Encíclica Laudato Si’

La encíclica Laudato Si’ (El elogio sea para ti) ha producido numerosos comentarios en el mundo. Sin duda es un documento oportuno y encomiable. Llega cuando la acción para combatir el cambio climático es particularmente urgente. El quinto informe del grupo de expertos de la ONU sobre el tema que se presentó a finales de 2014 confirma el aumento sin precedente de las emisiones de gases de efecto invernadero. Aunque hay otros factores que influyen, éstas son una de las causas más importantes del calentamiento de la Tierra que se viene observando desde mediados del siglo XX. De continuar esa tendencia, los daños serán irreversibles y afectarán sobre todo a pequeños países insulares en desarrollo y a las poblaciones más vulnerables ante los desastres naturales.

Las discusiones sobre la acción internacional que debe realizarse se han mantenido sin avances notables desde 1992. Llegarán a un punto decisivo en la Conferencia de las Partes de la Convención sobre Cambio Climático que se efectuará en diciembre en París. El fracaso de la misma dejaría pocas esperanzas para la acción multilateral en el futuro.

El llamado papal ha sido recibido con agrado por varios motivos. El primero es el vínculo positivo que se establece entre la ciencia y la religión. Apartándose de quienes consideran que a través de milenios el clima ha cambiado profundamente por causas poco conocidas, la encíclica comparte la opinión de la mayoría de científicos que, sin desconocer múltiples factores, subrayan la responsabilidad tan grande de las actividades humanas, en particular las que implican gases emitidos por el uso de combustibles fósiles.

El segundo aspecto relevante es el llamado tan vehemente a la toma de conciencia de la degradación del medio ambiente que están ocasionando el consumismo exagerado de los países desarrollados, las ambiciones económicas que no reparan en el efecto sobre la contaminación de aguas o la destrucción de bosques, el agotamiento de especies biológicas y la destrucción del medio ambiente. La insistencia en el alto grado en que se perjudica a los pobres le da al llamado del Papa una dimensión moral que permite ir más allá de los grupos católicos para movilizar en general a favor de una sociedad más justa.

Laudato Si’ es un grito en medio de la indiferencia con que se ha venido tomando el tema del calentamiento global. Inspirado en el pensamiento de Francisco de Asís, vuelve a la utopía de la vinculación entre el hombre y la naturaleza, denunciando al pasar los males de un modelo de desarrollo que ha llevado al triunfo a un consumismo destructivo, encabezado por los grupos depredadores que dominan la conducción de la economía en los países capitalistas. ¿Cuál será el efecto de esta encíclica?

No se puede esperar mucho a corto plazo. Es dudoso que influya directamente en los acuerdos que se alcancen, o no, en París. Sin embargo, es dudoso también que sea irrelevante. Por su carácter mandatario es un documento que fija línea a la jerarquía católica de todo el mundo. Su influencia será más acusada en las naciones con mayoría católica, es decir, los de América Latina. Entre ellas sobresalen por su población Brasil y México.

En el caso de Brasil, se trata de uno de los países más combativos para defender la responsabilidad diferenciada entre las naciones industrializadas y en desarrollo respecto a la destrucción del medio ambiente. Es evidente, cuando se piensa en la emisión de gases contaminantes en términos per cápita, que el principal responsable es Estados Unidos. Brasil espera, entonces, que esto quede reflejado al fijar responsabilidades financieras y pedir compromisos de reducción de emisiones en las conferencias internacionales.

México, por su parte, es uno de los países más conciliatorios cuando se discuten a nivel multilateral las responsabilidades diferenciadas. Opina, no sin razón, que la insistencia en el tema de mayores y menores responsables es la causa principal del empantanamiento de las negociaciones que han cerrado el paso a medidas internacionales más enérgicas para detener el calentamiento global. No se puede perder de vista, sin embargo, que en el orden interno su política económica de los últimos años ha optado por la promoción de la exploración y explotación de un combustible fósil.

Dentro de esos contextos tan diversos, la encíclica representa un reto que no puede evaluarse a nivel de los gobiernos. El llamado del Papa Francisco toca a las bases sociales muy diversas que reciben influencia de la Iglesia, desde barriadas hasta centros de pensamiento, como son las universidades, que se han convertido en las principales formadoras de los líderes de opinión en América Latina. Imposible desconocer la influencia de la Iglesia como un grupo que, operando transversalmente, puede obtener resultados mayores a los de cualquier encuentro internacional en París bajo los auspicios de Naciones Unidas.

La personalidad y el empeño del Papa Francisco en intervenir en asuntos políticos es motivo de controversia. Para los grupos seculares y republicanos, este Papa tan activo presenta, como siempre que alza la voz la Iglesia, un arma de dos filos. Esta vez, empero, su entrada al debate sobre cambio climático es positiva. Permite llevar la toma de conciencia sobre los orígenes y consecuencias del cambio climático a niveles más altos, convirtiéndose en un factor significativo para enfrentar una de las mayores amenazas que existen para el futuro de la humanidad.