“Inteligente”, “negro” o “soez”. Así se dividen las opiniones en torno al humor desplegado por la revista española Mongolia. En lo que todos están de acuerdo es en su carácter irreverente, sarcástico y ácido, y en que se ha convertido en el “instrumento de venganza” de los desposeídos de España contra quienes los hunden cada vez más en la miseria. Ante un panorama mediático sometido a los intereses empresariales y políticos, la publicación destaca por su divisa: faltarle el respeto al poder.
Madrid.- Darío Adanti, uno de los humoristas de la revista Mongolia, la define como “hija de Charlie Hebdó”, la publicación francesa que en enero sufrió un atentado yihadista. Gonzalo Boyé, “editor irresponsable”, la identifica también con otras publicaciones satíricas de larga tradición, como la argentina Barcelona, la chilena The Clinic –que mezcla humor con buen periodismo–, la francesa The Canard Enchainé o las españolas Hermano Lobo y El Papus, éstas de finales de la dictadura franquista y el inicio de la transición.
Unos califican el humor de Mongolia de “inteligente”, otros de “negro” y unos más de “soez”. Lo cierto es que en sus tres años, cumplidos en marzo, se convirtió en una suerte de “instrumento de venganza” de los españoles más golpeados por la crisis, que ríen con el ingenio y la ácida crítica al poder que encuentran en sus páginas.
Es la delicia de sus lectores: trabajadores en paro, indignados con las instituciones, manifestantes, opositores al gobierno, desahuciados por la banca o aquellos cuyo sueldo apenas les da para llegar a fin de mes. Y también muchos de los que ejercieron su voto el domingo 24 para impulsar a las candidaturas y fuerzas políticas emergentes que ofrecieron combatir la corrupción de las cúpulas y los acuerdos que benefician sólo al gran capital.
Y ni Pablo Iglesias, el dirigente de Podemos, partido que concentra buena parte de esa propuesta de cambio, se salva de los trazos de los humoristas de Mongolia. Sin embargo, la publicación mensual es el azote y el dolor de cabeza de los representantes más tradicionales de la clase política, empresarial y de ese poder financiero de los grandes despachos de Madrid.
Lo que ni unos ni otros pueden negar es que Mongolia retrata de la manera más irreverente y divertida la España de fin del ciclo de la transición. La “España que se hunde. Cada día menos ‘standard’ y más ‘poor’”, como plantean en su decálogo.
Con su tono “seriamente desenfadado”, como se autodefinen, dicen cosas que otros medios no se atreven: España tiene una salida (Barajas), decía la portada del número 1, en marzo de 2012.
Fue la tarjeta de presentación de este tabloide con tiraje de 40 mil ejemplares, que se refería a la expulsión (vía el aeropuerto madrileño de Barajas) de miles de jóvenes y adultos ante la falta de oportunidades en su país y se mofaban de los discursos gubernamentales que repiten que España está en la senda de la recuperación.
Gonzalo Boyé dice que Mongolia “muestra esa realidad de una forma muy cruda; partimos hace tres años diciendo: ‘España tiene una salida (Barajas)’, y hoy nadie duda de la fuga de talentos que la crisis ha generado. También hace ya dos años dijimos ‘Rajoy ha muerto’ y a poca gente le cabe duda sobre su estado de salud política. Hemos dicho cosas que parecían muy fuertes pero que se han cumplido todas”.
Ante el rescate europeo al sistema financiero español, el titular de portada de junio de 2012 fue: Llega el corralito. La Bancagamos.
Boyé, abogado chileno radicado en Madrid, rechaza que en España se pueda hablar de “prensa seria”, pero no tiene duda de que “los más serios somos nosotros, porque no trabajamos para intereses desconocidos u ocultos, eso es ser serio, lo otro es parecerlo”.
“Hacemos humor inteligente, cosa que desconcierta a quienes nos gobiernan y que no están acostumbrados ni a este ni a ningún tipo de humor, aun cuando llevan años riéndose de todos los ciudadanos”.
Pere Rusiñol, el responsable de la sección Reality News, dedicada a la información dura, dice que el éxito de la revista fue la recuperación de la sátira “en la crisis de esta etapa de final de la España de la transición”.
“En este escenario, nuestra intención es clara: Queremos faltarle al respeto explícitamente al poder, tanto en el registro de la sátira como en el de la información dura. El propósito es pegarle un puñetazo porque el poder está acostumbrado a faltarnos al respeto, pero nadie le falta al respeto al poder. No lo hace ni el periodismo crítico que quiere ser tan excepcionalmente pulcro para que no le digan que no es periodismo, pero que nunca le falta el respeto.
“¿Por qué conectamos con la gente? Vi una pancarta en una manifestación reciente que decía: ‘Se nos mean encima y la prensa dice que llueve’. Nosotros somos ese medio que dice abiertamente que el poder se mea encima a todos y por eso conectamos, porque la gente está cansada de que la prensa sólo vea llover.”
Redactor de la revista especializada Alternativas Económicas y uno de los seis integrantes de Mongolia, Rusiñol dice que “el poder se blindó” y aprovechó para apropiarse de los medios tradicionales que están en quiebra, lo que hace “casi imposible faltarle el respeto al poder”.
Una muestra de lo que califica como “ese blindaje del régimen en descomposición”, se vio con “el cambio de tres directores de los principales diarios de España (El País, El Mundo y La Vanguardia) por las presiones de La Moncloa y La Zarzuela, con el beneplácito del poder financiero.
“Por lo tanto el margen de maniobra para el periodismo tradicional es cero, lo que coloca a Mongolia en un escenario ideal, porque no tenemos ningún compromiso ni dependemos de un propietario ni de la publicidad oficial, que es el elemento que tendrían para frenarnos.”
Cada nueva edición de Mongolia provoca reacciones, como si sus detractores la revisaran con lupa, aunque hasta ahora no han ajustado cuentas mediante querellas. La razón es que Boyé no sólo fue responsable de elaborar el plan de negocios de la revista, también lleva la gestión como “editor irresponsable” y revisa todos los contenidos con “ojo crítico” y “con ojos de abogado”.
“No ha habido demandas, pero sí amagos de ellas. Nosotros trabajamos en la legalidad, aun cuando a muchos les molesten nuestros contenidos. De hecho ni nos invitaron a la coronación de Felipe VI ni a la celebración de la Constitución, actos a los que invitan a los directores de medios. Seguro se les olvidó”, dice socarrón.
Reconoce que las ediciones que dedican a la Casa Real o a la religión son las que más reacción provocan. “La pasada Semana Santa sacamos una portada (Viva Cristo gay, pone en la portada bajo un Cristo cerrando un ojo y con el sagrado corazón con el arcoíris multicolor del emblema de los homosexuales) que generó mucho debate entre aquellos que dicen tener unas creencias pero que, en realidad, tampoco se las creen tanto, porque no hay nada más cristiano que pensar que Cristo habría apoyado a los gays y las lesbianas; seguro que lo habría hecho aun cuando muchos de sus fieles se escandalizaran”.
En su especial de Semana Santa de 2014, la portada de Mongolia era un Cristo portando un cinturón con explosivos y dos detonadores en las manos, con el título: ¡Empieza la Yihad!. Hubo reacciones.
También hicieron otra portada donde aparecen un ministro católico, un musulmán y un rabino, con el título: No a las drogas. Y otra, de abril de 2013, pidiendo la dimisión del nuevo Papa: ¡Bergoglio, dimisión!, con un cartón del pontífice armado con fusiles y granadas advirtiendo: ¡De aquí no me mueve ni Dios!.
Cliente frecuente
El Rey podría violarte fue la portada de mayo de 2012, cuando el monarca Juan Carlos de Borbón enfrentaba su peor momento por la serie de escándalos tras su viaje de cacería a Botsuana, su amorío extramatrimonial y los presuntos casos de corrupción de su hija Cristina y su yerno Iñaki Urdangarín.
Aunque la publicación ironizaba en su precio (“en Botswana 30 mil euros”) y llevaba el irreverente titular de portada antes citado, en el fondo es una crítica al artículo 56.3 de la Constitución española, que declara inimputable al monarca.
Aparte de ese supuesto delito, añadía: “También podría robarle un bolso a una vieja, mearse en la calle, robar un libro en el Corte Inglés, presidir el Instituto Nóos, bajarse música de Megaupload, montar un Megaupload…”. Es decir, ninguna demanda procedería contra él por cualquier actividad delictiva.
En interiores esa edición tiene una fotografía trucada del rey con traje de gala pero desnudo de cintura para abajo, con el titular: El rey pasará de todo y dará su mensaje navideño en pelotas, y a un lado enumera una larga lista de delitos que podría cometer sin ser imputado: “Jurar los principios del Movimiento Nacional (franquista), primero, y la Constitución, después, sin que su integridad se ponga en entredicho”. Otro más: “Tirarse un pedo en un ascensor repleto de gente y que le rían la gracia”.
Esta edición es la antítesis a la extrema solemnidad con que la prensa española solía tratar a Juan Carlos I durante su reinado, comportamiento que ahora se repite con su hijo, Felipe VI.
Por eso Juan Carlos fue un “personaje frecuente” en las ediciones de Mongolia. Ahora también lo es su hijo: la revista lo recibió en su proclamación como nuevo monarca, en junio de 2014, con una variante de la portada antes referida: Ahora todos somos Letizia. Felipe podría violarte.
Un mes después Felipe VI repitió en portada con otro fotomontaje en el que el nuevo rey de España camina con el dictador Francisco Franco, ambos desnudos por la playa. “Las vacaciones junto al hombre al que él y su padre todo se lo deben”. Y añade: “Felipe y su abuelo se van de vacaciones”.
“Yo me quedo con Felipe VI como personaje más abordado por los trazos o los fotomontajes de Mongolia (elaborados por Darío Adanti, Eduardo Galán, Eduardo Bravo o Fernando Carvallo, Rapa), aunque a los otros personajes (Rajoy, Aznar, Felipe González…) los tenemos en nuestros pensamientos”, aclara Boyé, quien recuerda la portada sobre el supuesto regreso de Aznar a la política española emulando al guardia civil Antonio Tejero, el frustrado golpista del 23 de febrero de 1981.
Las dos portadas del rey citadas, dice Pere Rusiñol, son de mis favoritas, porque aluden a una irregularidad democrática: España es el único país que tiene un monarca inviolable, blindado ante cualquier delito.
Aunque su predilecta es la portada que simula la primera página de El País con la falsa fotografía de Hugo Chávez entubado, la que publicó el diario del Grupo Prisa el 24 enero 2013, cuando el presidente venezolano estaba grave.
Pero el titular en la “edición mongola” apunta: La última foto del Rey, y el pie de foto bajo la imagen difundida por El País anuncia: “King África en el papel del rey Juan Carlos I en el telefilm ‘ascenso y caída de un Borbón’”.
“Esta portada la hicimos cuando Juan Carlos I estaba enfermo y lo tenían que operar, en medio de sus escándalos. Pusimos la falsa fotografía de Chávez que publicó El País en una burla abierta al rey, al diario de Prisa por su polémica equivocación, pero también al racismo de los medios españoles.
“Te puedo asegurar que si El País hubiera tenido una fotografía del rey Juan Carlos entubado, sencillamente no la publicarían; pero como Chávez era latinoamericano, era ‘el gorila’, el cuasi-dictador, pues la publicaron pese a ser falsa, informativamente no aportaba nada y Chávez no ocultó su enfermedad, incluso reconoció la gravedad de la misma”, explica.
Ahora, ante la proximidad del primer aniversario de la proclamación de Felipe VI, Mongolia prepara el libro Borbonia, que incluirá lo mejor del material ya publicado sobre el monarca y piezas nuevas. “Le quisimos tener listo nuestro propio regalo a Felipe VI con este material. Borbonia incluirá los nombres de nuestros 389 mecenas que participaron en un crowfounding para financiar su publicación, para que el rey pueda saber quiénes son los súbditos que lo quieren”, dice bromista.
No son los únicos miembros de la Casa Real que pasaron por las páginas de esta publicación. Tres de ellas fueron dedicadas a la infanta Cristina, hermana del actual monarca, por sus presuntos delitos del caso Nóos.
En mayo de 2013, en los kioscos apareció la portada con la cara de la infanta y un llamativo juego de palabras donde resaltaba con grandes letras: Hija de Puta. Sin embargo, ya observando con detalle el titular completo, debido a que algunas letras eran casi imperceptibles, decía: Hija de los reyes de España imputada, siendo esta última palabra desplegada en contraportada, portada y página dos.
En su edición de febrero de 2014, la publicación se convirtió en Mong-Hola, parodiando a la revista de la alta sociedad, Hola, donde aparece Cristina tras los barrotes de prisión, con brazos tatuados y enfundada en una camiseta con los colores de la República, la antítesis de la monarquía. Y el titular dice: Infanta Cristina. Nos muestra la intimidad de su celda. “Lo mejor es que aquí no tengo que cuidar de los niños”, dice en una falsa declaración.
Y en diciembre pasado imitan la portada de Interviú, con una imagen trucada de la infanta desnuda con gorro de Santa Claus y el cuerpo tatuado (España es mía… y Suiza también) “Fotos exclusivas y picantonas. La infanta Cris de Bombón”.








