WASHINGTON.- Rodeado de libros, el relajado ambiente en torno al novelista estadunidense Don Winslow se tensa por momentos. Hace una breve pausa antes de hablar y luego es contundente: “Definitivamente hay una agenda política en la fuga del Chapo.
“Creo que esta administración y la anterior (en México) consideraron a la organización del Chapo la menos mala para crear pactos criminales a fin de ordenar el tráfico de drogas. Esto puede verse cuando tomamos en cuenta los números de arrestos de miembros del Cártel de Sinaloa, que no son sólo desproporcionados, sino incluso minúsculos. Cuando arrestaron al Chapo, muchos dijeron: ‘¿Ves? No es así’. Pero yo les respondí: ‘Esperen’”.
Autor de 19 novelas, además de cuentos y guiones de cine y televisión, Winslow saltó a la fama con El poder del perro, “una historia sobre los orígenes de los cárteles de la droga en México”.
El lunes 13 presentó su nueva novela, El cártel, secuela de El poder del perro. Es una historia basada en la supuesta “guerra” contra las drogas ordenada por el presidente Felipe Calderón y el papel protagónico que, según Winslow, jugaron el Cártel de Sinaloa y sobre todo Joaquín El Chapo Guzmán. En ambos libros, el crimen organizado y el Estado tienen una íntima relación de complicidad.
La presentación de la novela tuvo lugar un día después de la noticia que ya le daba la vuelta al mundo: la fuga del Chapo.
La coyuntura convirtió a la ficción literaria de Winslow en una inesperada extensión de la realidad mexicana. Apenas iniciada la presentación, el tema era ya inevitable. Winslow afirmó de entrada: “No me sorprendería que el Chapo Guzmán no haya escapado por el túnel por el que dicen que escapó. Seguro salió por la puerta principal”.
En entrevista, Winslow ofrece su visión sobre el narcotráfico, una aguda crítica sobre la corrupción oficial en México, acusa la profunda hipocresía del gobierno estadunidense por su corresponsabilidad como el mayor consumidor de drogas en el planeta y finalmente hilvana algunas ideas para, en su opinión, intentar solucionar –o por lo menos confrontar con mejor información– el tráfico de drogas en el hemisferio.
Para Winslow, la fuga del Chapo podría explicarse por la enorme influencia de su fortuna –mayor que la de Donald Trump, según el novelista– así como por la valiosa inteligencia que probablemente involucra las altas esferas del poder oficial.
Explica: “El Chapo sabe dónde están enterrados los esqueletos porque él puso muchos allí. Nadie quiere que sea extraditado porque podría contar muchas historias. Posiblemente descubramos más adelante que su fuga fue arreglada incluso antes de que fuera arrestado (el 22 de febrero de 2014)”.
Como en El poder del perro, los cárteles mexicanos han emergido, según Winslow, al amparo del poder del Estado. En esa novela, la Dirección Federal de Seguridad y un expolicía sinaloense (personaje basado en el capo Miguel Ángel Félix Gallardo) administran una “federación” de organizaciones criminales. En El cártel, ese mismo personaje, ahora más parecido al Chapo Guzmán, confronta con éxito a La Línea, el cártel de Ciudad Juárez, por el control de la valiosa plaza fronteriza. En medio, el gobierno federal no permanece neutral.
Resuelto, Winslow analiza: “El narco y el Estado en México tienen una relación simbiótica. Se necesitan uno al otro. Pero como en toda relación de este tipo, el balance del poder cambia. Sube y baja dependiendo de la situación. En ciertas situaciones los cárteles pueden tener un lugar tan importante como el del gobierno, pero a largo plazo el gobierno siempre tiene más poder y termina siempre siendo el gobierno”
La enorme violencia resultante de esta relación ha tocado a decenas de miles de personas tanto en México como en Estados Unidos. En cada una de las presentaciones de su novela, afirma, siempre hay una persona que ha perdido a un ser querido a causa del narco.
Y sentencia: “La guerra de cárteles está documentada, pero yo no subestimaría el papel del Ejército ni del gobierno en esta situación. México es un hermoso país con gente hermosa y una cultura hermosa. Ojalá que tuvieran el gobierno que se merecen y que nunca han tenido”.
Fracasos en EU
Al revisar la política antidrogas de la administración de Enrique Peña Nieto, Winslow considera lógica la reconcentración del combate al crimen organizado en la Secretaría de Gobernación. Le resulta coherente al mismo tiempo que el gobierno mexicano haya limitado el acceso y la injerencia de las agencias estadunidenses en la estrategia de seguridad nacional.
Explica: “El gobierno de México ha intentado varias cosas. (Durante las presidencias de Vicente Fox y Felipe Calderón) se intentó cooperar completamente con el gobierno de Estados Unidos y eso no funcionó. La más reciente administración (de Peña Nietro) se ha alejado bastante de eso y no los culpo. Han tenido 100 mil muertes en su país y 20 mil desaparecidos. Tienen todo el derecho de decirle a Estados Unidos: ‘Ustedes resuelvan su propio problema con las drogas’”.
Como señala Winslow, el gobierno estadunidense ha encabezado sin éxito una guerra contra el narcotráfico desde la presidencia de Richard Nixon (1969-1974). Cuatro décadas de combate, dice, sólo han empeorado la situación en este país. Por ello, asegura, “las respuestas están aquí (en Estados Unidos)”.
“Si yo estuviera viendo desde el otro lado de la frontera hacia el norte, me estaría preguntando también sobre la corrupción. Me preguntaría, ¿qué tipo de corrupción del alma convierte a Estados Unidos en el más grande mercado consumidor de drogas en el mundo? Somos 5% de la población mundial, pero usamos 25% de las drogas”, dice Winslow.
“¿Qué tipo de corrupción del alma nos convierte en los mayores carcelarios del mundo? Tenemos más de 2.2 millones de personas en prisiones, lo que nos hace tener la mayor población de prisioneros en la historia mundial. Y mucho de eso se debe a la guerra contra las drogas”.
La historia del narco en el hemisferio, según Winslow, puede explicarse como resultado de la era del prohibicionismo del consumo de drogas, sobre todo a partir de la presidencia de Nixon, que sin duda fue la condición que posibilitó la emergencia de los llamados cárteles.
Junto a ese aparato punitivo contra la producción y tráfico de drogas, dice, el otro gran factor que permitió la aparición de los cárteles es el inabarcable mercado de consumo de Estados Unidos.
“México debe de estar cansado de que Estados Unidos lo aconseje o de que exija ciertas acciones. Si yo estuviera encargado de las relaciones México-Estados Unidos, me disculparía con México”, afirma Winslow.
Pero matiza: “Sin embargo, como Estados Unidos es también responsable en la creación de los cárteles, no debería simplemente retirarse. Deberíamos proveer asistencia y ayuda, pero con mayor humildad”.
Legalización
Ante la enorme producción de novelas, películas, música y arte conceptual sobre el narco, Winslow nota que la gran novela sobre las organizaciones de traficantes de Estados Unidos aún está por escribirse.
Junto a los capos estadunidenses, sus redes de corrupción y complicidad oficial, la novela sobre el narco en Estados Unidos debe adentrarse en los complejos sistemas financieros internacionales para articular una narrativa verdaderamente crítica.
Y sobre ese narco estadunidense que no ha sido novelado, explica: “Creo que la corrupción es mayor que los policías que aceptan sobornos o incluso mayor que la corrupción de los gobiernos de México y Estados Unidos. El dinero del narco lo penetra todo”.
Ejemplifica: “Después de la crisis económica de 2008 (en Estados Unidos) fue significativo que California y Texas fueran los primeros estados en recuperarse. ¿Quién tenía dinero entonces para gastar? Cuando hablamos de corrupción en Estados Unidos, desde luego que todo eso existe, pero es más preocupante el flujo de dinero en el sistema bancario, de bienes raíces y en la bolas de valores”.
Ante la grave y complicada circulación de las ganancias del crimen organizado, Winslow advierte que sólo “legalizando todas las drogas” podrá realmente operarse un cambio significativo en los niveles de violencia.
De hecho, Winslow compró una página completa del diario The Washington Post para publicar una carta abierta al Congreso de Estados Unidos y al presidente Barack Obama en la que advierte: “La única forma de ganar la guerra contra las drogas es dejar de luchar”.
“No he recibido ninguna repuesta de ningún político”, dice. “Sólo he tenido reacciones de policías y de gente común”.
Para sustentar su análisis, Winslow recuerda cómo sólo por haberse despenalizado su uso en algunos estados, el tráfico de mariguana de México a Estados Unidos disminuyó 40%.
“Los productores en Durango y Sinaloa no pueden competir con los precios y la calidad de la mariguana de Estados Unidos”, explica. “El reverso de esto es que el Cártel de Sinaloa aumentó la producción de heroína y bajó su precio, lo que ha inundado el mercado en Estados Unidos”.
Su novela Salvajes –llevada al cine en 2012 por Oliver Stone– dramatiza el auge de la mariguana estadunidense. En ese libro, dos jóvenes productores y traficantes se confrontan con un cártel mexicano que se propone arrebatarles el mercado en Estados Unidos.
La incómoda relación de poder y corrupción entre los gobiernos de ambos países y los grupos de traficantes ha sido también el principal motivo de sus dos novelas sobre el narco en México. El proceso de escritura de ambas, “doloroso y emocionalmente desgastante”, lo ha dejado exhausto y triste, admite.
No obstante, dice, queda aún pendiente una discusión honesta y frontal sobre el fenómeno del narcotráfico entre los dos países.
Como lo ha hecho ante las otras preguntas del público que asistió a la presentación de El cártel, Winslow dice luego de breve pausa reflexiva: “México es un blanco fácil para hablar de la corrupción, pero pienso que a veces más que mirar a través de una ventana (en Estados Unidos) deberíamos vernos en un espejo. La solución para acabar con las drogas no está en México y nunca estará allí”.








