Rocío García Gaytán, ejemplo de valentía

Hace unos días, luego de una larga enfermedad, murió Rocío García Gaytán, una panista que a lo largo de su carrera política trabajó verdaderamente a favor de las mujeres. Fue presidenta del Instituto Jalisciense de las Mujeres y diputada por el PAN, donde impulsó la creación de la Comisión de Equidad y Género y la legislación contra la violencia de género; luego fue diputada federal en la 57 Legislatura, y también parte del Comité Ejecutivo Nacional del PAN. En 2007 Calderón la designó presidenta de Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres).

Así la conocí. Me entrevisté con ella en febrero de ese año, para solicitarle un anuncio para la revista debate feminista. Yo no iba muy convencida, ya que los panistas me detestan, y me llevé una sorpresa al descubrir nuestras coincidencias.

Luego colaboré en un proyecto muy interesante que coordinó Patricia Mercado desde el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir (ILSB): capacitar a candidatas e integrantes de todos los partidos, que el Inmujeres reunía regionalmente. Posteriormente Patricia compitió, con ese modelo de capacitación del ILSB, en un concurso que abrió ONU Mujeres, dirigido en ese entonces por Michelle Bachelet. De entre mil 200 proyectos en todo el mundo ganaron 13, uno de ellos el de Patricia en México. Rocío le dio su respaldo, y eso fue fundamental pues el proyecto, titulado SUMA, unía a varias ONG pero se articulaba con el Inmujeres. Este modelo asociativo, que le resultó novedoso y atractivo a ONU Mujeres, fue un éxito y en otra ocasión hablaré de cómo y por qué se terminó.

Además de la colaboración y sintonía que se dio entre nosotras, Rocío por su cuenta fue una gran aliada de las causas feministas. Una de sus más contundentes intervenciones fue frenar una maniobra del abogado Fernández del Castillo, entonces Consejero Jurídico de la Secretaría de Salud, quien intentó modificar la Norma Oficial 046, que determina que los médicos no deben obstaculizar la interrupción legal del embarazo (ILE) a las mujeres violadas que la soliciten.

Fernández del Castillo propuso 35 “correcciones jurídicas” (en realidad, ideológicas), con la intención de relativizar la responsabilidad de los hospitales públicos. Rocío frenó esa movida y el secretario de Salud Córdova Villalobos fue citado a comparecer ante la Cámara de Diputados para explicar esas “correcciones jurídicas” a una Norma Oficial que especifica la obligación gubernamental de prestar oportunamente los servicios de ILE en los casos, términos y plazos permitidos de acuerdo con la legislación aplicable en cada entidad federativa.

Rocío también tuvo intervenciones notables durante dos Conferencias Regionales sobre la Mujer de América Latina y el Caribe (CRMALC) de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). En la de Quito, Ecuador, hizo una defensa del Estado laico, que quedó consignada en el documento oficial, el Consenso de Quito, que suscribieron los gobiernos. En la de Brasilia, Brasil, sentó a su lado a la representante de las trabajadoras del hogar, Marcelina Bautista, y cuando le tocó el turno a la delegación de México para hablar sobre el tema del trabajo en el hogar, le cedió la palabra. Fue un reconocimiento inaudito, que provocó un momento de desconcierto muy conmovedor.

En 2010, fue electa por aclamación como presidenta del Comité Directivo de la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM) de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Con su mirada estratégica, y su compromiso para fortalecer los poderes locales, trabajó para renovar los estatutos de la CIM. Al finalizar su gestión, en 2012, y ya con los duros efectos de la quimio, voló a Costa Rica y logró desactivar una jugada de la derecha: el Episcopado había lanzado una ofensiva contra la Convención de Belem do Pará. El discurso de clausura que Rocío realizó fue excepcional por su claridad política, y al fijar una postura humanista y lúcida sobre el aborto logró anular las artimañas eclesiales. Fue ovacionada.

No tengo espacio para relatar todas las intervenciones decisivas de Rocío. En los años que la traté comprobé su voluntad de respetar la pluralidad política de nuestro país, de fortalecer a las instancias municipales y de tender puentes entre las diversas posturas políticas. Conocí su generosidad humanista, y mis compañeras feministas me hablaron admiradas de su mente estratégica y su habilidad política en las reuniones nacionales e internacionales.

No le tuvo miedo a ser calificada de feminista, pero fue más que eso: fue una mujer política realmente comprometida con mejorar la condición de las mujeres, ampliar su participación política y fortalecer la democracia mexicana. La última vez que la vi fue en agosto del año pasado, en la celebración de los 20 años de Católicas por el Derecho a Decidir. Me dio tanto gusto verla que no calibré lo mal que estaba, al contrario, pensé que ya iba de salida, que la iba a librar.

Lamento mucho no haberle podido declarar mi admiración por su valentía, su compromiso feminista, su talento político, su libertad amorosa. Por eso hoy se los digo a ustedes como un homenaje póstumo a quien me mostró que se puede ser panista y cruzar los prejuicios partidistas para defender la libertad de decisión de las mujeres. Rocío querida, descansa en paz.