A través de películas rescatadas por el documentalista Luis Lupone, la 57 entrega del Ariel este miércoles 27 en el Palacio de Bellas Artes verá a los célebres periodistas y escritores fallecidos Vicente Leñero, José Emilio Pacheco y Gabriel García Márquez exponer su punto de vista sobre el cine.
Adriana Castillo, secretaria técnica de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, narra que Lupone efectuó una investigación iconográfica en la Cineteca Nacional, la Filmoteca de la UNAM y el Instituto Mexicano de Cinematografía, donde dichos autores hablaron de lo que el séptimo arte significó para ellos, ya que se convirtieron en referentes esenciales de la cinematografía del país, por sus guiones:
“Son tres joyas en imagen y se verá a cada uno por separado. Sabemos que el Premio Nobel de Literatura de 1982 estudió cine en Italia y habla de lo que para él era este arte para la pantalla grande. El fundador de Proceso y autor de Los periodistas dio muchos talleres de escritura cinematográfica y conversa sobre la importancia de la historia. Y el creador de la columna Inventario (que publicó para este semanario) reflexiona sobre esta industria nacional.”
Cree que la mejor forma de brindarles un homenaje es escuchándolos y volviéndolos a ver a través de la imagen, lo cual es un giño también con el tema de la ceremonia del Ariel, que es Memoria y preservación del cine mexicano. Y adelanta que en el programa de mano de la ceremonia se publican tres textos de estos creadores. Aquí se presentan unos fragmentos en exclusiva.
Jorge Sánchez, productor y actual director de IMCINE, escribe de García Márquez (1927-2014):
“Me ataca una supuesta necesidad de interpretar a Gabo, lo cual parece tener sentido pues él ya no está con nosotros físicamente y no es posible conversar y escuchar sus opiniones o pareceres. Por supuesto que no voy a interpretarlo, él también era un nudo de contradicciones, y entre sus certezas, una compartida: el cine, el cine y el cine. ¿Amor, pasión? Más bien, o apenas, esa ‘incertidumbre’ del CINE (así con mayúsculas).”
El autor de Cien años de soledad como guionista hizo El gallo de oro (1964) junto con Carlos Fuentes y Roberto Gavaldón; Tiempo de morir (1966), la primera película de Arturo Ripstein, escrito también con Fuentes; Presagio (1974), de Luis Alcoriza, con quien compartió el Ariel a Mejor Argumento Original y Mejor Guión Cinematográfico, y El año de la peste (1979), dirigida por Felipe Cazals, que le valió otro Ariel a Mejor Guión Cinematográfico.
El realizador Jorge Fons documenta de Leñero (1933-2014):
“La manera libre y natural con que enfrenta el proceso de creación y la obra, la originalidad de las estructuras que sostienen su relato, la riqueza de recursos para colmar de expresividad y vigor la escena y la secuencia, la verosimilitud que imprime al drama y a los personajes, y la brillantez y exactitud de sus diálogos, hacen de Leñero uno de los más grandes guionistas de cine de nuestro tiempo.”
El narrador Rafael Pérez Gay relata en torno a Pacheco (1939-2014):
“En José Emilio Pacheco se cumplieron todos los sueños de un hombre de letras: la poesía, la narrativa, la historia cultural, el periodismo. Cualquier escritor del mundo y de cualquier tiempo habría pactado con el diablo a cambio de este talento capaz de ejercer con fortuna diversos géneros.”
Discípulos de Leñero
Fernando León, quien acudió al taller que Leñero abrió en la Casa del Teatro en Coyoacán, destaca desde Madrid, España. que “al maestro, como guionista, lo define su propia obra: El callejón de los milagros, Cadena perpetua, El crimen del padre Amaro, entre otras. Hay colegas que tienen en su haber 15 películas filmadas y ninguna se aproxima a la calidad de El callejón…, por ejemplo, o Cadena Perpetua. Esas películas pasan la prueba del tiempo, no han envejecido”.
León trabajó en tres guiones con Leñero: La ley de Herodes (con Luis Estrada y Jaime Sampietro); El atentado (coautoría con Jorge Fons) y Sombras de aquellos años (adaptación de una novela de Enrique Fernández Castelló).
“Sombras de aquellos años no se ha filmado por dos motivos: un poco por problemas de producción, otro poco porque no he terminado la parte que me tocaba hacer, es uno de los pendientes que debo resolver y que me pidió terminar. Afortunadamente, tengo las notas del teacher.”
Por su parte, la cineasta puertorriqueña Marisol Gómez, quien se encuentra en la posproducción de su ópera prima Angélica, desde su país cuenta cómo Leñero la asesoró en este proyecto:
“Conocí al escritor Vicente Leñero en 2007, en el Festival de Cine de Guadalajara, donde participé con mi corto Lazos. Allí le rindieron un homenaje. Le dieron el Mayahuel de Plata. Me le acerqué y le comenté que tenía un guión y que me gustaría que el fuera mi asesor. Me escuchó pacientemente y sin muchas palabras me dijo que le trajera el guión. Se lo di, él lo recibió y parco sólo me dijo: ‘Te aviso’.
“Días más tarde, aún en Guadalajara, me comentaron que Leñero me buscaba porque había extraviado el guión. Procedí a imprimir otra versión para entregárselo. Esta vez su recepción fue más cálida y estaba muy preocupado por el suceso, al cual yo no le di importancia.”
La realizadora recuerda que pasaron varios meses. Le habló por teléfono al también dramaturgo:
“No era una persona de muchas palabras, iba al grano. En esa llamada me da lo que para mí en ese momento me pareció una lista interminable de ‘problemas’. No decía qué hacer, se limitaba a observar dónde estaban las dificultades con el guión. Me comentó que tenía un problema de estructura y con el desarrollo del personaje principal. Casi entro en depresión. De él aprendí que al sólo señalar cuáles eran los problemas, me forzaba a mí como guionista a buscar mi ruta en cómo corregirlos.”
Las nuevas versiones se las envió “por correo normal”, pues Leñero no usaba internet, “y pasamos por el mismo proceso tres veces, me apoyó cuando casi nadie creía en el proyecto”, finaliza.
Leñero escribió 18 guiones de largometrajes y llegó a colaborar con renombrados directores, como Arturo Ripstein, Jorge Fons y Alberto Isaac.
JEP para la historia
José Emilio Pacheco se acercó a la industria cinematográfica a través de Arturo Ripstein con El castillo de la pureza (1973).
Pacheco cedió los derechos de Las batallas en el desierto para llevarla a la pantalla grande con el título de Mariana, Mariana, adaptada por José Estrada y Vicente Leñero.
Tras el fallecimiento de Estrada, el proyecto quedó en manos de Alberto Isaac. El filme ganó nueve Arieles.
La periodista y escritora Cristina Pacheco, viuda del autor, relata que éste no siguió creando más guiones “porque le gustaba escribir solo y además tenía muchos proyectos en el terreno de la poesía, el cuento y la novela”.
–¿Cómo es que se interesó por hacer guiones de cine?
–No me acuerdo con exactitud, pero creo que fue Arturo Ripstein quien lo invitó. Manuel Michel fue el primero que se interesó en filmar un cuento de él, si no estoy mal.
La también conductora de televisión acudirá al acto en Bellas Artes.








