Por segunda vez, pide ayuda a EPN frente a una injusticia por homonimia

Señor director:

Le solicito publicar en la sección Palabra de Lector la siguiente carta, dirigida al presidente de la República.

Señor presidente: Por este conducto recurro a usted para pedirle su apoyo con el propósito de que se haga justicia y quede en libertad mi hijo Aarón Hernández Martínez, quien acaba de cumplir dos años preso en el penal de Tlapa de Comonfort, Guerrero, acusado de un delito que no cometió, pues se trata de un caso de homonimia por llevar el mismo nombre que el verdadero delincuente.

Aarón y toda nuestra familia nacimos en la ciudad de Manzanillo, donde hemos vivido siempre y nos dedicamos a la venta de frutas y verduras en el Mercado 5 de Mayo, como lo ha atestiguado mucha gente que nos conoce.

Mi hijo fue detenido por la Policía Federal en el aeropuerto de Tijuana el 25 de febrero de 2013, con el argumento de que su nombre aparecía en la Plataforma México y tenía dos órdenes de aprehensión en el estado de Guerrero. Él había viajado a Tijuana para encontrarse con su hermano mayor, mi hijo José Juan, quien había comprado allá una camioneta para utilizarla en nuestro negocio de frutas y verduras y se iban a regresar juntos manejándola hasta Manzanillo.

Sin darle oportunidad de aclarar las cosas, y sin siquiera tomar en cuenta que su edad y otras características no coincidían con las del acusado, Aarón fue trasladado a Tlapa de Comonfort, donde ha enfrentado un proceso tortuoso, en el que tampoco se han tomado en cuenta las pruebas que demuestran su inocencia.

Los hechos por los que culpan a mi hijo ocurrieron en 2006, cuando un grupo de curanderos llegó a esa región anunciando que curaban todo tipo de enfermedades, y con la promesa de “bendecirles” su dinero, lograron que varios habitantes les entregaran grandes cantidades en efectivo y posteriormente huyeron.

De acuerdo con los juicios 85/2008-III y 88/2008-III, derivados de las denuncias presentadas después por cinco de los agraviados, el monto total de la estafa ascendió a cerca de 1 millón 200 mil pesos.

Desde que mi hijo fue llevado a Tlapa de Comonfort, las autoridades cometieron la irregularidad de presentarlo a él solo, como uno de los delincuentes, ante los estafados, lo que predispuso a éstos a afirmar que él fue uno de ellos, pero ni siquiera se le colocó entre varias personas para garantizar un proceso de identificación más confiable.

Y ha sido únicamente la afirmación de los agraviados lo que ha mantenido a mi hijo en la cárcel por dos años, pues el resto de los elementos del expediente prueban que él no tiene nada que ver en esos hechos. Según el retrato hablado al que habían dado forma los propios afectados, el “Aarón Hernández Martínez” al que ellos conocieron tenía “entre 35 y 40 años” de edad en 2006, cuando mi hijo tenía apenas 19 años.

Asimismo, dijeron que sus rasgos físicos eran de raza negra, presuntamente de nacionalidad puertorriqueña, lo que no coincide con la fisonomía de mi hijo. Además, una joven que trabajó con los curanderos y la persona que les rentó la casa para consultorio declararon ante la juez que el “Aarón” que conocieron en aquel tiempo no es el que ahora se encuentra detenido.

Durante este calvario que seguimos viviendo –todavía no se ha dictado la sentencia– hemos recibido apoyo jurídico y económico del gobierno de Colima para mantener la defensa de mi hijo, pero en los últimos meses no hemos podido ser recibidos por el gobernador Mario Anguiano Moreno para exponerle la situación y pedirle intensificar su apoyo de una manera más decidida.

Señor presidente: Como madre me encuentro desesperada por esta situación que nos ha impactado en la familia desde todos los puntos de vista. La injusticia que está viviendo mi hijo ya cobró tres muertes, pues en uno de los viajes de Manzanillo a Guerrero para ir a visitarlo se accidentaron y murieron mi hijo mayor, José Juan; mi hermano y su esposa. También, como consecuencia de su encarcelamiento, mi hijo Aarón, que tiene dos hijos, ya sufrió la disolución de su matrimonio.

Este caso, señor Enrique Peña Nieto, ya se lo expuse directamente a usted hace más de un año en una de sus visitas a Manzanillo, pero semanas después una oficina de la Presidencia me contestó a través de una carta que el asunto no es de su competencia.

Señor presidente: Ante esta gran injusticia que seguimos viviendo, no nos queda más que insistir ante usted para que nos apoye. Ya sufrimos mucho y, como usted ve, hemos padecido daños irreparables. Como madre sólo me queda apelar a su sensibilidad humana. Espero ver que llegue la justicia para mi hijo.

Atentamente

María Concepción Martínez Reyes

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