DOUGLAS-NOGALES, Arizona.- Desde que el gobierno de Enrique Peña Nieto insiste en proyectar a la comunidad internacional la imagen de un México menos violento, el ingreso de armas provenientes de Estados Unidos se ha disparado respecto a lo ocurrido durante la administración de Felipe Calderón.
Un alto funcionario de Aduanas y Patrulla Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) especifica a Proceso: “De acuerdo con nuestros cálculos, el tráfico de armas que entra caminando a México subió casi 70% en los últimos dos años”.
Cuando este agente de CBP con más de 20 años en la labor de vigilancia fronteriza del lado estadunidense habla del “tráfico de armas que entra caminando a México” se refiere estrictamente a lo que se conoce como “trasiego hormiga”.
Las “hormigas” son ciudadanos mexicanos (en su mayoría mujeres y jóvenes) que viven en localidades mexicanas fronterizas y que a diario cruzan la zona limítrofe llevando entre mercancías –como ropa, alimentos, juguetes y equipo de trabajo– armamento para los grupos del crimen organizado, a cambio de unos dólares, eludiendo las revisiones aduanales de México.
El agente de CBP en Nogales, quien pidió no revelar su identidad, asegura que no existe una metodología exacta –ni en México ni en Estados Unidos– para determinar con precisión las cantidades de armas que implica el “tráfico hormiga”.
Y lo explica: “Cuando le digo que ha aumentado 70% este tipo de contrabando, mi cálculo se basa en nuestras observaciones respecto al movimiento de personas que entran caminando a México y que, según nuestros informantes, llevan armas entre sus pertenencias sin que las autoridades aduanales las revisen, sobre todo si son mujeres, como amas de casa o jovencitas y jovencitos estudiantes”.
El “tráfico hormiga” no es exclusividad del estado de Arizona. Un funcionario del Buró de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF, por sus siglas en inglés) dice al reportero que en todos los puentes de cruce fronterizo a diario pasan cientos o tal vez miles de armas.
“Aquí en Estados Unidos, en Texas, Arizona, Nuevo México y California, la compra de armas es legal y un derecho de los ciudadanos estadunidenses. Los cárteles del narcotráfico de México están usando a ciudadanos de EU para adquirir armamento, y luego éstos mismos buscan a mexicanos para que las pasen sin ningún riesgo”, indica solicitando también no divulgar su identidad. Y es que, se justifica, “el gobierno de México es muy susceptible cuando hablamos de que no está haciendo lo necesario para detener el tráfico de armas”.
En Douglas, Arizona, tal vez uno de los cruces más pequeños en esta región, los agentes consideran que los compradores de armas de los cárteles mexicanos pagan entre 100 y 500 dólares a “las hormigas” que contratan para ingresarlas a México. La estrategia funciona más o menos de esta manera:
A lo largo de los más de 3 mil kilómetros de la frontera México-Estados Unidos, considera el funcionario de la ATF, el narcotráfico mexicano cuenta con miles de compradores de armamento. “Las pistolas o rifles de alto calibre que adquieren legalmente los compradores son desarmados en sus casas. Es decir, a cada arma la dividen en partes. Le quitan los tornillos a las cachas, el cargador, el cañón, etcétera. Luego, por medio de otras personas, se encargan de reclutar a la gente para que –también por partes– pasen las armas a México”.
Una vez en territorio mexicano, la carga se recolecta y hay personas dedicadas a juntar las partes para habilitar la pistola, el rifle o cualquier otra arma que haya sido adquirida.
Todos los días, decenas de miles de mexicanos entran a EU por los puentes fronterizos para trabajar o para hacer compras de mercancías que son más baratas y de mejor calidad en tiendas estadunidenses.
Así, las mujeres mexicanas que laboran en fábricas o que son niñeras, cocineras o afanadoras en las ciudades fronterizas estadunidenses, a su regreso a México pasan a los supermercados para adquirir sus despensas del día o de la semana.
“Afuera de los supermercados hemos detectado a los operadores de los cárteles cuando interceptan a las señoras y las convencen de que pasen, por ejemplo, el cargador o cualquier otra parte de una pistola o rifle, entre sus verduras, pan o cualquier alimento. Una vez que la persona llegó al otro lado de la frontera, le pagan 100 o hasta 500 dólares por el encarguito. Muchas señoras lo hacen porque saben que cuando los aduaneros mexicanos las ven cruzar con bolsas de supermercado no las van a someter a una revisión”, refiere el agente de ATF.
El cruce a pie de regreso a México se incrementa en cualquier punto de la frontera después de las 15:00 horas y aminora a partir de las 21:00.
“Ese es el periodo que más aprovechan los narcotraficantes para el ‘tráfico hormiga’”, explica a su vez el agente de CBP en Nogales. “Los aduaneros de México no tienen la tecnología necesaria para revisar a todas las personas que entran caminando a México. La revisión que llegan a hacer es manual; por ello la gente pasa tan fácilmente con lo que quiera llevar. Las revisiones a los peatones en México son a discreción del agente aduanal en turno”, añade.
El jueves 19 de marzo el reportero estuvo tres horas (a partir de las 16:00) en uno de los puentes de Nogales, Arizona, observando a personas que pasaron caminando a Nogales, Sonora. Fue imposible contarlas. Eran miles, pero a ninguna de ellas los aduanales mexicanos la sometieron a revisión, y ni siquiera se ocuparon de pedirle que abriera la bolsa o mochila que llevaba en sus manos o colgada a la espalda.
“Hace unos meses hicimos un ejercicio de observación en todos los puentes de nuestra frontera sur sobre el cruce a pie de personas que se van de Estados Unidos a México. Durante las 24 horas que duró este ejercicio, de las decenas de miles de personas que entraron caminando a México sólo unas 10 fueron revisadas”, asegura el funcionario de ATF.
Consabidas tácticas
de distracción
Durante el sexenio de Calderón, y como consecuencia del auge de la narcoviolencia que generó su guerra militarizada contra el narcotráfico, así como del fiasco por la operación estadunidense “Rápido y Furioso”, las revisiones aduanales del lado mexicano eran muy frecuentes, aseguran los agentes entrevistados.
En esos años “los cárteles dejaron de usar a las ‘hormigas’ porque sabían que las autoridades mexicanas estaban preocupadas por el problema de la narcoviolencia y querían parar el tráfico de armas”, enfatiza otro de los agentes de CBP consultados en Douglas.
“Los narcotraficantes son muy inteligentes y saben cuándo les conviene quedarse quietos, pero desde hace unos dos años para acá el gobierno mexicano quiere vender la imagen de que en México hay menos violencia, y eso también afectó a las revisiones aduanales, porque ahora son mucho menos estrictas en comparación con las que había hace tres años”, agrega.
Al igual que con el trasiego de drogas de sur a norte, para el caso de las armas que van en dirección contraria los narcotraficantes mexicanos emplean “tácticas de distracción”.
Cuando un cártel quiere meter una cantidad importante de droga a cierto lugar de Estados Unidos, envía una carga mucho menor de cualquier droga por el cruce fronterizo para que sea detectada al momento de ingresar. La droga que se va a perder, por lo regular es enviada en automóvil o camión de carga con el fin de que sea descubierta más fácilmente. Al ser localizado ese cargamento, disminuye la vigilancia en otro lado de la frontera, por donde pasa casi siempre inadvertida una cantidad importante de narcóticos.
Lo mismo ocurre con las armas. Los compradores estadunidenses de los cárteles mexicanos deciden a veces que en un automóvil alguna persona intente pasar a México armas y/o municiones para que sean detectadas por los agentes aduaneros mexicanos. Esto tiene dos efectos. Primero: le permite al gobierno de México “presumir” que están parando el tráfico de armas y municiones provenientes de Estados Unidos, y segundo, a los narcos les facilita el “trasiego hormiga” porque la vigilancia a los peatones se relaja.
“Así operan, así han operado siempre, y las autoridades mexicanas lo saben”, enfatiza el funcionario de ATF.
En Texas y Arizona, sobre todo, la venta de armas es un negocio altamente lucrativo, y se percibe.
En dichos estados hay armerías a unos cuantos metros de la zona limítrofe con México. Desde el lado mexicano, en cualquiera de los puentes fronterizos de Nuevo Laredo, Tamaulipas, se pueden observar varias a unos cuantos metros de los puentes limítrofes en Laredo, Texas.
En Douglas y Nogales, Arizona, ciudades muy pequeñas en comparación con algunas texanas, como Laredo o El Paso, hay pocas armerías. Sin embargo, a las ciudades de Sonora el armamento que llega de Estados Unidos es comprado en las grandes ciudades que están atiborradas de ese tipo de tiendas: Phoenix y Tucson.
“Aquí, en esta región de Arizona, podría decir sin temor a equivocarme que 95% del ‘tráfico hormiga’ de armas a México (armas y/o municiones) proviene de Phoenix o Tucson”, admite el agente de ATF.
Incluso, los mismos funcionarios afirman que hay narcotraficantes estadunidenses que reciben droga de cárteles mexicanos –como el de Sinaloa y Los Zetas– y, en lugar de pagar con dólares los cargamentos de narcóticos, se comprometen a entregar armas en México como remuneración por la carga de enervantes. “Aunque esto no es muy común, sí lo hemos detectado en varios casos, sobre todo cuando se trata de la gente del Cártel de Sinaloa y de Los Zetas”, asevera el funcionario de ATF.
Otro fenómeno que está ocurriendo con mayor frecuencia en el tráfico de armas de Estados Unidos a México es que los compradores estadunidenses también están reclutando a personas en México, quienes fungen como intermediarios para la venta de armas a grupos criminales. Estos vendedores de armas se encargan de meter los arsenales por medio de las “hormigas”, y una vez en territorio mexicano las armas y municiones se recolectan y son llevadas a almacenes (casas de seguridad) para venderlas al mejor postor.
“En Nuevo Laredo y en Nogales (Sonora) se ha desmantelado a grupos de tráfico de armas, no muy grandes, pero que lucraban con este negocio. No se conoce mucho porque la prensa no le da mayor importancia, debido a que no son grandes cargamentos los que se decomisan… pero de poco en poquito se llena el jarrito”, dice entre risas el agente de CBP en Nogales, quien luego pide una disculpa por haber usado un “refrán mexicano” para hablar de un problema tan grave. l








