PARÍS.- “¡En Francia ustedes tienen una responsabilidad específica a muy corto plazo. El 14 de julio les tocará hacer recordar a Peña Nieto, invitado de honor de François Hollande a la celebración de la Fiesta Nacional gala, que exigimos todos, ustedes y nosotros, que nuestros 43 compañeros reaparezcan con vida!”
Así se expresó, con tono decidido, Román Hernández ante un grupo de activistas franceses. Integrante del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, él es uno de los tres integrantes de la Caravana 43 que actualmente recorre Europa.
Se dirigió a los activistas e integrantes de medios electrónicos de la llamada prensa alternativa reunidos en la sede del muy activo Centro Internacional de Cultura Popular, donde la corresponsal de Proceso fue excepcionalmente admitida.
El encuentro se realizó el lunes 4, segundo día de la densa estadía de la Euro Caravana 43 en esta ciudad.
“Claro –agregó Román Hernández–, lo ideal sería que la sociedad civil en México y Francia pudiera movilizarse con suficiente fuerza para obligar François Hollande a que cancele esa visita. Es lo que exige una petición que circula en la plataforma Change.org, a la que debemos asegurar la máxima difusión.
“Pero si se mantiene la visita, entonces se tendrá que dar un eco fuerte a nuestro reclamo. Contamos también con ustedes para exhortar a Hollande a que condene con firmeza las violaciones a los derechos humanos en México. Si Hollande calla, tendrá que asumir su complicidad con Peña Nieto.”
El diálogo con los activistas de la prensa independiente fue largo, denso, interesante, salpicado de uno que otro malentendido y muy didáctico por parte de la delegación de la Euro Caravana 43, integrada por Hernández, Eleucadio Ortega –padre de Mauricio, uno de los 43 normalistas desparecidos– y Omar García, sobreviviente de la masacre de Ayotzinapa.
El discurso de Omar
Uno de estos mini cortocircuitos se dio con la primera pregunta dirigida a Omar García, pero fue sumamente útil porque permitió a la delegación definir su posición.
“Quisiera saber cómo logró escapar Omar de la policía la noche del 26 de septiembre”, preguntó una periodista.
Omar García se enderezó en su silla. Controló un brote de exasperación y se interrogó en voz alta: “¿Cómo contestar sin ofender a nadie?”.
Y agregó:
“No soy el único sobreviviente. Somos 50. Como lo hayamos hecho no importa, lo que cuenta es lo que hacemos ahora, recorriendo Europa y aquí con ustedes. No busquen historias de heroísmo. No las hay. No nos alcanzó una bala o no cupimos en las patrullas. Es todo. La época de los testimonios quedó atrás.”
Más:
“Tal vez perdimos mucho tiempo dando testimonios en lugar de responder. Lo que nos interesa ahora es responder con acciones al gobierno de México. Y es lo que esperamos de ustedes. Nos ayudarán mucho si, además de dar a conocer lo que pasa en nuestro país en sus redes de informacion libre, incitan a la sociedad civil francesa a imaginar acciones concretas propias para responder a su vez al gobierno mexicano.”
También sugirió: “Es importante, por ejemplo, que en todos los actos oficiales de los representantes del gobierno mexicano aquí en Francia ustedes recuerden que nos faltan 43 compañeros, además de los 23 mil desaparecidos y de los 150 mil mexicanos asesinados en los 10 últimos años. La realidad que vivimos exige mucho de nosotros, pero nosotros también exigimos mucho de todos los compañeros que hemos venido encontrando en Europa desde el pasado 17 de abril, cuando iniciamos nuestro recorrido en la ciudad de Oslo”.
Tanto Omar García como Eleucadio Ortega y Román Hernández insistieron sobre la “campaña de difamación y criminalización” de su movimiento “orquestada por el gobierno en los medios de la prensa oficial”.
Subrayó Román Hernández:
“Esta campaña se agudizó desde la última rueda de prensa del procurador General de la Republica (Jesús Murillo Karam), el pasado 27 de enero, en la que dio por clausurado el caso al afirmar que nuestros compañeros habían sido incinerados. No aceptamos sus mentiras y seguimos exigiendo no sólo que reaparezcan a nuestros compañeros sino también que nos den garantías para que semejantes crímenes no se repitan.
“El gobierno busca romper nuestra resistencia y multiplica esfuerzos para dividir a las familias de los 43 desparecidos. La gira de nuestra caravana por Estados Unidos que acabó el 28 de abril; la de Canadá, que terminó el 3 de mayo; ésta, que realizamos actualmente por Europa, y la del Cono Sur, que empezará el viernes15 de mayo, preocupan al gobierno.”
Interviene Omar García: “Intentan desprestigiarnos acusándonos de financiarnos con recursos ilegales o mal habidos”.
Retoma la palabra Román Hernández:
“Quien costea nuestros viajes es la sociedad civil organizada de cada país que visitamos. Y es por eso que por lo general privilegiamos los encuentros con ella y con la prensa libre. En algunos países, como Estados Unidos y Canadá, hemos sostenido encuentros con parlamentarios y ciertas instituciones. Quizás pase lo mismo en Londres. Pero nuestra meta principal es fortalecer lazos con las organizaciones de la sociedad civil.”
Insiste Omar García: “Ya llegamos a la mitad de nuestro recorrido y en todas partes hemos insistido sobre la urgencia de establecer una red de solidaridad internacional realmente eficiente, activa y reactiva. ¡Qué chingón sería que los medios libres y alternativos puedan hacer fluir la información por toda Europa y a toda velocidad! En México nuestro movimiento de los 43 ha sido factor de unidad y de unificación; gentes que nunca se habían manifestado salieron a la calle.
“¿Por qué no partir de la solidaridad con los 43 aquí en Europa para por fin unificar a las redes? Llevamos tanto tiempo hablando de unidad. ¿Por qué no la ponemos en marcha?”
Añade: “Voy a ser bien franco, hasta despiadado… Nosotros somos despiadados… Quiero decirles que tenemos que deshacernos de nuestro hábito de la competencia. En Europa vi que hay organizaciones de la sociedad civil que compiten entre sí. En México pasa igual. No se vale. Hay que rebasar eso”.
Dialogando con Mauricio
Siguieron discusiones sobre las razones por las cuales el movimiento de los 43 optó por boicotear las elecciones de Guerrero que se celebrarán el próximo 7 de junio, la infiltración del crimen organizado en los tres niveles de gobierno y las amenazas cada vez más abiertas contra los defensores de los derechos humanos, los luchadores sociales y asociaciones de la sociedad civil.
A diferencia de los anfitriones canadienses y estadunidenses de la Caravana de los 43, los franceses optaron por un contacto exclusivo con colectivos de lucha social: unos de apoyo a los migrantes indocumentados o marginados, otros a los sin techo, redes de ocupación de viviendas vacías, organizaciones de solidaridad latinoamericanas, entre ellas chilenas y argentinas y redes de solidaridad con los pueblos de Chiapas, entre otras.
Contaron con el apoyo de distintos colectivos de estudiantes mexicanos en París que llevan meses movilizados en defensa de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa. De hecho, fueron ellos quienes el domingo 3 animaron con cantos, lemas y carteles desbordantes de imaginación la marcha de solidaridad de casi cuatro horas por calles de París en la que participaron unas 500 personas.
El itinerario de la marcha en cambio fue ideado por los militantes franceses, que eligieron a Belleville, un barrio muy popular y multicultural en el que las redes anfitrionas de la Euro Caravana 43 se muestran muy activas. Ubicado en la parte oriental de París, este barrio es también el teatro de redadas y controles policiacos violentos, varios de los cuales acabaron con la muerte de los detenidos.
La marcha de los 43 rindió homenaje a estas víctimas y denunció la impunidad de la que gozan los policías que atentaron contra sus vidas.
El momento más intenso de esa tarde del domingo 3 fue sin duda la intervención de Eleucadio Ortega al final de la marcha. Ante la sede del ayuntamiento del distrito 20, rodeado por los manifestantes franceses y mexicanos, Eleucadio se presentó:
“Soy padre de familia. Mi hijo se llama Mauricio. Trabajo en el campo. Vivo en un pueblo chiquito y fue ahí donde mi hijo estudió la primaria…”
Sonó tan absolutamente auténtica esa voz guerrerense en esa soleada tarde parisina que se hizo un gran silencio.
“Soy productor de café. Preparo el café. Luego lo voy a vender. Fui a trabajar a Ayutla de los Libres. Ahí Mauricio estudió la secundaria. Estudiaba pero también trabajaba en la carpintería… Le gustaba. Le gustaba también el campo…”
La mirada de Eleucadio Ortega se pierde más allá de la gente que lo escucha con una atención creciente; más allá de la fachada del ayuntamiento; más allá de París…
“Cuando Mauricio empezó el bachillerato le dije: ‘ponte a estudiar duro. El campo es demasiado trabajoso, ves cómo ando siempre de sucio…”
El rostro de Eleucadio Ortega se tensó:
“Me hizo caso y entró en la normal rural de Ayotzinapa. Le gustó mucho porque en ella pudo estudiar también agricultura y perfeccionarse en la carpintería. Me dijo que iba a poder ir a las comunidades y enseñar a la gente cómo sembrar mejor y sacar más provecho de la tierra.”
Eleucadio Ortega ya no se dirigía a quienes lo rodeaban, sólo hablaba con Mauricio. Lo hacía desde ese barrio de París en el que nunca soñó estar y al que probablemente nunca volverá.
“Mauricio me decía que el taller de carpintería era muy bueno. Es lo que me decía… Y, pues, llegó el 26 de septiembre, se fue a volantear a la ciudad de Iguala con sus compañeros… Y no volvió.”








