Señor director:
Como persona con nacionalidad española, no puedo sino estar de acuerdo con el contenido y el fondo del artículo Burlarse del poder (Proceso 2013), que ilustra el pésimo estado de la democracia española.
Esa atinada pieza exhibe procesos de dominación social preocupantes, como el control de los medios de comunicación de masas por intereses políticos y económicos. Ante este servilismo mediático (documentado en La prensa hispana, doblegada ante Rajoy / Proceso 2008), toma relieve el valor social de los pocos medios independientes y, en este caso, el papel del humor en la denuncia política. Pero, en particular, destaca la observación del editor de la publicación española Mongolia: “Yo me quedo con Felipe VI como personaje más abordado por… Mongolia”.
Efectivamente, tal interés por la monarquía no es casualidad: se trata del símbolo de la decadente democracia española. Frente a la descomposición del tejido socioeconómico que desde 2008 azota al país, la monarquía significa: 1) la impunidad jurídica del Estado (artículo 56.3 de la Constitución española: el monarca no es imputable bajo motivo alguno); 2) la violación perenne de los derechos humanos (ver artículo La monarquía viola derechos humanos en la revista jurídica Lex Social); 3) la imposición de una institución no sometida a la soberanía popular; 4) la burla de una entidad que simula representar al Estado pero en realidad defiende un privilegio medieval; 5) la perpetuación de una casta que se cree por encima de los principios democráticos; y 6) la colusión de las élites políticas cobardes que amparan la dictadura en la jefatura de Estado para proteger sus intereses a expensas de la democracia y la ciudadanía.
Según la propaganda monárquica en su página web, la monarquía presume “contribuir a la estabilidad” política, “facilitar el equilibrio” de las instituciones públicas, y “favorecer el ordenado funcionamiento del Estado y ser cauce para la cohesión entre los españoles”. Azucaradas e hipócritas palabras que esconden la naturaleza verdadera de cualquier título hereditario de nobleza que, según el Comité de Derechos Humanos, es una “institución que, debido a su naturaleza indivisible y excluyente, está al margen de los valores subyacentes a los principios de igualdad ante la ley y no discriminación protegidos por el artículo 26 (del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos)” (Comunicaciones 1008/2001 y 1019/2001).
Cada 19 de junio, el día en que tomó posesión de su democráticamente ilegítimo cargo el señor Felipe Borbón, conmemoraremos el fracaso de la democracia española, hasta el día en que desaparezca esta institución democráticamente aberrante, cuando este poder deje de burlarse de la ciudadanía española.
Atentamente
Guillem Compte Nunes








