El desencuentro de Díaz y Zapata, según Steinbeck

Por oposición del gobierno mexicano a filmar aquí ¡Viva Zapata! en 1952, Elia Kazan rodó en Estados Unidos el guión, elaborado por el futuro Premio Nobel de Literatura 1962, John  Steinbeck (Proceso, 1076).

La primera escena de la cinta transcurre en el Castillo de Chapultepec, donde Emiliano Zapata (personificado por Marlon Brando) confronta al viejo Porfirio Díaz (Fay Roope, actor quien contaba con unos 20 años menos de los 79 que tenía el dictador en 1909).

Para esta escena, Steinbeck se basó en el supuesto diálogo entre Zapata y Díaz que Edgecumb Pinchon (autor en 1933 del libro base de la cinta ¡Viva Villa!) relató sobre estos personajes hacia 1941, en el capítulo “Díaz llora” de su biografía novelada Zapata, The Unconquereable (“Zapata, el inconquistable”).

Se transcribe a continuación la escena escrita por John Steinbeck (Salinas, 1902-Nueva York, 1968) que aparece al comienzo de la famosa película. (RP)

“¡Viva Zapata!”

Ciudad de México, 1909. Una delegación de indígenas del estado de Morelos llega a la capital para sostener una audiencia con su presidente, Porfirio Díaz. Interior. Sala de Audiencia del Palacio Nacional (…)

Cuando han dado sus nombres, los CAMPESINOS recorren la sala con la mirada. A un lado hay un gran sillón que parece un trono. Muy visible y destacado, hay un retrato de DÍAZ en toda su magnificencia. Los CAMPESINOS se agrupan delante del retrato y lo contemplan.

VOZ (fuera de escena): Buenos días, hijos míos.

Plano general. La Sala de Audiencias (…) De pie, junto a la puerta, está DÍAZ, el presidente de México. Les dirige una rápida mirada y luego se acerca con paso vivo al escritorio y se sienta. El FUNCIONARIO le entrega el papel con los nombres de los delegados. DÍAZ lo estudia un momento.

DÍAZ (con un gesto): Acérquense, acérquense… Y bien, hijos míos… ¿qué problema me traen?

Los DELEGADOS  se miran entre sí sin saber quién debería hablar primero. El HOMBRE DEL CABALLO BLANCO permanece al fondo.

DÍAZ: Alguno de ustedes tendrá que decírmelo. Para algo han venido.

LÁZARO (un delegado, se limita a afirmar): Sí, mi presidente. Hemos venido para algo.

DÍAZ (mirando a otro delegado): A ver. Tú. Dímelo tú.

DELEGADO PRIMERO: Usted conoce el lugar, el campo con el peñasco blanco en el centro, mero al sur de Anenecuilco…

DELEGADO SEGUNDO (con discurso preparado): Mi presidente, nuestra delegación…

PABLO (interrumpiendo bruscamente): ¡Ellos nos han robado nuestra tierra!

DÍAZ: ¿Quién les ha robado la tierra…? Hijos míos, cuando hagan una acusación, asegúrense de tener todas las pruebas. ¿Quién les ha robado la tierra?

DELEGADOS (todos al mismo tiempo): ¡La tierra más grande! ¡Más grande que un reino! ¡Nos han robado el verde valle! ¡Ellos sólo nos dejaron las colinas rocosas! ¡Han puesto una cerca! ¡Con alambres de espinas! ¡No podemos darle de comer a nuestro ganado!

DELEGADO PRIMERO: ¿Recuerda usted las tres casas que están junto al peñasco blanco? Nos las quemaron.

DELEGADO SEGUNDO: Están plantando caña de azúcar en nuestros maizales.

DÍAZ: ¿Pueden demostrar que ese campo es de ustedes?

LÁZARO (más calmado): Ese campo ha sido de nuestro pueblo desde antes de la historia. (Levanta una gastada maleta de cuero.) Tengo un documento de la Corona española. Tengo un documento de la República de México.

DÍAZ: Si eso es cierto, no tienen ningún problema. (Pausa.) Hijos míos, los tribunales arreglarán este asunto. Les mandaré a mi propio abogado. Pero antes de hablar con él, les aconsejo que busquen las piedras que limitan sus terrenos. Y los comprueben con sus concesiones y títulos de propiedad. Hechos… Hechos…

Los DELEGADOS se deshacen con expresiones de gratitud.

DÍAZ (continúa): ¡Bien! Tengo muchos otros asuntos que atender. (Con una sonrisa.) He sido su presidente 34 años. No es fácil ser presidente.

DELEGADO ANCIANO: Gracias, mi presidente.

Ángulo más amplio. Todos retroceden, dejando solo y de pie al HOMBRE DEL CABALLO BLANCO. Éste se queda allí, sin moverse, mirando al PRESIDENTE con ojos calculadores. Los demás DELEGADOS, al ver que no se ha movido, se detienen. Cuando el hombre habla, su cara permanece inexpresiva; pero su voz es suave y afable.

HOMBRE DEL CABALLO BLANCO: No podemos buscar los límites, mi presidente. La tierra está acercada, vigilada por los guardias. En este momento están plantando caña de azúcar en nuestros maizales.

DÍAZ (empieza a hablar): Los tribunales…

HOMBRE DEL CABALLO BLANCO (levanta la mano con instintiva autoridad): Con su permiso. ¡Los tribunales! ¿Sabe de algún pleito por tierras que haya ganado un campesino?

DÍAZ: ¿Te han robado tu tierra?

HOMBRE DEL CABALLO BLANCO: La tierra de mi padre la robaron hace mucho tiempo, mi presidente.

DÍAZ lo mira un momento. Luego se vuelve y se dirige a los CAMPESINOS que están detrás.

DÍAZ: Hijos míos. Yo soy su padre, su protector. Soy de su sangre. Créanme, estas cosas necesitan tiempo, deben tener paciencia.

HOMBRE DEL CABALLO BLANCO: Mi presidente, como usted sabe, nosotros hacemos nuestras tortillas con maíz, no con paciencia. Y la paciencia no salta una cerca vigilada por hombres armados. Para hacer lo que usted nos dice, para buscar los límites, necesitamos que nos dé su autorización para brincar la valla…

DÍAZ: No me es posible ejercer tal autoridad.

HOMBRE DEL CABALLO BLANCO: Usted nos lo ha aconsejado…

DÍAZ: Yo únicamente puedo aconsejar.

HOMBRE DEL CABALLO BLANCO: Entonces, naturalmente, mi presidente, haremos lo que usted nos aconseja. Gracias, mi presidente. (Hace una reverencia.) Con su permiso.

Hasta que no se vuelve, no vemos que en sus ojos se dibuja una sonrisa. Se dirige a la puerta y los DELEGADOS lo acompañan. Primer plano a DÍAZ. Su cara revela sospechas de que lo han timado. De pronto, grita.

DÍAZ: ¡Tú!

Plano medio. Grupo junto a la puerta. Justamente delante de la puerta, el HOMBRE DEL CABALLO BLANCO se detiene y se vuelve a medias. Toda su persona tiene cierto aire de insolencia.

HOMBRE DEL CABALLO BLANCO: ¿Sí, mi presidente?

VOZ DE DÍAZ: ¿Cómo te llamas?

HOMBRE DEL CABALLO BLANCO: Zapata.

Otro ángulo. Incluye a DÍAZ y ZAPATA.

DÍAZ: ¿Cómo dices…?

ZAPATA (lo pronuncia claramente): Emiliano Zapata.

DÍAZ lo mira fijamente por un instante. Luego, para que se dé cuenta, escribe cuidadosamente en un papel o tarjeta.

Inserto: La mano de DÍAZ traza un círculo alrededor del nombre “Zapata” en el papel que le entregó el FUNCIONARIO cuando entró a la habitación. Vuelta a la escena anterior. DÍAZ levanta la vista y mira a ZAPATA para comprobar si ha advertido la amenaza implícita en el círculo con que ha rodeado su nombre. ZAPATA le devuelve la mirada. Los dos se miran fijamente un momento, en una especie de desafío, luego ZAPATA da media vuelta y se une al grupo que está en la puerta.

  DÍAZ le sigue con la mirada mientras ZAPATA sale.