El Centro Dramático, por los caminos de Michoacán

PÁTZCUARO, Mich.- Si el teatro no va a la montaña, trae la montaña al teatro. Si la montaña no va al teatro, el teatro va a la montaña. La montaña y el teatro van a donde la gasolina alcance.

El Centro Dramático de Michoacán (Cedram), fundado por el director escénico Luis de Tavira –actualmente al frente de la Compañía Nacional de Teatro–, es un centro de formación y producción teatral ubicado en Pátzcuaro. Conducido por Miguel Ángel Cárdenas, conocido por todos como Chamaco, está formado con base en un convenio entre el gobierno federal, la Secretaria de Cultura del Distrito Federal y la Casa del Teatro, y se ubica en la antigua vivienda del general Lázaro Cárdenas, por lo cual el teatro, en homenaje, lleva su nombre.

En sus habitaciones se hospedan alumnos, hay salones para prácticas, y están mágicamente dispuestos con escenografías de antiguas obras. Nada en el centro se desperdicia y nada es basura.

El “espacio Cárdenas” se halla dotado de un gran abastecimiento de vestuario y utilería. En sus butacas caben 103 personas, más sillas agregadas. Para este recinto se ha diseñado un nuevo proyecto, Vamos al Teatro, consistente en acudir a las comunidades con un autobús, recoger a la gente para llevarla al espacio y, al término de la función, regresarla a sus comunidades.

Ir a su encuentro tiene como objetivo la formación espiritual de la población por medio del arte, llevar la cultura a aquellas entidades que carecen de acceso a ella.

El sistema que el Cedram maneja es intensivo y encuentra su raíz en el retiro. Para ello es fundamental que el artista se separe de su mundo y entre a este lugar donde su trabajo se somete a un proceso de búsqueda ininterrumpida. La idea es fomentar la labor comunitaria y forjar profesionales que, a decir del Chamaco Cárdenas, “se saben ensuciar las manos con el trabajo” y ayudar a la población. Casa del Teatro y Cedram organizan con sus alumnos estancias de seis meses y así generan que los actores encuentren un espacio de reflexión y creación. La convivencia es parte de este proceso que permite a los integrantes laborar en equipo, principal motor del teatro –según entienden los integrantes del centro.

El método consiste en priorizar al público antes que ningún otro interés. La presentación de una obra de teatro común suele partir de tres preguntas claves: ¿Qué obra?, ¿qué actor?, ¿para qué público? En el Cedram las mismas preguntas se acomodan de diferente manera: ¿Qué público?, ¿qué obra?, ¿qué actor? El espectador es el que manda. El Centro busca montar obras que en temática y discurso acerquen a su público. Su trabajo está en llegar a él tanto geográfica como espiritualmente. La selección del repertorio se basa en tener algo qué decir a las comunidades. Se trabajan textos que van desde la autoría de Emilio Carballido hasta la de Antón Chejov. Se busca generar conciencia sobre diversos problemas, como la migración, el narcotráfico, la violencia infantil, etcétera.

El Cedram cuenta con cuatro teatros itinerantes: Rocinante, Xanharati, Uaxaka Xanh y Rucio.

El Rocinante, estrenado en 2005 por De Tavira, fue su primer camión-teatro. Se arma en dos días y en cualquier lugar. En él se han presentado obras como Los perros de Elena Garro, Yerma de Federico García Lorca, ¡Silencio pollos pelones ya les van a echar su maíz! de Emilio Carballido o Antes del desayuno de Eugene O’Neill, entre otras.

El Caminante

El Xanharati (“caminante” en purépecha) realizó una gira del 25 al 30 de abril a la comunidad de Cherán, Michoacán. Para la puesta en escena partieron dos camiones que en conjunto armaron un gran teatro en medio de la plaza principal del poblado, al lado de la Casa Comunal de Cherán, cuya entrada dice K’umanchikua Iaminduecheri Cherani k’eri (“La casa de todos los de Cherán”). Es un poblado indígena independiente que se rige por usos y costumbres, presidido por un consejo de 12 personas que busca impulsar la cultura, razón por la cual se acoge y apoya al grupo teatral. Uno de sus principales objetivos es prestarle atención a los niños que, a causa de la migración de sus padres, suelen quedar desprotegidos.

El Xanharati es un autobús amarillo que transporta tubos en la parte superior externa, y a un costado, soldada, lleva una estructura metálica desplegable que recubre con paneles de madera para dar forma a un escenario.

El otro camión es el Uaxakan (“sentar”), que transporta gradas desdoblables electrónicamente. Armarlo lleva al elenco y a los técnicos 12 horas a la luz del sol. El trabajo va desde cargar tubos y levantar tarimas hasta enfocar las luces, para lo cual hay que subirse a un andamio construido también ahí.

La precisión y dedicación de este trabajo deja sorprendido a cualquiera que no espera encontrarse con tanta formalidad y dedicación del teatro itinerante. La preparación junta el trabajo con el “cotorreo”. Pueblo y teatreros se unen en la cotidianidad: la banda recorre las calles mientras el grupo transporta tubos y herramientas al ritmo de la música. La gente pregunta la hora en la que el espectáculo empezará, su tema, cuál es la sede del teatro y la paga de cada actor (por si a algún hijo le interesa dedicarse a ello). Infantes y viejos se sientan en bancas verdes y observan cómo se le va dando forma a toda la bola de palos y lonas…

Se ofrecen dos presentaciones por día de dos obras: Paka cuando sea grande NO quiero ser como tú y Valentina y la sombra del Diablo, ambas de Verónica Maldonado. La primera, a las 11 de la mañana, va dirigida a escuelas; la segunda, a las seis de la tarde, está abierta a todo público. Las filas para entrar se empiezan a hacer una hora antes. La cantidad de gente no es precisa porque los pequeños se pegan para que entren más en las butacas, mientras que el consejo del pueblo presta sillas. El promedio es de entre 180 y 200 personas en cada representación. Aunque no faltan los niños que se quedan afuera y levantan las lonas y hasta el telón para poder ver la función. El elenco de toda la temporada está conformado por Diana Becerril, Frida Hernández, Diego Montero, Víctor Vargas, y Faride Ramírez La única, técnica y asistente. La dirección, a cargo de David Hurtado El Doc, de Paka… y asistente en Valentina… El trabajo de este elenco confirma lo que el Cedram busca: impulsar la creación de colectivos, de ahí que al público se le ofrezca una bitácora para que escriba su opinión.

El acceso a las obras tiene un costo: ¡Pero se le aclara al público, con una canción, que ya está pagado!:

“Todos los ciudadanos pagamos periódicamente una cantidad de dinero llamada: Impuestos”, se dice a la gente, y se ponen ejemplos: “Incluso cuando compramos cosas de uso cotidiano, como la ropa, las golosinas, los refrescos, etcétera, pagamos un costo adicional…”

Se enlista a todos aquellos a quienes los impuestos sostienen:

“Los doctores,/ los maestros/ y también los diputados/ porque yo pago impuestos/ ellos son mis empleados./ yo le pago al presidente…

“(…) Al igual que este teatro/ esta función ya la pagaron/ con los impuestos que les cobraron.”

El Centro Dramático de Michoacán es apoyado por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, el Centro Nacional de las Artes y el gobierno del estado. Como parte de este proyecto se ofrece asesoría a grupos teatrales de comunidades aledañas. Otro propósito es formar líderes o gestores culturales que formen alumnos y con esto ampliar las líneas de enseñanza. Los espacios están también abiertos a montar espectáculos diversos, como conciertos, coreografías, danzas y talleres.

Estos son los números del Cedram de 2005 al 2014: 503 comunidades visitadas, 2,507 funciones y conciertos, 55 espectáculos, 378 mil 956 espectadores de 10 estados en un recorrido de 106 mil 492 kilómetros. Es decir, dos vueltas a la Tierra… mucha, mucha gasolina.