Una “feliz coincidencia” (como dijera Rafael Tovar y de Teresa) propició que por primera vez en nuestra capital (por lo menos hasta donde me alcanza la memoria), se realicen al mismo tiempo y hasta en algunos mismos recintos dos festivales de talla internacional: el Esto es Mozart, que como su nombre indica está dedicado al genio musical más grande de la humanidad, y el de nueva cuenta llamado sencillamente Festival del Centro Histórico, que aunque ecléctico está igualmente cargado en un 90% hacia la música.
Ergo, tenemos gran banquete musical, algunos de cuyos deliciosos platillos hemos deliciosamente saboreados, de lo que damos cabal cuenta.
Como no podía ser de otra manera, el del Centro Histórico tenía que abrir con algo espectacular y eso fue la presencia de las hermanas Güher y Süher Pekinel, pianistas de renombre mundial que sin contacto visual (característica única) interpretaron el Concierto para dos pianos y orquesta en mi bemol mayor del Divino Mozart, acompañadas por nuestra Orquesta Sinfónica Nacional dirigida por un viejo conocido del público mexicano, el barcelonés Antoni Ros-Marba, invitado especial.
De bastante menos –sobre todo en los primeros acordes orquestales– a más, marchó el inaugural concierto que inició con la obertura Helios de Carl Nielsen y fue la que sufrió el negativo embate que, afortunadamente, resultó totalmente superado con el concierto mozartiano y la intervención de las gemelas Pekinel, que auténticamente le otorgaron dimensión superior. Se concluyó con la grandiosidad de la Segunda sinfonía de Jean Sibelius, cuyas exigencias son muchas pero que la Nacional –con ya en esos momentos firme timón de Ros-Marbá– superó a cabalidad. Esto ocurrió el miércoles 25 en Bellas Artes.
En esta misma coincidencia se inscribe la participación del gran tenor Ramón Vargas en un papel que debutó hace 30 años: Don Octavio del Don Juan de Mozart.
El 27 de marzo tocó turno a la Kölner Akademie de Alemania, quien con sus réplicas de instrumentos antiguos ofreciera un buen concierto con la particularidad de que su solista invitado, el reconocido pianista holandés Ronald Brautigam, no interpretó con piano moderno el Concierto para ese instrumento y orquesta de Wolfgang, sino que utilizó un fortepiano, instrumento que ya es difícil de escuchar. Esta obra estuvo enmarcada por la obertura de El sueño de Escipión y la muy gustada Sinfonía No. 40.
El 28 tuvo lugar un momento cumbre, la presentación de la Orquesta de Cámara de Viena guiada por su director artístico, Stefan Vladar, llevando como solista al reputado como uno de los mejores clarinetistas del mundo, el francés Paul Mayer. El primer sonido, el primer acorde dio cuenta de que estábamos ante un conjunto superior, un sonido diferente, amplio, puro, cristalino en la obertura a Lucio Silla y que, por supuesto, sostuvo a lo largo de todo el concierto enmarcando de manera perfecta el Concierto para clarinete y orquesta en la mayor.
Concluyó este banquete con la estupenda pero no muy socorrida por nuestras orquestas Sinfonía No. 29 que igualmente fue una lección. Todo de Mozart, por supuesto.
Aunque hubo más y bueno, tengo que irme a la brillante conclusión del Esto es Mozart el 29, en el Auditorio Blas Galindo del Cenart, y la casi imposible joya de la corona, La Camerata de Salzburgo, con su titular Louis Langrée al frente y otro solista de excepción, el pianista finlandes Till Felner, quienes auténticamente subyugaron con la obertura a Don Giovanni, el Concierto para piano y orquesta No.23 y la bella Sinfonía No. 34.








