Sobrevivir entre dos gigantes

China e India –las potencias asiáticas que rodean a Nepal– iniciaron de inmediato el envío a gran escala de ayuda humanitaria a ese pequeño país de la cordillera del Himalaya tras el terremoto que lo devastó. Ambas buscan ganar simpatía e influencia en el gobierno de Katmandú. De hecho, el territorio nepalés es un tablero donde chinos e indios juegan un ajedrez geopolítico.

En la histórica plaza Durbar de la capital nepalesa, Katmandú, rescataban personas de entre los grandes templos derrumbados, en cientos de aldeas de distritos remotos, como Gorkha y Lamjung, los escasos sobrevivientes lloraban a sus muertos y en el campo base del Everest se preguntaban a cuántos alpinistas habrían sepultado las nieves.

Mientras ello sucedía, India y China         –las potencias rivales que rodean a Nepal– se lanzaban a competir en una lucha que, a través de la ayuda humanitaria, los llevaría a ganar o perder influencia en este pequeño país de la cordillera del Himalaya.

Aplastado entre dos gigantescas naciones que reúnen a dos quintas partes de la población mundial, Nepal siempre ha tenido que buscar los equilibrios y alianzas necesarios para no ser engullido por alguna de ellas.

A su vez, llevadas a encararse una con otra por su vecindad, sus dimensiones y sus necesidades, India y China ven en Nepal un tablero donde cada cual trata de colocar sus fichas. Un juego que no se suspende ni en medio del desastre.

Un terremoto de 7.8 grados Richter sacudió a Nepal desde unos 15 kilómetros de profundidad, justo bajo el centro de su región más poblada, a mitad de camino entre Katmandú y su segunda ciudad en importancia, Pokhara, el mediodía del 25 de abril. Las estimaciones iniciales de mil 700 muertos se incrementaron velozmente hasta que el 28 de abril el primer ministro, Sushil Koirala, declaró que bien podrían superar los 10 mil.

Además, provisionalmente mencionó casi 11 mil heridos, 454 mil 769 desplazados y 8 millones de damnificados, equivalentes a cerca de la tercera parte de los 27 millones de habitantes de Nepal (el blog de The New York Times citó el 29 de abril una proyección del total de muertes realizada por un experto en desastres sísmicos, Max Wyss, del Centro Internacional para la Simulación de la Tierra, de Ginebra, Suiza, que se elevó a entre 45 mil y 57 mil 700 defunciones).

India movió ficha primero, con rapidez y contundencia. Los ofrecimientos de auxilio que hicieron el primer ministro, Narendra Modi, y el presidente, Ram Baran Yadav empezaron a materializarse sólo cuatro horas después del sismo: cuatro aviones de la Fuerza Aérea India, incluido un enorme C-130 Súper Hércules, aterrizaron en el Aeropuerto Internacional Tribhuvan (en Katmandú) con un hospital de campo móvil, equipos de búsqueda y rescate, mantas, comida, agua y otros abastecimientos. Después llegaron otras nueve aeronaves para sumar un total de 500 rescatistas. Así iniciaba su Operación Maitri, tomando la delantera sobre otras naciones, como Paquistán, Israel, Estados Unidos y la propia China.

Aunque sorprendida por la velocidad de su rival, China hizo lo posible por ser cuando menos el segundo país en volumen de ayuda: pronto llegaron 62 rescatistas –incluidos veteranos del terremoto de Sichuan de 2008– y 170 soldados con tiendas de campaña y generadores de electricidad.

La jugada china

“Para muchos en nuestro país, los nepaleses son nuestro propio pueblo”, afirmó Narendra Modi en su programa mensual de radio, el 26 de abril. Los lazos entre India y Nepal son tan antiguos que comparten el origen del hinduismo y el budismo. Geográfica, cultural y lingüísticamente están mucho más cercanos entre sí que con China, país que está más allá de los altos picos del Himalaya.

Los ciudadanos nepaleses sirven en el regimiento Gurkha del ejército de India, país que es el principal proveedor de armas de Nepal y entrena a sus soldados. Una frontera común de mil 700 kilómetros sin resguardos ni muros, significa que el interés central de India en Nepal es la seguridad, según Prashant Jha, autor del libro Batallas de la nueva república: una historia contemporánea de Nepal.

“Delhi necesita un régimen amistoso en Katmandú para prevenir que China gane espacios a sus expensas”, señala Jha.

A lo largo de la historia, India ha gozado de gran influencia en los asuntos de Nepal, a tal grado que la retórica antiindia ha sido un recurso usado tanto por la antigua guerrilla maoísta –pro China y con un papel clave en el poder desde que cayó la monarquía sostenida por India en 2008– como por los partidos nacionalistas nepaleses, que denuncian una relación “semicolonial” y un expansionismo indio, así como la dependencia del mercado.

China ha tratado de aprovechar estos resentimientos en su competencia regional con India y para ganar posiciones ha desplegado sus enormes recursos financieros. El 14 de diciembre de 2014 la agencia de noticias financieras Bloomberg hizo notar que por primera ocasión, durante el primer semestre de ese año, los empresarios chinos superaron a los indios como los más importantes en Nepal, con anuncios de inversión de 7 mil 300 millones de rupias nepalesas (73 millones de dólares) frente a 6 mil 500 millones (65 millones de dólares) de sus rivales.

En ese mismo periodo la porción india del comercio nepalés cayó de 60% en 2006 a 53%, en tanto que China multiplicó la suya 10 veces, a 31% desde el 3% de aquel año.

Beijing ha convencido a Katmandú de participar en lo que llama Cinturón Económico Ruta de la Seda, para expandir sus redes comerciales hacia el sur de Asia, y financia importantes proyectos de infraestructura necesarios para sus planes: cinco puertos secos en la región del Himalaya, un par de carreteras y una expansión del ferrocarril Qinghai-Tíbet, lo que conectará a Nepal con la red ferroviaria china.

Otro importante incentivo es que los dirigentes chinos “temen que si los países occidentales incrementan su influencia en Nepal, (la nación) será usada como trampolín para desestabilizar su región tibetana”, explica Geja Sharma Wagle, analista geoestratégico del Instituto de Estudios Políticos de Nepal.

El peso económico se traduce en impacto político: un informe de 2013 de Human Rights Watch ha dado cuenta de que la actitud de Nepal como refugio tradicional para los tibetanos disidentes está cambiando, con operativos para arrestar a quienes tratan de ingresar por sus fronteras escapando de los soldados chinos y con actos de represión contra la comunidad de exiliados tibetanos en el país, unas 20 mil personas asentadas ahí desde los cincuenta.

Como tercer jugador en discordia, Paquistán quiere moverse en el tablero pese a no tener frontera con Nepal: es también la tercera potencia nuclear regional y valora la posición estratégica nepalesa. Para el 27 de abril ya habían aterrizado cuatro aviones paquistanís C-130 llenos de ayuda.

China sí, Taiwán no

“Nepal está en una posición única para alcanzar un equilibrio fino entre sus vecinos”, afirma Wagle. Ellos “han convertido a Nepal en un socio estratégico”, continúa. “Si Nepal quiere sacar ventaja de ese interés, nuestros líderes deberán desarrollar políticas diferentes para tratar con cada uno de ellos”.

Un ejemplo de las posibilidades que esto implica para el pequeño país sándwich son dos grandes proyectos hidroeléctricos en el oeste, cada uno de ellos financiado por cada uno de los rivales: el de Pancheswar, de 6 mil megavatios, en el río Mahakali, frontera con India, y fue relanzado en agosto del año pasado después de 17 años de languidecer a causa de la guerra civil. China, por su parte, invertirá mil 600 millones de dólares en el del río Seti, de 750 megavatios.

Las oportunidades pueden, sin embargo, ser desaprovechadas a causa del “estado de crisis perene que se inició tras el fin de la insurgencia maoísta en 2006”, advirtió Tika P. Dhakal, analista de asuntos estratégicos, a la agencia turca Anadolu.

Esta situación ha debilitado “la capacidad de la dirigencia política de articular las prioridades nepalesas cara a cara con China”. Ambos vecinos, asegura, “quieren desarrollo sin alteraciones políticas, pero no parece que estemos en posición de garantizarlo”.

El desastre del terremoto se ha convertido en otra oportunidad para que los rivales compitan. Con ventaja para India, por ahora. Pero no para las víctimas. Especialmente porque, según parece, las urgencias de los damnificados no son más importantes para el gobierno nepalés que sus relaciones con China.

Taiwán, con quien Beijing tiene productivas relaciones comerciales pero a cuyas autoridades no reconoce, pues considera que se trata de una provincia rebelde, ofreció enviar un equipo médico, abastecimientos y 300 mil dólares en ayuda financiera. Katmandú rechazó el apoyo “por ahora”, declaró Anna Kao, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores taiwanés, el 27 de abril.

El gesto fue interpretado como un veto de China a Taiwán, o simple temor de molestar a los líderes chinos. “Los nepaleses dijeron que nos buscarán cuando haga falta más ayuda”, concluyó Kao.