Medios oficiales y oficiosos

La utilización abusiva de los medios masivos de comunicación de carácter público es un hecho habitual, constatable y que se debe achacar a los funcionarios encargados de su manejo, quienes suelen perder de vista –casi siempre de manera intencionada– lo esencial del caso: que esos medios son de la sociedad y no del gobierno, y menos aún de los funcionarios que transitoriamente se encargan de su manejo.

De ahí que sea inaceptable que se los utilice de manera facciosa,  es decir, por “servidores públicos” que se aprovechen de ellos para beneficio de equis partido o grupo político y para combatir a quienes se consideran sus adversarios en la lucha por el poder, pero no para cumplir con la verdadera razón de ser de esos medios, que le pertenecen a la sociedad, y ello no sólo porque ésta paga para su sostenimiento, sino porque así lo concibe la ley.

No está por demás insistir en que la razón de ser de tales medios no es otra que estar dedicados por entero al servicio público. Y para cumplir satisfactoriamente con ello, deben difundir aquellas manifestaciones valiosas que los medios privados desestiman, ya sea porque de manera prejuiciada las consideran poco atractivas para las grandes audiencias o, lo que de otra manera sería lo mismo, porque no les encuentran un “perfil comercial”. Para ello se requiere, como condición ineludible, que los medios públicos no sólo sean dirigidos por personas que entiendan perfectamente lo anterior, sino que sean profesionales del ramo y no sujetos improvisados o políticos milusos, puestos ahí porque no tuvieron cabida en otra área del aparato oficial.

Para desgracia de la sociedad de Jalisco, este uso anómalo de los medios públicos del estado se ha venido agravando en los años recientes, tanto por lo que hace al Sistema Jalisciense de Radio y Televisión (SJRT), que maneja el gobierno del estado, como de Medios UdeG, a cargo de la universidad pública de Jalisco, cuyo control político mantiene desde hace un cuarto de siglo la cúpula que encabeza el exrector Raúl Padilla. Por principio de cuentas, ambos sistemas son dirigidos por agentes políticos que hacen un uso ídem de los medios a su cargo, buscando beneficiar al grupo de poder que los colocó en ese puesto público. En el caso del SJRT, ese agente político es una persona que responde al nombre de Sergio Ramírez, quien se ha autodefinido como “soldado del gobernador” y recientemente pidió una “licencia temporal” para separarse de la dirección del SJRT, a fin de hacerse cargo de la jefatura de propaganda de los candidatos del PRI a los municipios de la Zona Metropolitana de Guadalajara. Y por lo que hace a Medios UdeG, su director es Gabriel Espinoza Torres, quien fuera colaborador cercanísimo –ni más ni menos que su segundo de abordo en el cargo de vicerrector– del deturpado rector Carlos Briseño y al que en los momentos críticos abandonó a su suerte, en beneficio de la cúpula padillista. Reintegrado desde hace algunos años a la nomenklatura de la UdeG, ahora cumple la misión de cuidar los intereses, al frente de Medios UdeG, del grupo que, desde 1989, controla a la Universidad de Guadalajara y cuyo brazo político se extiende mucho más allá del campus universitario.

A fin de poder cumplir con su cometido, lo que menos necesita el SJRT es que al frente suyo esté un “soldado del gobernador” y menos todavía alguien que en la práctica funge más bien como una especie de guarura intelectual del primer mandatario de Jalisco. Y ello porque con el señor Sergio Ramírez la programación de la radio y la televisión a cargo del gobierno del estado no sólo ha ido marginando las manifestaciones artísticas e intelectuales, sino que ha adquirido un sesgo abiertamente oficialista. De esta manera, a través de las señales de sus radiodifusoras y del Canal 7 (una televisora de señal abierta que se capta en la mayor parte del territorio de Jalisco y aun en parte de algunos estados vecinos) se escuchan y se ven programas (informativos, deportivos, etcétera) que cada vez se diferencian menos de los de la radio comercial, para lo cual incluso se ha llegado al extremo de contratar a personas que han hecho huesos viejos en los medios electrónicos comerciales.

Y para colmo de males, en sus espacios noticiosos y editoriales el SJRT fatalmente termina siendo juez y parte, es decir, no sólo “informa” del acontecer local, sino que habitualmente lo hace dando una opinión (favorable, por supuesto) sobre el desempeño de las distintas dependencias de un gobierno del que dicho sistema de medios forma parte. Para fines periodísticos, esto convierte al SJRT en un apéndice más de la oficina de propaganda gubernamental, lo que degrada y desnaturaliza a la radio y la televisión, que le pertenecen a la sociedad jalisciense y no al gobierno en turno.

Por lo demás, no deja de ser significativo el hecho de que el mencionado director del SJRT no haya renunciado a su cargo, sino que se haya limitado a pedir una “licencia temporal” para convertirse en el encargado de prensa del PRI en las próximas campañas políticas de los municipios del área metropolitana de Guadalajara. Lo anterior puede ser interpretado como que el mismo “soldado del gobernador” no está muy seguro del éxito de su encomienda partidista y prefiere jugar con red protectora (léase asegurar su permanencia en la nómina estatal), volviendo a la dirección del SJRT una vez pasadas las elecciones del próximo 7 de junio, independientemente de que las huestes priistas ganen o pierdan en Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá, Tlajomulco y municipios circunvecinos.

En Medios UdeG las cosas no son sustancialmente distintas, pues lo que más ha crecido en la programación, tanto de las radiodifusoras que integran la llamada Red Radio Universidad de Guadalajara como en el Canal 44 de televisión, son los espacios informativos y sobre todo las emisiones dedicadas al comentario político. Como en el caso del SJRT, las señas de identidad de los segmentos noticiosos en los medios universitarios tampoco son la imparcialidad periodística ni la pluralidad en los opinantes, sino la defensa a ultranza de los intereses políticos del mandamás de la UdeG (¿eres tú, Raúl?).

Dicho de otro modo, los medios menos confiables para enterarse de asuntos relacionados con la UdeG son, paradójicamente, la radio y la televisión de esa casa de estudios, pues en este aspecto no pasan de ser un vehículo de propaganda. Y esto no cambió ni siquiera por el hecho de que, de un par de años para acá, hayan sido incorporados algunos periodistas profesionales de la comarca como conductores de espacios informativos o como comentaristas de programas de opinión, pues cada vez que se trata de algún asunto comprometedor para el grupo político que controla a la UdeG hasta dichos profesionales terminan asumiendo un papel no muy honroso: callarse o ejercer la autocensura.

De este modo, los mandarines udegeístas no sólo quedan al margen de cualquier crítica o comentario adverso en Medios UdeG, sino que éstos se suelen emplear no sólo para defender a la cúpula padillista, sino también para desacreditar cualquier opinión desfavorable a ese grupo político que controla a la universidad pública de Jalisco.

Por último, tampoco faltan los medios oficiosos: los “independientes” que han hecho del colaboracionismo un buen negocio y que editorialmente se suman a la causa oficial. Un buen ejemplo de ello es la columna central de La Jornada Jalisco, de nombre “Plaza Liberación”, en cuya edición del pasado 20 de marzo se recoge y hasta justifica el rumor de que Carmen Aristegui podría integrarse a Medios UdeG, porque, según el editorialista anónimo, su “barra noticiosa, por cierto, es una de las mejores y más completas no sólo del estado, sino del país”. ¿Así, o más arrastrados?