Un hombre es un hombre de Bertolt Brecht es una obra de teatro que muestra el valor de la esencia humana: su capacidad de elegir.
En contraparte a esta cualidad, el protagonista es un hombre que no sabe decir no y por esta razón, los demás son los que deciden por él. La actitud de no elegir lo va transformando hasta convertirse en el peor de los soldados. Su periplo, de ser un hombre tranquilo que va a comprar al mercado un pescado para que su mujer lo cocine, hasta ser un asesino que mata precisamente a lo que ya olvidó que más ama, se vuelve escandaloso al ver cómo, por no elegir, por no tomar una postura, se convierte en un militante de la guerra.
La crítica a los actos bélicos a nivel social, así como la crítica a las actitudes individuales de los seres humanos, concretizan en Un hombre es un hombre la capacidad de Brecht de abarcar simultáneamente los macro y los microuniversos con una visión que cuestiona el status quo en el cual vivimos. Sean los años treinta, cuando Brecht escribió la segunda versión de ésta, una de sus primeras obras, o el siglo XXI en el que nos encontramos.
Dada la fuerza de Un hombre es un hombre, se han hecho adaptaciones, versiones libres, o inspiraciones alrededor de este texto. México no es la excepción y así como vimos a principios de los noventa la atractiva propuesta de Rodrigo Johnson, Carne de cañón en La Última Carcajada de la Cumbancha (el LUCC de Eduardo Barajas), y en el 2001 vimos la realizada por David Psamon en el Foro de las Artes, protagonizada estupendamente por Gerardo Trejo Luna, ahora nos toca reconocerla en la obra Sólo un hombre llevada a cabo por estudiantes de actuación de la Escuela Nacional de Arte Teatral (ENAT), dirigidos por Carlos Corona. Su entusiasmo y capacidades corporales son notables, aun cuando se encuentren en proceso de formación y requieran todavía un tiempo de maduración actoral.
Gracias al diseño coreográfico de Evelia Kochen, los actores pueden desplegar sus habilidades en un tubo, en un baile, en un cabaret o en los gags físicos que realizan los personajes. Carlos Corona tiene la capacidad de conjuntar música, baile, y un entramado anecdótico lineal e ilustrativo. Los personajes manipulan diferentes instrumentos y vemos mujeres con sax en mano, tocando el piano o el bajo, y a jóvenes con la trompeta, la clave o la batería. La música, a pesar de su precariedad sonora, es eficaz visualmente y dada la importancia en las propuestas de Brecht, aquí también crea ambientes y forma parte del contenido de la obra.
En Sólo un hombre vemos a jóvenes versátiles y con la energía desbordante lo cual ayuda mucho a la obra, aunque el ritmo sea irregular y los cambios de escena, torpes. Entre los actores se encuentran Omar Sorrosa, Ivonne Márquez, Edgar Landa, Jimena Menéndez, Meraqui Pradis, Jheraldy Palencia, Valeria Monroy Fabbri y Giuseppe Verastegui, entre otros.
La resolución escénica, diseñada por María María y conceptualizada por el director, consta de unas escaleras centrales, va acotada por dos andamios y en frente, un templete de madera múltiple. Los niveles que permite manejar el andamio y las formas diversas que puede adquirir el templete, hace dinámico el espacio escénico.
Sólo un hombre se presentó en el mes de mayo del año pasado como examen de tercero de los alumnos de actuación de la ENAT, y concursó en el Festival Internacional de Teatro Universitario de la UNAM este mes. La semana que entra concluye temporada en el Teatro Benito Juárez.








