La mayoría de los criminalistas que analizaron la muerte del fiscal argentino Alberto Nisman coincidieron en que ese juez –que acusó a la presidenta Cristina Fernández de proteger a terroristas iraníes– se suicidó. Esta conclusión se suma a la que arrojaron los peritajes médicos, y representa un respiro para el gobierno que se vio duramente afectado en los días posteriores al fallecimiento del juzgador pero que ahora goza de un alto nivel de aprobación rumbo a las próximas elecciones.
BUENOS AIRES.- Alberto Nisman estaba parado frente al espejo del baño, con la cabeza levemente inclinada, cuando empuñó con las dos manos una pistola Bersa calibre .22, llevó el cañón a la sien derecha y apretó el gatillo.
Así lo sugiere el dictamen de mayoría de la junta de criminalistas abocada a explicar las circunstancias de la muerte del fiscal que investigaba el caso AMIA –un ataque terrorista antisemita ocurrido en Argentina en 1994, que dejó 85 personas muertas.
Cinco especialistas respaldan esta hipótesis. Se trata de los cuatro peritos oficiales y el que representa a Diego Lagomarsino, el técnico informático de la fiscalía que dice haber prestado a Nisman el arma que acabó con su vida.
El criminalista que representa a la querella, Daniel Salcedo, presentó un dictamen en solitario. Sostiene que Nisman fue asesinado desde atrás por alguien que lo obligó a apoyar una rodilla contra el suelo frente a la bañera. De acuerdo con esta hipótesis, la mano derecha del asesino sujetó la del fiscal y lo hizo apretar el gatillo.
Ambos dictámenes fueron entregados el miércoles 10 a la fiscal Viviana Fein, a cargo de la instrucción del expediente.
La junta criminalística repite así la divergencia ya expresada en mayo por la junta médica. Allí, 13 especialistas sugirieron que Nisman se quitó la vida, mientras que los dos de la querella se inclinaron por la hipótesis del asesinato. La fiscal Fein había solicitado en marzo la realización de ambos análisis para que los especialistas debatieran sus hipótesis. Debían responder una serie de preguntas.
Entre los criminalistas, al igual que entre los peritos médicos, la hipótesis del suicidio corre con ventaja. Para poder pronunciarse, Fein debe esperar los resultados periciales sobre las computadoras y los celulares del fiscal.
Acerca del caso AMIA, el 14 de enero pasado y de manera sorpresiva Nisman imputó a la presidenta Cristina Fernández viuda de Kirchner por el supuesto encubrimiento de seis iraníes a quienes se acusa de ser los autores intelectuales del atentado.
El 19 de enero Nisman debía presentar los fundamentos de su denuncia ante el Congreso. Un día antes, sin embargo, el cuerpo del fiscal apareció en el baño de su departamento con un balazo en la cabeza. Una multitud se manifestó en Buenos Aires al cumplirse un mes del hallazgo. Los grandes medios responsabilizaron al gobierno por el “magnicidio institucional”. Se le convirtió en culpable, por acción u omisión, hasta que no demostrara lo contrario.
La zozobra gubernamental encontró alivio en la medida en que la lupa de la justicia y de la prensa fue concentrándose en Nisman. Su denuncia fue desestimada por los jueces que la tuvieron en sus manos. Su relación con el oscuro mundo de las agencias de espionaje se reveló promiscua. El fiscal adelantaba a la embajada estadunidense sus futuros pasos en la causa AMIA. Los familiares de las víctimas le reprochaban la falta de avances a lo largo de 10 años. Y la imagen del fiscal se derruyó al filtrarse fotos de su celular que lo mostraban en viajes de placer junto a diferentes modelos, en días en los que cobró como si hubiese estado en su despacho.
Presencias
Para cinco de los seis peritos que participaron de la junta criminalística Nisman se quitó la vida. Se trata de los cuatro peritos oficiales –balístico, químico, criminalista y médico– y del perito de parte del técnico informático Diego Lagomarsino. El dictamen de 90 páginas consta de gráficos y reproducciones de la escena. Concluye que no hay rastro alguno –tampoco genético– de la presencia de otra persona dentro del baño. Las salpicaduras de sangre indican que al momento del disparo no había nadie parado detrás del fiscal.
Los peritos creen que el golpe que presentaba Nisman en la nuca es producto de la caída. Esto prueba que el fiscal estaba de pie, frente al espejo, al momento de efectuarse el disparo. Nisman tomó la pistola con ambas manos: la derecha empuñando el arma, la izquierda de sostén por debajo. Por eso se encontró sangre en ambas manos. La salpicadura junto al lavabo, de arriba hacia abajo, se debe al sangrado por la boca debido al balazo.
El cuerpo del malogrado fiscal no presentaba signos de defensa. En el baño no se halló evidencia alguna de desorden o pelea. El dictamen considera lógico que el arma haya quedado bajo el hombro del fiscal y el dedo índice de la mano derecha en posición exacta de haber gatillado.
Se sostiene que la puerta del baño estaba casi cerrada, tal como declararon haberla encontrado la madre del fiscal, Sara Garfunkel, y el custodio Armando Niz al entrar en el departamento. El cuerpo de Nisman trababa el acceso. Ninguna persona caminó por el baño tras la muerte del fiscal. No hay pruebas de que el cadáver haya sido arrastrado o acomodado contra la puerta. No se encontró una sola gota de sangre fuera del baño.
El perito de la querella, que encabeza la jueza Sandra Arroyo Salgado, exmujer de Nisman, elevó en soledad su dictamen. Allí consta que el fiscal fue conducido bajo amenazas hasta el baño. Se le obligó a ponerse de rodillas frente a la bañera. Más exactamente, con una rodilla en el suelo, el torso erguido, la cabeza inclinada hacia abajo. Quien lo asesinó se ubicó de pie a sus espaldas. Sujetando con su mano derecha la mano de Nisman, lo obligó a tomar el arma y a poner dos dedos en el gatillo. Con la mano izquierda le sostuvo el hombro izquierdo. Elevó el cañón de la pistola e hizo presión sobre los dedos del fiscal. La sangre que brotó del orificio de ingreso de la bala explica la salpicadura junto al lavabo. El asesino sostuvo la caída del cuerpo hasta acomodarlo en el piso. Salió por la pequeña abertura de la puerta del baño.
El extenso dictamen fue acompañado por una animación tridimensional. Los peritos oficiales no conciben esta mecánica sin que haya, como mínimo, algún comportamiento instintivo de defensa. El dictamen de la querella admite que el cuerpo de Nisman no presentaba ningún signo de haberse defendido.
La disidencia entre los especialistas había tenido un primer capítulo el 20 de mayo, cuando se presentaron las conclusiones de la junta médica. Trece de los 15 peritos que participaron en aquel estudio afirmaron que no se encontró ningún indicio que permitiera sostener con rigor médico que la muerte de Nisman fue un homicidio. El dictamen de mayoría situó la muerte del jurista entre las 12 y las 16 horas del domingo 18 de enero. Dictaminó que no hubo acción de otras personas y verificó el espasmo cadavérico en los dedos propio de este tipo de suicidios.
El dictamen de minoría, elaborado por los dos forenses de la querella, consideró que el fiscal fue asesinado el sábado 17 de enero. La hipótesis horaria involucraba de manera directa a Diego Lagomarsino. El técnico informático dijo haber ido dos veces esa tarde a ver a su jefe. En la primera visita, Nisman supuestamente le pidió prestada un arma, que el joven le alcanzó horas más tarde. Por lo pronto, el martes 9 se conocieron las imágenes de las cámaras del edificio donde vivía Nisman. Lagomarsino entró y salió dos veces en los horarios que figuran en su declaración.
Informática
También las indagatorias informáticas han sido filtradas a la prensa. La computadora del fiscal registra una navegación de casi media hora el domingo 18 de enero por la mañana. En el registro de llamadas del celular de Alberto Nisman la más antigua data del domingo 18 de enero a las 13:45. Es una llamada perdida. Las anteriores parecen haber sido eliminadas. Ambos datos podrían fortalecer lo señalado por la autopsia oficial, que ubicó el horario de la muerte entre las 12:00 y las 16:00 horas de ese día.
Entre los archivos encontrados en las computadoras de Nisman había resúmenes de cuenta, documentación de la fiscalía, detalles de un emprendimiento inmobiliario en Uruguay, itinerarios de sus múltiples viajes. La justicia investiga en paralelo si algunas de estas inversiones en el exterior, a nombre de la madre y la hermana del fiscal y de Lagomarsino, podrían configurar el delito de lavado de dinero. Los tres figuran asimismo como titulares de una cuenta en el banco Merrill Lynch de Nueva York, de la que Nisman era apoderado.
La fiscal Fein calcula que 80% de la investigación ya está concluido, y dispondrá de los peritajes informáticos a finales de julio. Si considera que la muerte de Nisman fue un suicidio, y que no hubo instigación, puede pedir el cierre de la causa por ausencia de delito. Si se inclina por el homicidio deberá solicitar el cambio de carátula y profundizar en la investigación. La última palabra la tendrá la jueza Fabiana Palmaghini. En caso de que convalide el cierre de la causa se da por hecho que la querella apelará la decisión ante la Cámara del Crimen.
Más allá de que la vida de Nisman haya sido segada por mano propia o por la de un tercero, los grandes medios ya no lo presentan como un “mártir”. Hoy apuestan por demostrar que la escena de la muerte del fiscal sufrió contaminaciones en las horas posteriores al hallazgo. Esgrimen que nunca se sabrá la verdad. Fein, en cambio, asevera que no se manipuló ni el cuerpo de Nisman ni ningún objeto en su departamento.
El gobierno asimiló el duro golpe y hoy luce fortalecido. Cristina Fernández llega al fin de su segunda presidencia con una imagen positiva que oscila entre 50% y 60% de aprobación, de acuerdo con diferentes consultoras.
El candidato oficialista, Daniel Scioli, encabeza la intención de voto para las elecciones presidenciales del próximo 25 de octubre. Poco parece importar que el kirchnerismo haya mantenido a Nisman durante 10 años al frente de la fiscalía AMIA, con un presupuesto enorme, sin mayores resultados. Tampoco que su fuente de información, Antonio Stiuso, haya sido durante esa etapa jefe operativo de la Secretaría de Inteligencia, pese a haber sido agente durante la última dictadura y a sus conocidos métodos para acallar o comprar representantes de la justicia o la prensa.








