Se presentó como uno de los mayores avances en la historia del deporte nacional. Pero, al día de hoy, algunos de sus resultados son contraproducentes. Se trata del Centro Nacional de Evaluación y Seguimiento del Alto Rendimiento, uno de los grandes proyectos de la actual administración. En contra de lo proyectado, no se multiplicó la cosecha de medallas e, incluso, algunos atletas –y equipos completos– disminuyeron su rendimiento.
Hace un año, la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade) inauguró el Centro Nacional de Evaluación y Seguimiento del Alto Rendimiento (CNESAR), un laboratorio que, según sus expectativas, sería una fábrica de medallas construidas merced a la ciencia aplicada al deporte. Pero sus resultados menguan el optimismo.
De acuerdo con los pronósticos presentados, deportistas de 15 disciplinas serían sometidos a evaluaciones fisiológicas, bioquímicas y biomecánicas. Con base en dichos análisis los entrenadores diseñarían o ajustarían sus planes para obtener el máximo rendimiento de cada atleta, evitar lesiones y, finalmente, aumentar la cosecha de preseas.
Sin embargo, hoy “no se pueden garantizar medallas. Los buenos resultados son una consecuencia de la profesionalización del entrenamiento. México tiene un potencial para (los Juegos Olímpicos de 2016) Río de Janeiro de 10 metales”, asegura el director de Alto Rendimiento de la Conade, el doctor Coriolan Lalu.
Obtener 10 preseas representaría un avance significativo en relación con Londres 2012, cuando se obtuvieron siete. La única de oro llegó en futbol, pero el mérito no fue de la Conade, sino de la Federación Mexicana de Futbol.
Desde que el CNESAR comenzó a operar –el 27 de marzo de 2014– y hasta diciembre del mismo año se realizaron las siguientes valoraciones: 232 de bioquímica, 232 de biomecánica y 280 fisiológicas, tanto en atletismo (marcha y fondo) como en boxeo, canotaje, ciclismo, clavados, gimnasia, levantamiento de pesas, natación, pentatlón moderno, remo, taekwondo, triatlón y deporte adaptado, según consta en un documento entregado a la reportera.
No se hicieron exámenes a practicantes de tiro con arco y deportivo, pese a que así estaba planeado.
Provecho simbólico
La utilidad de las evaluaciones ya se midió en los Juegos Olímpicos de la Juventud, realizados en Nanjing en agosto, y en los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe 2014 (JCC), que se celebraron en Veracruz durante diciembre.
En el reporte entregado se contabilizan 14 medallas de oro, 15 de plata y 14 de bronce durante la justa regional. En el certamen juvenil, en tanto, se cosecharon cuatro preseas –tres de plata y una de bronce. Los metales fueron obtenidos por 38 atletas, todos evaluados en el CNESAR.
Otros cinco deportistas que también fueron evaluados no subieron al podio: el boxeador William Zepeda, el gimnasta Kevin Cerda, las taewondoístas Ashley Arana y Brenda Luna, y el triatleta César Saracho.
Entre los medallistas se encuentra la gimnasta jalisciense Cinthya Valdez –dos oros y un bronce en JCC–, quien la semana pasada anunció su retiro para dedicarse a la política. Es candidata a regidora en Guadalajara, por el PRI.
Aunado a esto y según las estimaciones de la Jefatura de Misión de los Juegos Panamericanos Toronto 2015, publicadas por Excélsior el miércoles 1, de entre los deportistas estudiados solamente el clavadista Iván García y los taekwondistas René Lizárraga y María Espinoza aspiran a una medalla de oro en el certamen, que se realizará del 10 al 26 de julio.
Hace cuatro años, en los Panamericanos de Guadalajara 2011 y como local, México ganó 42 preseas doradas. Para Toronto se espera que la cosecha sea de entre 16 y 23. Si se obtiene el máximo estimado, se empataría el resultado conseguido por una delegación mexicana fuera del país, en Mar del Plata 1995.
En los Panamericanos de Toronto, la Conade ya estará en condiciones de informar si el uso de las ciencias aplicadas al deporte está o no dando los resultados prometidos.
En la competencia de 2011, México ocupó el cuarto sitio del medallero, detrás de Estados Unidos, Cuba y Brasil, y delante de Canadá. En los JCC de Veracruz, con equipo completo, los mexicanos no pudieron ganar más preseas que los cubanos. En Toronto todo apunta a obtener el quinto sitio.
Aunque el informe mencionado indica que también se trabajó con el deporte adaptado, no existe un solo resultado de ello. Esto se debe a que las evaluaciones realizadas a nadadores, como Nely Miranda y Gustavo Sánchez, no arrojaron datos confiables mediante los cuales su entrenador, el cubano José Peláez, pudiera ajustar los planes de instrucción.
Los análisis no consideraron las distintas discapacidades que existen por prueba y disciplina. Así, la examinación fue un fracaso porque no existió un protocolo de investigación apropiado.
La necia realidad
El número de atletas auscultados en este periodo está lejos de la proyección que el doctor Lalu ofreció cuando arrancó el CNESAR. El director de Alto Rendimiento aseguró que dicho centro tendría la capacidad de atender a 145 competidores de élite por año, de forma individualizada y completa, con un seguimiento puntual de los cambios físicos y químicos de su organismo, porque “siempre se hace algo hoy y no se vuelve a ver al deportista hasta dentro de un año”.
El subdirector de Calidad para el Deporte, Othón Díaz, asentó durante la presentación del CNESAR: “El deporte se transformó y la ciencia no puede estar alejada de él. Hoy gana quien mejor entrena, no el que más entrena. Tenemos que empezar a dar información a los instructores, capacitarlos para que ellos, a través de la fisiología y la biomecánica, puedan mejorar y regular las cargas de entrenamiento a partir de parámetros concretos: cuánto deben practicar y cuánto están asimilando el adiestramiento los deportistas. El descanso es a veces más importante que el trabajo, para evitar lesiones. La información que aquí se genere servirá para cambiar los planes y hacer correcciones a tiempo”.
Este centro se creó a propuesta de Coriolan Lalu y de Othón Díaz, quienes antes de ser funcionarios en la Conade fundaron una empresa llamada Sport Performance, donde realizaban chequeos médico-deportivos, como pruebas de esfuerzo, curvas de lactato, bioquímicas y medición del consumo máximo de oxígeno, es decir, el mismo tipo de evaluaciones que hoy realiza el CNESAR.
Con recursos de la Fundación Alfredo Harp Helú para el Deporte, se hicieron del equipo que les permitía realizar los monitoreos. Cuando fueron contratados por la Conade, Lalu y Díaz gestionaron que la fundación donara a la dependencia gubernamental todo el equipamiento, de tal suerte que, según dijeron, instalar el Centro de Medición requirió de una inversión de entre 15 y 17 millones de pesos del erario.
“Vamos a crear un protocolo de investigación para cada disciplina. Vamos a tener mayores elementos para medir a los atletas, y sí servirá para conseguir medallas, pero no sé cuántas. Tenemos que lograr que los entrenadores vengan y los atletas sepan de la importancia de este trabajo. Tienen que convencerse de que los va a beneficiar, y eso ocurrirá cuando descubran que sí hay una mejora en el rendimiento”, declaró Díaz.
Uno de los deportes que comenzó a trabajar a todo vapor en el CNESAR fue el remo. Los deportistas mexicanos de esta disciplina tuvieron muchas sesiones, y al entrenador nacional, el italiano Eros Goretti, los analistas le entregaron los resultados para que ajustara su plan de instrucción. Pero el europeo no modificó nada.
Lalu arguye, sin embargo, que se está trabajando muy bien en este deporte. Se convirtió, según él, en un modelo a seguir.
Ahora bien, en diciembre de 2014, Proceso publicó el desastre vivido en ésta y otras disciplinas. En el primer análisis hecho a los remeros en el CNESAR, los resultados mostraron que se encontraban en óptimas condiciones, pero con el paso de las semanas los atletas se fueron deteriorando.
Se alteró su pulso basal (el que se toma al despertar por la mañana), no podían conciliar el sueño porque su frecuencia cardiaca estaba muy acelerada, presentaban fatiga extrema y con trabajos cumplían con la doble sesión de entrenamientos, cortos pero a máxima intensidad, que realizaban siete días a la semana.
“En las subsecuentes evaluaciones, el doctor Julio Pazos, director del Laboratorio de Fisiología del CNESAR, advirtió a los remeros sobre lo mal que habían salido en las evaluaciones. Habían perdido condición física, acusaban lesiones por sobreentrenamiento, algunos bajaron de peso, todos tenían síntomas de cansancio y otros presentaban altas concentraciones de ácido láctico.
“Cuando el médico de la Federación de Remo, Alfredo Rosas, vio esos resultados, pidió a Goretti que cambiara las prácticas. Se rehusó. ‘El italiano y Pedro Cuervo (presidente de la Federación) les dijeron a los remeros que todo era psicológico, que todo estaba en su mente, que no querían entrenar y que se pusieran a trabajar’, dice Gildardo García Velasco, vicepresidente de la FMR” ( Proceso 1988).
Al revés
En los primeros días de enero, a 19 atletas se les redujo el monto de la beca que reciben del fideicomiso Fodepar-CIMA por incumplir los objetivos trazados. Entre esos “castigados” se encuentran, paradójicamente, varios deportistas que fueron evaluados en el CNESAR: el gimnasta Daniel Corral, el clavadista Yahel Castillo, el remero Patrick Loliger y el canoísta José Everardo Cristóbal Quirino.
Con ellos y sus instructores se trabajó de forma muy puntual en preparación de calendarios, campamentos y competencias. Supuestamente se definieron los protocolos y se hicieron ajustes.
Según Lalu, se necesita un macrociclo –un periodo de un año– para analizar, ajustar planes y cosechar los primeros resultados. Asevera que cada ocho o 10 semanas se realiza un seguimiento a cada atleta, sea en laboratorio o en campo, y se determina si hubo progreso, estancamiento o retroceso.
–¿Las próximas medallas mundiales y olímpicas serán resultado de este centro? –se le pregunta a Lalu.
–Será un complemento. Contribuirá a la mejoría de resultados internacionales. Tengo 18 años como médico en México, y nunca lo habíamos hecho de manera organizada como ahora. En ese tiempo, he trabajado con 75% de los deportistas de alto rendimiento.
“Diseñamos protocolos de investigación en la Fundación Harp: atendimos a Iván García, Germán Sánchez, Alejandra Orozco (clavadistas) y a su entrenador, Iván Bautista, cuando no era conocido. Nuestro objetivo era una medalla olímpica en Londres 2012 y se ganaron dos (plataforma de 10 metros sincronizados varonil y femenil con Paola Espinosa –quien entrena con la china Ma Jin). Además, el cuarto lugar de Janet Alegría (taekwondo), el quinto de Yahel Castillo (trampolín de tres metros), y a los hermanos Palma (Isaac y Ever) los calificamos en marcha.
“Con Julio Álvarez (entrenador de la selección juvenil de taekwondo) hicimos el control de los cuatro calificados a Nanjing, y ahí se ganó bronce con Mitzi Carrillo y plata con Rubén Nava. Nos falta equipo para hacer más investigación en campo, como una cámara para visualizar entrenamientos bajo el agua, nos falta neurofisiología, estudios endocrino-metabólicos, tener simuladores para deportes de afectación climatológica… Hay otro tipo de investigación y, aunque estamos lejos de países como Francia, Australia o Canadá, que tiene siete centros de ciencias aplicadas, esperamos crecer y ser un factor de cambio”, concluye.








