La debacle financiera en Grecia es de tal calado que la gente no sólo lucha por conseguir dinero, sino que incluso se plantea transformar la idea misma de dinero. Así, a la posibilidad de abandonar el euro y regresar al dracma se suma la opción de instaurar nuevos sistemas monetarios, que van desde el trueque local a las divisas cibernéticas de alcance planetario. Bitcoin, TEM, hellascoin y SANO son sólo algunos de los 50 tipos de monedas que ya circulan en la nación helena. Y el gobierno de aquel país no ve con malos ojos el fenómeno.
ATENAS.- Cientos de personas se habían congregado en la Plaza Syntagma de Atenas, frente al Parlamento, para protestar contra el nuevo plan de ajuste impuesto al gobierno griego por sus socios europeos cuando un joven comenzó a repartir unos panfletos a todo color: “Grecia, es tiempo del Plan B”.
En el último lustro, el Plan B ha sido sinónimo de la salida del euro, la divisa compartida por 19 de los 28 Estados de la Unión Europea. Si bien oficialmente ningún gobierno defiende de manera abiertas la llamada Grexit, cada vez son más voces las que, desde distintas perspectivas, apuestan por una vuelta al dracma –la divisa helena anterior al euro– o a otro tipo de moneda.
De hecho, el panfleto repartido aquel día de mediados de julio apostaba por el bitcoin, la moneda electrónica creada por Satoshi Nakamoto: “No hacen falta bancos para usarla. Es una moneda digital usada entre individuos. Ningún gobierno puede controlarla”, rezaba el texto repartido.
Podría parecer un hecho de política ficción que un estado de la Unión Europea termine adoptando una moneda que no existe sino en el espacio virtual, pero quizás Grecia no esté tan lejos de ello.
La introducción de una divisa paralela al euro fue una de las opciones que se barajó durante los momentos más tensos del enfrentamiento entre el gobierno griego y el alemán en la última ronda de negociones. Ésta habría servido para suavizar los durísimos efectos que tendría un regreso a la moneda nacional. De hecho, la crisis provocó el surgimiento de divisas locales alternativas al euro, y el reciente “corralito” –los bancos han reabierto, pero los controles de capital continúan en vigor– espoleó las monedas electrónicas.
La ausencia de euros no es un problema nuevo en Grecia. La Gran Depresión que vive el país ha devorado más de un cuarto de su producto interno bruto y el desempleo afecta en torno a 27% de la población activa.
Un ejemplo de la forzada reorganización económica que se vive en Grecia lo ofrece Marita Jupis, a quien la magra pensión que le quedó de sus años de maestra apenas le basta para pagar sus deudas y el alquiler de su vivienda en Volos, una ciudad portuaria venida a menos. Hace unos años, ella y otros habitantes de la localidad comenzaron una red de intercambio basada en una nueva unidad monetaria, el TEM, que ha pasado de tener 50 usuarios a varios miles.
“Nuestro objetivo es crear una economía social alternativa, basada en el intercambio y la solidaridad”, explica la mujer.
El funcionamiento de la divisa de Volos es sencillo: cada miembro de la red, al registrarse, recibe una cuenta electrónica con 300 TEM (a efectos simbólicos, 1 TEM equivale a 1 euro), que puede gastar en lo que ofrecen los habitantes de la ciudad en el mercado dominical –desde aparatos de segunda mano a productos frescos–, ponerse de acuerdo con otros usuarios para intercambiar un servicio o incluso comprar en algunos de los negocios habituales –una óptica, una panadería, un taller, un café– que han comenzado a aceptar parte de los pagos en TEM.
“Hay historias muy significativas sobre cómo el TEM nos ha ayudado –relata Jristos, otro habitante de Volos–. Había una chica que cerró su tienda porque no vendía. Tras el cierre se quedó con mucha ropa en stock, pero tampoco podía colocarla porque la gente no tiene dinero. En cambio, sí la pudo vender a través del TEM y así logró unidades para comprar comida.”
No existe el papel moneda, sino que todas las compras se registran en una base de datos digital, una especie de “banco central” que dirigen unos cuantos secretarios designados por la comunidad.
Y es que las posibilidades ofrecidas por internet permiten que estas redes de solidaridad y trueque se conviertan en verdaderas uniones monetarias, si bien locales.
De hecho, el ejemplo del TEM fue copiado en otros lugares de Grecia, como la isla de Corfú, la localidad de Katerini, algunos suburbios de Atenas, la isla de Siros –donde la medida de valor de su moneda, el SANO, es una hora de trabajo– o la ciudad de Patras, donde circula el óbolo.
“Cuando los miembros de la red compran mercancías o servicios, sus cuentas de ahorro en óbolos cambian. El sistema opera como si fuera una tarjeta de débito en óbolos”, explican en la página web de la iniciativa.
De las cuatro redes de este tipo que existían antes de la crisis, se pasó a medio centenar.
Como es obvio, con la introducción de los controles de capital, se hizo más complicado obtener dinero, pues sólo se permite retirar hasta 420 euros semanales, lo que espoleó otro tipo de monedas paralelas: las llamadas criptodivisas, como bitcoin, litecoin o hellascoin, que no disponen del soporte de un banco central o de reservas de oro, sino de los algoritmos generados por las comunidades que las utilizan y cuyo precio es autorregulado por el mercado.
“Grecia es ahora mismo el país donde más sentido tiene bitcoin, para evitar las limitaciones impuestas, ya que se salta todos los intermediarios, como pueden ser los bancos privados o el Banco Central”, afirma Joaquin Fenoy, director de la empresa española BitChain, que a inicios de julio inauguró el segundo cajero de bitcoins en Atenas, mediante el cual los usuarios pueden transformar sus divisas en esta criptomoneda –que queda almacenada en su cartera electrónica– o viceversa, o cambiarla por euros en efectivo, algo muy útil teniendo en cuenta que el corralito impide enviar dinero fuera del país excepto con un permiso del Ministerio de Finanzas.
“Desde el extranjero se puede enviar dinero en bitcoins a un familiar en Grecia y éste puede transformarlos en euros aquí, o una familia que tenga un hijo estudiando fuera le puede enviar dinero de la misma manera”, explica Fenoy.
El límite para estas operaciones es de mil euros (algo menos de cuatro bitcoins) con lo que se logra burlar la prohibición de transferir dinero internacionalmente, que también se aplica a los movimientos hechos a través de servicios como Western Union o MoneyGram.
“Una cafetería tenía que comprar café en grano a Italia pero no podía enviar el dinero porque lo prohíbe el control de capitales. Logró pagar con bitcoins y el proveedor de Italia los cambió allí por euros”, apunta Thanos Marinos, de BTC Greece, la principal “casa de cambio” de bitcoins en la Hélade.
Otro modo de que este tipo de divisas burle el corralito es mediante las compras por internet, que también se han visto restringidas por el control de capitales. Actualmente, más de 140 mil negocios online de todo el mundo la aceptan, entre ellos eBay, PayPal, Microsoft o el portal de viajes Destinia.
Si bien Grecia es un país muy poco acostumbrado a los medios digitales de pago, la demanda de bitcoins creció 800% en las últimas semanas, asegura Marinos.
En el portal Vaultoro se incrementó 124% la apertura de cuentas en bitcoins a través de direcciones IP helenas, y en las casas de cambio de esta criptomoneda –alojadas en servidores de Alemania, Polonia y China– también subieron las peticiones de compra desde Grecia. De hecho, los acontecimientos en Atenas y la Eurozona dispararon el valor de la bitcoin desde los 223 dólares (el pasado 1 de junio) a los 310 el día 11, aunque luego su precio se estabilizó.
Incluso surgió una divisa exclusivamente griega: HellasCoin. Fue lanzada a finales de 2014, pero suscitó un gran interés a partir del corralito, y 129 empresas helenas ya la aceptan como método de pago.
“El pueblo griego pasa hambre, no hay trabajo y si alguien encuentra un empleo, el salario no supera los 500 euros. Por eso nosotros queremos ayudar a los griegos con esta moneda, cuyo método de producción es más sencillo que bitcoin y se puede hacer a través del ordenador personal”, explica Petros Anagnostu, jefe de mercadotecnia de HellasCoin. Es mucho más barata que el bitcoin: 0.003 dólares.
“Los griegos temen una quita de sus depósitos y ya no confían en el sistema bancario. Por eso hemos visto este intenso interés por bitcoin y hellascoin”, abunda Anagnostu.
En muchos casos la compra de criptodivisas busca proteger los ahorros contra la eventual devaluación que supondría un abandono de la Eurozona o una salida masiva de fondos del país, algo que detectó la propia BTC Greece y que llevó a establecer un tope máximo de compra de bitcoins, fijado en mil euros mensuales.
El papel del Estado
Teniendo en cuenta que esta moneda ayuda a saltarse una regulación estatal, cabría pensar que el gobierno de Alexis Tsipras pondría obstáculos a su instauración. Sin embargo, tanto BTC Greece como BitChain aseguran que, al contrario, han encontrado “apoyo de varios estamentos”. Y todos citan al ya exministro de Finanzas, Yanis Varufakis, como una persona “vinculada” a la comunidad bitcoin.
Varufakis ha escrito varios artículos sobre las criptomonedas y, en uno publicado en su blog el pasado año, sostenía que los países periféricos de la Eurozona deberían crear “sistemas de pago electrónico alternativos” al euro, controlados por el Estado pero con un “motor” de funcionamiento similar al bitcoin.
Según se desprende de conversaciones telefónicas grabadas al exministro y publicadas por el diario Kathimerini, el plan de Varufakis estuvo a punto de trasladarse del papel a la realidad cuando el Banco Central Europeo cortó las inyecciones de liquidez al sistema financiero griego, forzando al gobierno izquierdista de Tsipras a decretar el corralito.
Consciente de que la Unión Europea trataría de reducir por todos los medios la resistencia del Ejecutivo de Syriza a aplicar más medidas de austeridad, Varufakis y un exiguo grupo de colaboradores comenzaron a trabajar “en un plan B” en diciembre del año pasado, antes de las elecciones que en enero llevaron al poder a este partido de izquierda.
“(Tsipras) me dio luz verde para preparar un Plan B (…) que por razones obvias mantuvimos en secreto”, explica el exministro en la conversación telefónica, según Kathimerini.
La iniciativa implicaba acceder a los registros impositivos de forma que, por medio de ellos, se crease un sistema de pagos paralelo, similar a “pagarés” emitidos por el Estado pero de funcionamiento electrónico: “Pongamos por ejemplo que el Estado debe 1 millón de euros a una compañía farmacéutica. Podríamos crear una transferencia digital en un depósito ligado a la cuenta de impuestos de esa compañía y darle un número PIN para que pudiese usar ese dinero”.
La empresa, a su vez, podría utilizar ese dinero virtual para hacer pagos a proveedores o individuos o para pagar sus impuestos al Estado, creando “un sistema de banca paralela” que podría extenderse al resto de la población “usando aplicaciones para los smartphones”. En un principio, los pagos estarían denominados en euros, pero podrían ser “transformados en dracmas en cualquier momento”.
Una fuente familiarizada con este tema, pero que desea permanecer en el anonimato, confirma estos puntos. “(Varufakis) diseñó planes de contingencia mientras estaba en el Ministerio de Finanzas” y el funcionamiento de su ideado sistema de pagos estaría “basado en tecnología BlockChain”, es decir, en la base de bitcoin. “Es un gran creyente en las posibilidades de la bitcoin”, agrega la fuente.
Sin embargo, Tsipras prefirió no arriesgarse a dar un paso hacia lo desconocido y negó el visto bueno final para que Varufakis procediera, temiendo que ello forzara una precipitada salida griega del euro. Varufakis se vio obligado a dimitir y el Plan B seguirá archivado… Al menos por el momento.








