con la Chicago Philarmonic–, la mezzosoprano Elena Snow –miembro del Chicago Opera Theatre–, el joven violinista Alan Snow –ganador del primer lugar en el Concurso Discover de Chicago–, y del costarricense Wagner Campos –clarinetista del Joffrey Ballet–. O sea, muy calificados todos.
Pues bien, particularidad de este ensamble es, aparte de tener un amplio repertorio universal que va del renacimiento al hoy, abocarse a las creaciones de compositores panamericanos, con énfasis en los mexicanos. Así lo mostró en los conciertos de referencia.
El repertorio escogido abarcó desde Manuel M. Ponce (1882-1948), el más antiguo, hasta Leonardo Coral, nacido en 1962 y gozando de plena salud. El programa, pues, fue de pleno siglo XX y XXI, música moderna y contemporánea.
Concierto grato y variado que permitió aquilatar a cada uno de los miembros del conjunto, al mismo tiempo que brindó un interesante panorama de lo que en música se hizo en México a lo largo del siglo pasado. Ya sólo ese hecho, la muestra musical amplia de algunos de nuestros compositores, merece todo el reconocimiento. Se antoja casi increíble que venga un conjunto estadunidense a presentarnos música mexicana que nuestros propios conjuntos no incluyen o muy poco. En fin, cosas veredes, Sancho amigo.
De esta suerte, el programa se integró así: “Canción en el puerto” y Sonata simple para flauta y piano de Joaquín Gutiérrez Heras (1927-2012): Tres (“El caballito”, “Canción tonta” y “Las cinco horas”) de las cinco canciones para niños de Silvestre Revueltas (1899-1940) que, como se sabe, tienen letra de otro inmenso, Federico García Lorca; las deliciosas “La vieja Inés”, “El niño azul” y “El alacrán”, de las Seis canciones para cantar a los niños de Carlos Jiménez Mabarak (1916-1994); “Jeunesse”, la infaltable cuando se trata de Ponce, más “Estrellita” y Sonata breve; “Lullaby” de Graciela Agudelo (1945), quien estuvo presente en la sala; “Lamento lento”, “Vocalise” y “Elegía” de Leonardo Coral; “Nostalgia” y “Añoranza” de José Sabre Marroquín (1909-1995), y “Zarabandeo” de Arturo Márquez (1950 y en plena creación).
Creo que es de agradecer este repertorio, muy bien interpretado además.








