MÉRIDA, YUC.– Este año, Eduardo Rosado Guillermo Mérida, nacido aquí el 20 de junio de 1942, cumple 50 años de carrera musical en el bel canto y en la canción popular.
“Sería muy valioso que en Yucatán hubiese una compañía operística porque tenemos muy buenas voces acá, hay tenores y sopranos jóvenes de calidad. Lo que pasa es que no todos se atreven. O sea, es una carrera difícil. Algunos piensan que el primer día que se paren a cantar ya van a recibir mucho dinero y eso no es así. La vida de un cantante es complicada, tiene uno que cuidarse, no trasnochar, no fumar ni abusar de comidas y otras cosas. Hay que ser responsable con la profesión”, manifestó Eduardo Rosado a Proceso.
En 1971, su paisano compositor Daniel Ayala Pérez (1908-1975) lo llamó a grabar la música del espectáculo de luz y sonido en Uxmal. A partir de 1978 sobresalió como solista de la Orquesta Típica Yukalpetén, con la cual grabó tres discos LP. Hacia mediados de los setentas, Rosado cantó en homenajes a Pedro Vargas, Armando Manzanero y Guty Cárdenas, siendo solista fundador del Conjunto de Cuerdas del Salón de la Historia. Su retrato al óleo forma parte de la galería de intérpretes del Museo de la Canción Yucateca.
En 1995 fue invitado al Festival Iberoamericano por el Centenario de Ernesto Lecuona y cantó en el Teatro Nacional de La Habana. Al cambio de siglo, acompañado de la arpista y pianista estadunidense Francesca Fanelli, convocó a los cantantes bajacalifornianos Marco Antonio Labastida y José Medina para integrar Los Tres Tenores Mexicanos, versión nacional de Pavarotti, Domingo y Carreras. Rosado añadió al reportero:
“Cumplí 74 años y deseo seguir cantando, me gustaría grabar zarzuelas y arias que no he hecho. Porque honestamente, en Yucatán no se puede vivir del bel canto.”
La noche del 20 de enero, cuando el tenor acudió con su primo poeta Carlos Peniche Ponce y Proceso a felicitar a Judith Pérez Romero en casa de la artista de Colonia Buenavista, la pareja musical recordó el inicio de su relación profesional. Juntos cantaron varias piezas de la trova yucateca.
–Eduardito –dijo ella sonriente al tenor–, tú te acuerdas bien de todas aquellas tertulias nocturnas maravillosas de hace tantos años aquí, porque me venías a visitar y cantar desde que estudiabas canto y yo te acompañaba en este mismo piano cuando iniciaste tu carrera.
–Judith y yo– apuntó Rosado complacido– nos conocimos en casa de mi primera profesora de canto y solfeo Iselita Pasos (Marrufo).
–Y también estudiaste con Conrado Peniche Sierra, quien la acompañaba en sus recitales como pianista –terció entonces Peniche.
–Pero como yo venía a cantar con Judith, Iselita se molestó…
–Sí, siempre hay celos, ¿verdad? –dijo Judith–, pero no hay que hacer caso… Iselita era mayor que yo unos doce años, y más que amiga era conocida mía. La música está por encima de todo, es lo más bello que existe y eso Eduardito lo sabe.
Un día antes de aquella visita, al calor de un café afuera del Hotel Victoria de Paseo de Montejo, el tenor expuso:
“Judith Pérez Romero y Las Maya Internacional han significado un fenómeno irrepetible para la música yucateca y de nuestro país. Como no existen seguidoras de la calidad de la orquesta femenina que ella dirige, no sabemos si pasado mañana va a estar viva. Sin ella, también se iría una página dorada no sólo en la historia musical de Yucatán, sino de México.”
El barbado cantor de los CDs ¡Qué boleros! Eduardo Rosado con el Trío Ensueño y En concierto, se despidió con nostalgia:
“Yo conviví mucho con ella, ofrecimos juntos recitales, Carlos (Peniche) me recordaba que el 13 de septiembre de 2006 se le dio la Medalla Eligio Ancona, la presea más valiosa que otorga el Estado, a través de la Universidad Autónoma de Yucatán, aparte de una compositora seria de música de concierto. Insisto, Judith es una mujer irrepetible.”








