Para la investigadora Joy Langston, profesora del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), hay múltiples razones por las cuales el PRI no alcanzará por sí solo la mayoría absoluta; entre ellas, los escándalos de corrupción en la compra de bienes por parte de Enrique Peña Nieto, de su familia y del secretario de Hacienda, Luis Videgaray, que impactaron en la imagen y credibilidad del gobierno priista.
También cita el problema económico: “Si la economía estuviera creciendo 6% anual con inflación baja, los priistas no estarían preocupados o no necesitarían robar elecciones ni dar tarjetas Monex; los votantes apoyarían a todos los candidatos de su partido porque estarían haciendo bien su trabajo, cosa que lamentablemente, tristemente, no pasó con el gobierno de Enrique Peña Nieto”.
La doctora en ciencia política por la Universidad Duke y especialista en temas electorales señala que a los priistas les costará mucho tejer alianzas en la Cámara de Diputados; pero al no tener la mayoría absoluta deberán negociar con todos los partidos para sacar adelante las reformas del presidente Peña Nieto.
Puntualiza: después de haber perdido la Presidencia en las elecciones de 2000 es casi imposible que el PRI vuelva a ser el partido de mayoría absoluta.
Sin embargo, dice que el problema para el PRI es que Peña Nieto no ha mostrado tener un plan o un programa fuerte para su segundo periodo de gobierno, lo que complicará desde ahora el camino tricolor rumbo a las elecciones de 2018.
Para la investigadora del CIDE, ya no es posible que el PRI tenga el predominio, como lo quieren sus líderes, a semejanza de lo que ocurre en India con el Partido del Congreso, o en Japón con el Liberal Demócrata.
Langston investiga la reorganización del PRI y estudia el cambio de los partidos dominantes cuando la competencia electoral aumenta. Sus análisis se centran en saber cómo son elegidos los líderes y los candidatos, y de qué manera los cambios en las reglas, formales e informales, afectan las relaciones ente los grupos del PRI respecto a los distintos estados y entre el liderazgo nacional y el nivel estatal, incluyendo el presidente.
Explica: “Es difícil o casi imposible que un partido en el poder o que tenga el control de la Presidencia pueda tener la dominancia, como el Partido Liberal Demócrata de Japón; o la hegemonía, como el PRI tenía antes en México. Lo importante ahora es que la gente puede tener cierta seguridad de que sus votos son respetados, a pesar de que las leyes electorales no son perfectas”.
Fiasco fiscal e inseguridad
Joy Langston precisa que los éxitos en la arena legislativa, con la aprobación de todas las reformas estructurales en alianza con el PAN y el PRD, salvo la energética y la fiscal, le dieron tranquilidad a Peña Nieto, quien creyó que no tenía de qué preocuparse en las elecciones intermedias de 2015.
“Pero el problema empezó cuando los grandes empresarios rechazaron la reforma fiscal y decidieron no invertir; esa es una de las razones por las que no creció la economía mexicana. Eso, además de las crisis en Estados Unidos y Europa”, explica.
Dice que el segundo problema fue lo que ocurrió en 2014, un año negro para la Presidencia de Peña Nieto con la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y luego en 2015, con los escándalos de las propiedades de su esposa y del secretario Videgaray.
“Lo de Iguala fue horrible, con la supuesta participación del alcalde José Luis Abarca y su esposa. También fue muy triste la respuesta del gobierno federal ante esto, que no es sólo una tragedia sino una monstruosidad.”
Del escándalo de la compra de casas y la concesión para la línea del tren a Querétaro a su amigo y constructor preferido, Juan Armando Hinojosa Cantú, comenta que las cosas fueron de mal en peor: “El presidente se enojó diciendo que no entendía por qué tanto escándalo con la casa de la primera dama si nada es ilegal; tampoco lo que hizo el secretario de Hacienda y la casa que él compró en Ixtapan de la Sal. A ese escándalo se sumó el de la concesión del tren. Fue de mal en peor y no hay excusa”.
La académica indica que este conjunto de crisis ocasionó la caída de la credibilidad en el PRI y el cuestionamiento sobre la honestidad de algunos integrantes del gobierno federal. Además se dieron los casos de denuncias de corrupción y relaciones con el narco atribuidas a algunos gobernadores, las cuales impactaron más en la imagen de todos los gobiernos, sin importar el partido al que pertenecen, en el sentido de que no cumplen y son corruptos.
“Ahí fue cuando se empezó a afectar el proceso electoral de 2015. Las condiciones de tornaron muy difíciles, con muchos focos rojos en Michoacán, Guerrero, Oaxaca, el Estado de México, Chiapas…”.
Otro tema de impacto para el proceso electoral fue el voto de castigo al que convocaron algunas personalidades y que, como en 2009, abrió una discusión en torno a la idea de que había que hacer más visible la protesta contra la actuación de los partidos porque sólo se benefician ellos mismos.
“Otra vez se puso de moda, por lo menos en círculos rojos, este debate de si era mejor anular el voto para protestar contra los partidos y la corrupción o castigar al partido en el poder y votar en contra de los candidatos a diputados federales del PRI”, indica Langston, y explica que el enojo de los ciudadanos partió de que ven con claridad que los partidos negocian sus ganancias entre ellos mismos y no con el votante.
Esta forma de comportamiento de los partidos en México debilitará la democracia política, lo cual es muy peligroso; eso ya se observa en países como Perú, Venezuela y Ecuador, advierte.
Recuerda que los analistas dijeron que había que acudir a la casilla, anular el voto y mandar el mensaje para que los partidos se comporten con seriedad y apego a la ley; pero, aclara, lo peor que un ciudadano puede hacer es no acudir a las casillas a votar.
Refiere que aun en alianza con el Partido Verde, y con el Panal si es que logra mantener su registro, el PRI tendrá que negociar con otros partidos las iniciativas que se presenten en la Cámara de Diputados.
“Si éste es el caso, será una mayoría costosa para el PRI porque tendrá que negociar con más partidos. Esto le serviría para las elecciones de 2018, sobre todo porque hay que ver si Peña Nieto tiene ideas para su segundo periodo de gobierno, pues hasta ahora lo que se ha visto no tiene empuje.”
Langston inquiere: “Hay que preguntar qué quiere hacer el señor presidente en estos tres años que le quedan, porque no se tiene muy claro. Podría hacer algo en materia penal, una reforma en el sistema de justicia, en la parte económica deshacer la reforma fiscal, lo cual veo muy difícil”.
Manifiesta que seguramente Peña Nieto tiene un plan, pero no en seguridad pues hasta ahora no se ve que tenga un programa diferente al de Felipe Calderón.
“No veo exactamente lo que quiere hacer, con o sin mayoría”, insiste.
–¿Qué pasará entonces para esta segunda etapa del gobierno de Peña Nieto?
–Tiene que sacar un gran programa de reforma judicial, de los policías que no funcionan, implementar mejoras económicas; pero el problema es que no se ve claro nada.








