El pasado lunes 11, Michelle Bachelet hizo significativos cambios en su gabinete: se deshizo de algunos de sus principales colaboradores de izquierda y colocó en su lugar a personajes identificados con los sectores más conservadores. Con esta medida pretende calmar las aguas de una crisis que ha exacerbado los ánimos en Chile, luego de varios escándalos de corrupción de las élites política y empresarial. La mandataria –salida de las filas del mismo partido que llevó a Salvador Allende a la Presidencia– dio el bandazo.
Valparaíso, Chile.- Michelle Bachelet decidió dar un giro a la derecha para salir de la crisis que sacude al país, detonada por escándalos de corrupción que implican a buena parte de las élites política y empresarial.
El jueves 21, en su cuenta pública a la nación (informe de gobierno), ante el pleno del Congreso Nacional en esta ciudad, insinuó que será este órgano –muy desacreditado ante la opinión pública– y no una asamblea constituyente –como exigen fuerzas sociales y políticas– el espacio para redactar la nueva Constitución política, que reemplazará a “la de Pinochet”, de 1980.
“Llevaremos a cabo un proceso constituyente que garantice un equilibrio adecuado entre una participación ciudadana realmente incidente y un momento institucional legítimo y confiable”, sostuvo la jefa de Estado.
La Cuenta Pública se dio en medio de un grave malestar social. El jueves 14 dos estudiantes fueron asesinados en Valparaíso por un joven de inclinaciones fascistas, mientras se retiraban pacíficamente de una de las gigantescas manifestaciones estudiantiles que hubo en todo el país.
El jueves 21, en las afueras del Congreso hubo otra gran protesta en la cual participaron diversos movimientos sociales y políticos, que fue duramente reprimida por los carabineros, con saldo de al menos 20 manifestantes heridos, uno de ellos grave.
Sin embargo, la certeza del viraje político se instaló con el cambio de gabinete, concretado el lunes 11. Bachelet puso en los puestos principales a políticos ligados a los sectores más conservadores de la oficialista Nueva Mayoría, coalición de siete partidos de centroizquierda que la llevó, por segunda vez, a la presidencia.
Además Bachelet sacó a tres ministros del comité político, los más cercanos a ella y quienes más expresaban el espíritu reformador que animó a su actual administración.
Son el ministro de Interior, Rodrigo Peñailillo (del Partido por la Democracia, PPD), considerado su “hijo político”; del vocero de Gobierno, Álvaro Elizalde; y del ministro de Hacienda, Alberto Arenas, ambos del Partido Socialista. Todos formaban parte de su comando de campaña y su salida fue vista como el abandono de los principios “bacheletistas”.
En visita, el lunes 18, a la Comisión de Trabajo de la Cámara de Diputados que discutía la reforma laboral, el nuevo ministro de Hacienda, el economista Rodrigo Valdés, expuso su rechazo a aplicar la negociación colectiva por rama de actividad así como su oposición a indexar como piso mínimo de una negociación el Índice de Precios al Consumidor. Estas son las dos principales demandas de las organizaciones de trabajadores en materia de reforma laboral, otra de las promesas con las cuales Bachelet volvió al poder.
Los empresarios celebraron la decisión de Valdés. “Son declaraciones importantes que nosotros valoramos”, declaró al diario La Tercera el presidente de la patronal Confederación de la Producción y el Comercio, Alberto Salas.
Valdés venía de ser presidente ejecutivo del Banco del Estado de Chile. Previamente fue subdirector para Las Américas del Fondo Monetario Internacional y economista jefe para América Latina de Barclays Capital.
El nuevo titular de Interior, el abogado democristiano Jorge Burgos, también hizo guiños a la derecha en sus primeras gestiones. “No me gustan las retroexcavadoras, porque andan para atrás y creo que este país necesita ir para adelante”, señaló al noticiario Teletrece la tarde del lunes 11 al visitar sorpresivamente el Consejo Nacional de la Democracia Cristiana (DC).
Esto, en relación con una muy conocida frase del senador y presidente del PPD, Jaime Quintana, quien el 25 de marzo de 2014, en medio de un debate parlamentario, aseguró que la “nueva mayoría usará la retroexcavadora para cambiar de plano los cimientos del actual modelo económico neoliberal”.
A principios de los noventa Burgos –quien dejó la cartera de Defensa para asumir la del Interior– fue vicepresidente del Consejo Coordinador de Seguridad Pública –conocido como “La Oficina”–, organismo que se dedicó a combatir grupos guerrilleros que no se disolvieron tras el fin de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).
Empresarios favorecidos
El reemplazo de ministros se dio en un contexto de fuerte presión mediática de la derecha que busca poner fin a las moderadas transformaciones políticas y económicas contenidas en el programa de Bachelet.
El jueves 7 el Centro de Estudio Públicos (CEP) –financiado por los grandes grupos económicos– difundió su encuesta trimestral. Allí se informó que 64% de los chilenos piensa que las reformas “no serán eficaces para alcanzar los objetivos comprometidos”. En dicho estudio la desaprobación de la mandataria alcanza 56% –13 puntos más que en febrero– y la aprobación sólo 29%.
Patricio Navia, politólogo afín al establishment, en la columna “El giro al centro que puede salvar su Presidencia” –el lunes 11–, afirmó que el cambio en el gobierno “fue más celebrado por la derecha, el centro y el empresariado que por la izquierda, los partidarios de la retroexcavadora y los refundacionales”.
Fue más allá: “Este repliegue de los ímpetus refundacionales que se anuncia con estos nombramientos pudiera terminar siendo un golpe de timón salvador para este gobierno que hasta ayer aparecía encaminado hacia el barranco”.
Bachelet había intentado superar la crisis de otros modos. Ninguno resultó. El 28 de abril, en cadena nacional de radio y televisión, anunció que impulsaría “un proceso constituyente” –cuyas características no precisó– además de una serie de medidas contra la corrupción y el tráfico de influencias, que le fueron sugeridas por la Comisión Engel, creada por ella 45 días antes. Sin embargo, nuevos y viejos escándalos de corrupción y la citada encuesta del CEP la mantuvieron contra las cuerdas.
En entrevista con Proceso el analista político y coordinador editorial de Radio Villa Francia, Antonio Canales, expresa: “Claramente hay un giro hacia la derecha, eso es evidente”. Relaciona esto con el acuerdo político que siete partidos de la Nueva Mayoría y de la opositora Alianza por Chile –desde el Partido Comunista hasta la filopinochetista Unión Demócrata Independiente (UDI)– firmaron el pasado 16 de abril.
El acuerdo tuvo por objeto dar como clase política una respuesta conjunta a la crisis y respaldar la institución presidencial. Canales subraya que los siete partidos firmantes, incluida la UDI y la también derechista Renovación Nacional, “respaldaron este cambio de gabinete”.
El comunicador subraya que el día de los cambios ministeriales “la Bolsa de Comercio de Santiago registró un alza de dos puntos, el más alto de los dos últimos años”.
El giro conservador del gobierno se manifiesta en una serie de medidas que se han tomado las últimas semanas. El lunes 18 el gobierno nombró director subrogante del Servicio de Impuestos Internos, al abogado vinculado a la UDI Alberto Rojas Barranti, quien en 2011 fue actor clave de la condonación impositivo por 112 millones de dólares a la empresa Johnson.
Canales dice que en Chile se instaló un discurso manejado desde los medios en el cual se sostiene que la molestia con las reformas es porque son muy rápidas y responden a la lógica de la retroexcavadora. “Eso es una mentira”, asegura. “La gente está descontenta y se está movilizando porque las reformas benefician a los mismos de siempre.
“Creo que la agenda de Bachelet va a depender mucho de la calle, de las encuestas. Este gobierno ya no tiene diseño político. Va a improvisar de acuerdo a lo que vaya ocurriendo. Si la calle presiona mucho, va a empezar a ceder en algunos puntos. Y si no presiona, va mantener lo que ha hecho. Por esa la mayoría de las organizaciones, incluso las más tibias, han llamado a movilizarse, a movilizarse y a movilizarse. Se viene un tiempo de mucha efervescencia, ya lo estamos viendo”, dice.
El coordinador de Radio Villa Francia –medio influyente en redes sociales– estima que “los grandes ganadores del cambio de gabinete fueron la DC y Enrique Correa”.
El licenciado en filosofía Enrique Correa fue vocero de gobierno del presidente Patricio Aylwin (1990-94). Jugó un rol clave en la transición a la democracia, en la cual mantuvo una cordial comunicación con Pinochet, entonces comandante en jefe del ejército. Junto al entonces ministro titular de la Secretaría General de la Presidencia (Segpres), Edgardo Boeninger y Aylwin, es considerado el padre de “la transición pactada” o “democracia de los consensos”.
Bachelet instaló en dos ministerios clave a dos hombres muy cercanos a Correa. Como vocero de gobierno nombró al embajador en Argentina, Marcelo Díaz, quien fue asesor directo de Correa en la administración de Aylwin. A cargo de la Segpres –que maneja la agenda legislativa del gobierno– designó al diputado Jorge Insunza, quien entre 2011 y 2013 fue gerente de Comunicación Estratégica de Imaginacción, la empresa de cabildeo de Correa.
El hijo de éste y exgerente de Imaginacción, Carlos Correa Bau es, desde marzo, director de la Secretaría de Comunicaciones de La Moneda, uno de los puestos más estratégicos del gobierno.
Don Francisco
El cambio de gabinete se verificó en el Palacio de La Moneda, la mañana del lunes 11, pero fue anticipado por la mandataria la noche del miércoles 6 en entrevista con el conductor de televisión Don Francisco –Mario Kreutzberger–en Teletrece.
En un momento el conductor le preguntó: “¿Cómo salimos de este hoyo?”. Como contexto de dicha pregunta aludió dos veces a los problemas que afectaban al entonces ministro Peñailillo en relación con que en 2012 recibió 18 mil dólares del recaudador de campañas de Bachelet, Giorgio Martelli, por informes que no realizó y que lo tenían en el centro del escrutinio público, del cual intentó librarse con inverosímiles y bochornosas explicaciones.
“Hace algunas horas le pedí la renuncia a todos los ministros. Y me voy a dar 72 horas para tomar la decisión de quiénes se quedan y quiénes se van”, respondió la mandataria.
Previamente Don Francisco recordó una frase que el expresidente y magnate derechista Sebastián Piñera, había expresado un día antes en una entrevista similar: “De aquí salimos abandonando la lógica de la retroexcavadora y resucitando la lógica de los acuerdos y el diálogo”.
En entrevista telefónica con este corresponsal, el periodista chileno experto en televisión, Víctor Gutiérrez, expresa que el hecho de que Bachelet hiciera tan importantes anuncios en entrevista con Don Francisco, “un animador de farándula, ensucia más su imagen”.
Gutiérrez –quien ha trabajado en las cadenas NBC y ABC– afirma que la entrevista de Don Francisco “buscaba limpiarle la imagen a la presidenta. Si ese era el objetivo: éste se cumplió… pero políticamente le afectó mucho, porque a la gente no le gustó que se anunciara un cambio de gabinete en un programa como éste, en un canal que es propiedad de Andrónico Luksic, el mismo empresario que se asoció con su hijo para el cuestionado negocio Caval”.
Gutiérrez afirma que Don Francisco “siempre ha sido cercano a Pinochet. En conversaciones privadas con personas con las que yo he hablado, ha dicho que él apoyó al gobierno militar. Ahora una vez más está sirviendo a los poderes fácticos y a los poderes de derecha y a los empresarios que son los dueños del país”.








