Diseñada como un exitoso negocio de turismo artístico tanto para la institución que la organiza como para la ciudad que la alberga, la 56 Bienal de Venecia se abre al público el próximo sábado 9 de mayo.
Integrada por tres secciones correspondientes a una exposición internacional organizada por la misma bienal, 89 pabellones nacionales con gastos y curadurías a cargo de cada país, y 44 eventos colaterales, la edición de este año se percibe como un evento que simula –o pretende– deslindarse de la banalidad del mainstream comercial. Una intención que no se cumple ya que numerosos artistas participantes forman parte de esa tribu global que transita entre ferias, bienales y museos de prestigio internacional.
Contratado como curador para la exhibición internacional, el director de la Haus der Kunst de Munich, Okwui Enwezor (Nigeria, 1963), desarrolló un concepto que, bajo el título de “Todos los futuros del mundo”, integra temáticas artísticas relacionadas con planteamientos y problemáticas vinculadas con aspectos políticos, económicos, sociales y ecológicos.
Constituida por 136 artistas internacionales de diferentes generaciones, posicionamientos y disciplinas, la selección sorprende por la inclusión de pintores como Baselitz y Katharina Grosse, entre otros. Con una mayoría notoria de creadores africanos –entre ellos Wangechi Mutu– y estadunidenses, la muestra se percibe como una tribu global de la que no podía excluirse a la empresa o plataforma de información e-flux.
Entre las propuestas emergentes, la inclusión de colectivos –actualmente de moda en el mainstream no comercial–, propició que el proyecto mexicano Cráter invertido fuera invitado. Si el escenario global del arte no fuera tribal, la elección del excelente pintor, escultor y activista mexicano Gabriel Macotela hubiera sido pertinente.
Como en años anteriores, la representación de México en esta bienal se caracteriza por la opacidad y arbitrariedad en el proceso de selección. Sin informar sobre las metas y objetivos que tuvo el Instituto Nacional de Bellas Artes para gastar recursos públicos en la producción del pabellón, sin señalar los indicadores cualitativos con los que se evaluará la erogación, sin mencionar los nombres y propuestas de los 10 curadores invitados y rechazados, sin describir los criterios que tuvo el jurado para seleccionar el proyecto afortunado, y sin explicar los motivos que justifican que en el jurado hayan participado la directora del Patronato de Arte Contemporáneo, Aimée Labarrere, y la titular del Museo Arte Contemporáneo de la Universidad Nacional Autónoma de México, Graciela de la Torre, el proceso de selección opaca el muy probable éxito de la curadora Karla Jasso y los artistas Tania Candiani y Luis Felipe Ortega.
Emplazado en el mismo entorno donde se encuentra la exhibición de Enwezor –Sala de Armas del Arsenal–, el Pabellón de México mostrará, bajo el título de Possesing Nature, una escultura monumental tecnológica que, con base en el planteamiento de Jasso, es caja de resonancia, naturaleza que fluye y monumento que, como un drenaje, desagua la vida desposeída. Programado para preinaugurarse el próximo jueves 7, Possesing Nature nos debe a los ciudadanos no sólo una excelente representación sino, también, un listado con todos los costos de su producción, operación y difusión, incluyendo adaptación del lugar y gastos derivados de las visitas e invitaciones oficiales.








