Los sueños del PRI de conseguir la mayoría absoluta por sí mismo se derrumban en los actuales comicios porque esos tiempos ya pasaron, dice el especialista en temas electorales Jorge Alcocer Villanueva.
Director de la revista Voz y voto y exdiputado federal, Alcocer prevé que en la Cámara de Diputados integrada pluralmente el partido del presidente Peña Nieto tendrá que negociar cada reforma y tres presupuestos de egresos, sobre todo con el PAN, si no quiere que un bloque opositor le impida avanzar en sus proyectos.
Entrevistado en vísperas de la elección de este domingo 7, Alcocer señala que, de acuerdo con las encuestas publicadas, el PRI no alcanzará la mayoría absoluta como lo esperaba, ni siquiera con los votos de sus aliados, el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido Nueva Alianza (Panal), con los que tiene alianzas.
Advierte que la eventual victoria de Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, como candidato independiente en Nuevo León, estaría dando paso a nuevas candidaturas de este tipo para las elecciones venideras, mientras que a nivel federal destacaría la caída del PRD, cuya división rompió el proceso de unidad que se venía gestando en la izquierda mexicana desde 1981, con la creación del Partido Socialista Unificado de México (PSUM).
Desde su punto de vista, en esta integración plural de la Cámara de Diputados el PAN será el partido más fuerte después del PRI, y por ello será la principal fuerza política con la que tendrían que negociar los priistas para aprobar las próximas reformas y el presupuesto de egresos en los tres años que le restan al gobierno de Enrique Peña Nieto.
“Esta sociedad ya no entrega mayorías absolutas a nadie, y la pluralidad va a seguir siendo el signo de esta democracia débil, defectuosa, pero que tiene su valor y fortaleza en la pluralidad y en la posibilidad siempre abierta de la alternancia. Ese es el signo del cambio mexicano y conviene valorarlo”, apunta Alcocer, quien ha participado en el proceso de ciudadanización de los órganos electorales que estuvieron en manos del gobierno.
Aunque el exlegislador se muestra optimista sobre la pluralidad que tendrán la Cámara de Diputados y los gobiernos de algunas entidades, dice preocuparle el nivel de abstencionismo, que puede alcanzar una marca histórica de más de 60%:
“Hay que ver cuánta gente va a votar. La cifra de la encuestadora Ana Cristina Covarrubias de marzo pasado es que será sólo el 38%. Si esta es la participación, o incluso se da por debajo de 40%, será la más baja desde 1991.”
También deben tomarse en cuenta factores como los votos nulos y el boicot de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE):
“Si sumamos a esta situación el llamado al voto nulo o al boicot electoral, sin confundir lo que propone Javier Sicilia con lo que está haciendo la CNTE o los grupos vandálicos en varios estados, estamos frente al mayor foco rojo de la elección”, indica.
“Dicen que como es una elección intermedia hay menos participación –observa–, pero hay que tomar en cuenta que tenemos, además de una elección federal, otras en 16 estados, nueve de las cuales son de gobernador y en ellas se espera una participación del 50%, lo cual ayudaría a compensar en dichos estados. Pero en el promedio nacional, si estamos abajo del 40% va a ser una señal preocupante de hartazgo, indiferencia y rechazo ciudadano.”
Alcocer Villanueva es economista. Fue integrante de la Comisión Federal Electoral (1986-1991), el órgano responsable de la organización y calificación de las elecciones hasta la fundación del Instituto Federal Electoral (IFE), y ha sido miembro de los principales partidos de izquierda desde los años ochenta hasta que renunció al PRD, en 1990. Fue uno de los principales actores en las reformas electorales de 1994 y contribuyó a la de 1996.
La repartición del pastel
Alcocer prevé dos escenarios en la Cámara de Diputados: que el PRI, con el PVEM y el Panal, alcance la mayoría absoluta y así se reproduzca la actual situación, donde la alianza oficialista cuenta con 251 votos; o bien que incluso con la suma de votos aliados el PRI no obtenga esa mayoría y se conforme un congreso pluripartidista, como había sucedido desde 1997.
“Lo que es claro es que ningún partido va a tener mayoría absoluta por sí mismo. El PRI tendrá más curules, seguido por el PAN y por el PRD, aunque éste muy disminuido porque se dividieron, y Andrés Manuel López Obrador fundó su propio partido, Morena, que está disputando ser la cuarta fuerza electoral, incluso por arriba del PVEM”, señala.
Alcocer no descarta que, con miras a las elecciones presidenciales de 2018, en la próxima legislatura el PAN y el PRD establezcan alianzas para que el PRI no los arrase.
Otra novedad de esta elección es, para el especialista, la posibilidad de que algunos partidos no conserven su registro, como el Humanista, Encuentro Social, Movimiento Ciudadano, el Partido del Trabajo y el Panal.
Los cinco partidos restantes están seguros de pasar la prueba, y estarán en las elecciones de 2018 a menos que haya una reforma electoral y lo impida, lo cual nunca hay que descartar, advierte Alcocer.
–¿Qué implicaciones tendría eso para el segundo periodo del presidente Peña Nieto? –se le plantea.
–Creo que el impacto mayor será en la Cámara de Diputados porque las reformas que le importaban al presidente Peña Nieto y a su gobierno ya se hicieron, con todos los bemoles que les queramos poner y con todas las interrogantes de qué efecto tendrán. Estas reformas se hicieron gracias al Pacto por México.
“Donde creo que estará la debilidad del presidente, si no tiene la mayoría con sus aliados, será en el presupuesto de egresos. Esta legislatura aprobará los tres presupuestos que restan de su gobierno y, si no alcanza la mayoría, se abre la posibilidad de que se forme un bloque opositor entre PAN, PRD y Morena que le condicionarán la elaboración y aprobación de los presupuestos en un momento en el que las finanzas públicas son particularmente vulnerables. Ese es el mayor riesgo”.
Tampoco cree que Peña Nieto enfrente problemas de convivencia con gobernadores de distintos partidos, como podrían ser los de Baja California Sur, Querétaro y San Luis Potosí, donde se perfilan triunfos panistas, o en Michoacán y Guerrero, donde le ve posibilidades de victoria al PRD.
“Sin duda, donde está el problema fuerte para el gobierno es en la Cámara de Diputados. Ahí se dará la nueva correlación de fuerzas políticas y ahí empieza la carrera presidencial rumbo a 2018. Toda legislatura de fin de sexenio es de amarres políticos y esta no será la excepción; de ella saldrá buena parte de quienes veremos compitiendo en 2018”, explica.
–¿Entonces se ha desvanecido esta idea de Peña Nieto de que podría tener una Cámara de Diputados controlada para aprobar todas sus iniciativas?
–Sí. Al principio fue gracias al Pacto por México que se aprobaron las reformas, pero eso se acabó. No significa que no vaya a haber otros pactos. El PAN, sobre todo, sabe que una oposición extrema no es bien vista por un segmento grande del electorado. Así que si el PAN y PRI tienen mayoría calificada, el gran interlocutor del gobierno serán los panistas y veremos que habrá acuerdos hasta antes de 2018.
–¿El PRI muestra debilidad al no alcanzar la mayoría absoluta?
–Sí, y eso hay que valorarlo. Quienes dicen que estamos en la restauración del partido hegemónico están muy equivocados. El PRI, si bien le va, podrá conseguir el 34% de la votación y hay que recordar que en 2012 Peña Nieto ganó con 36%.
“Por eso digo que esta sociedad ya no entrega mayorías absolutas a nadie y la pluralidad va a seguir siendo el signo de esta democracia, defectuosa pero que tiene su valor y fortaleza en la pluralidad y en la posibilidad siempre abierta de la alternancia. El PRI será el partido más votado, no hay duda, pero está lejos de los tiempos del partido hegemónico.”
–¿Cree que el PRI se confió en esta elección?
–No, creo que al contrario: metió toda la carne al asador porque está consciente de que su tope de votos ya no le da para regresar al carro completo. Los vi preocupados por remontar la mayoría.
–Lo decía en el sentido de que el PRI hubiera pensado que Peña Nieto sería un gancho para ganar más votos.
–Creían que las reformas, en particular la energética, darían resultados pronto. Pero con la caída de los precios del petróleo y la complicación en el mercado internacional, esas expectativas se quedaron cortas o fueron de menor rango de lo esperado. Entonces tenemos una economía deprimida, que no genera empleo, aunada a la violencia e inseguridad. Esa combinación no estaba en la expectativa del PRI y del gobierno de Peña Nieto.
La izquierda, también débil
Alcocer Villanueva fue militante y legislador de izquierda hace tres décadas. Después participó en el proceso de ciudadanización de los órganos electorales, y en el sexenio de Ernesto Zedillo fue subsecretario de Desarrollo Político de la Secretaría de Gobernación. Es fundador del partido Fuerza Ciudadana y director de la revista Voz y Voto, especializada en temas electorales.
Al PRD lo ve debilitado rumbo a la elección presidencial de 2018 y dice que sus posibilidades dependerán de los resultados que tenga en Michoacán, Guerrero y el Distrito Federal, “la joya de la corona perredista” que está a punto de perder, pues los datos apuntan a que por primera vez desde 1997 los perredistas no tendrían la mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa y perdería el mayor número de delegaciones ante Morena.
Conocedor de la historia de la izquierda mexicana, Alcocer señala que la división es lo que más la ha dañado. Y con la salida de López Obrador, el PRD podría estar en su etapa más difícil.
“Con esta división, la izquierda ha retrocedido. Se ha roto el proceso de unidad que arranca en 1981, cuando el Partido Comunista Mexicano decide fusionarse con otros partidos y crear el Partido Socialista Unificado de México (PSUM), que luego daría lugar al Partido Mexicano Socialista (PMS) y más tarde al PRD. Esta larga trayectoria unitaria se rompió y eso debilita a la izquierda”, indica.
En cuanto a las instituciones, Alcocer advierte que el Instituto Nacional Electoral (INE) necesariamente sufrirá nuevos cambios porque ha sido rebasado por las circunstancias y no ha conseguido controlar aspectos fundamentales, como la fiscalización de los gastos de campaña.
“Hay elementos que tienen que ajustarse, como la legislación de los candidatos independientes: les pusieron muchos requisitos y luego los regularon mal en los gastos de campaña, tanto en la ley general como en las leyes de los estados. La fiscalización está en riesgo. Yo espero que se cumpla, pero ¿cómo van a hacer para fiscalizar desde el DF a los candidatos de todos los municipios? Se va a venir un alud de demandas de anulación por rebase de topes de gastos de campaña. Está mal el diseño.”
En cuanto a las denuncias de que los partidos se apoderaron de los consejos electorales estatales, dice que lo más grave es que deben realizar reformas la ley electoral sobre la marcha, porque para el año que entra habrá elecciones en 13 estados (en 12 para gobernador) y elecciones de gobernador en el Estado de México, Coahuila y Nayarit.
“La próxima legislatura habrá de empezar con la discusión de una nueva reforma electoral que regule las próximas elecciones. Eso es previsible porque las reformas del 2014 no funcionaron: hicieron un mazacote que debilitó a las instituciones electorales de los estados al supeditarlas al INE. Además tenemos que el tribunal electoral se brinca las trancas de la ley convirtiéndose en legisladores”.
No obstante, el entrevistado advierte que si la reforma electoral se hace conforme a los resultados de esta elección se cometerán nuevos errores, pues se basarían en una evaluación de corto plazo.
Participante en la elaboración de los códigos de procedimientos electorales, Alcocer manifiesta que la reforma deberá cambiar profundamente el esquema del uso de los tiempos oficiales en el proceso electoral, así como mantener la prohibición absoluta de que partidos políticos y candidatos compren tiempo en radio y televisión.
De igual forma, añade, debe legislarse con claridad el uso de recursos para los candidatos independientes, cuidar la fiscalización y retirar el modelo de espotización, porque los partidos creyeron que era la mejor forma de usar su tiempo, pero, dice, ha sido la peor.








