Con exclusivamente mú- sica española (aunque uno de sus compositores sea francés), y con un solista de auténtico lujo, el guitarrista Pepe Romero, inició brillantemente su primera temporada del año la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN).
Con su titular, Carlos Miguel Prieto al frente, como marca la tradición que debe hacerse una inauguración de temporada, la OSN ofreció un concierto integrado por Rapsodia española de Maurice Ravel (1875-1937), el famosísimo Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo (1901-1999) y El sombrero de tres picos de Manuel de Falla (1876-1946).
En realidad el desglose de cada una de estas tres obras merecería todo el espacio dada su importancia, historia y forma en que fue ejecutada, pero como eso no es posible déjeme empezar al revés del orden presentado:
En realidad la obra de Falla es un ballet basado en la novela homónima de Pedro Antonio de Alarcón –creado a instancias de gran productor de los Ballets Russes de Montecarlo, Serge Diaghilev–, estrenado el 22 de julio de 1919 en el Teatro Alhambra de Londres. Contó con telones escenográficos y vestuario de Picasso y la coreografía de Leonid Massine, quien también lo bailó en el estreno llevando como compañera nada menos que a Tamara Karsávina. Al frente de la orquesta estuvo otra leyenda, Ernest Ansermet. El libreto es de Gregorio Martínez Sierra.
Este recordatorio es importante porque la Nacional escenificó reducidamente el ballet en un montaje de César Piña, adaptación coreográfica de la original de Eleonora Velásquez, y la participación solista de la mezzosoprano Carla López-Speziale, a quien Piña le añadió la declamación del “Romance de la luna”, del Romancero Gitano de García Lorca, y el vestuario y decorados fueron una réplica de los de Picasso. No fue sólo la música pues, que de por sí valía la audición.
Y qué decir de esa leyenda viva de la guitarra que es Pepe Romero, quien del delicioso Concierto de Aranjuez ha hecho una especialidad a nivel individual, como también la ha hecho con el conjunto de sus hermanos e hijos “Los Romero”. Balance estupendo entre guitarra y orquesta gracias a la conducción de Prieto posibilitó al solista hacer gala de su digitación, su potencia al mismo tiempo que delicadeza de sonido, y su capacidad poética interpretativa que permite realmente evocar esa visión lúdica que Rodrigo plasmó en esta su obra maestra que con justeza se señala como el concierto para guitarra y orquesta más conocido e interpretado en el mundo. Temple y reciedumbre, poesía y sutileza, conjunción canora que, ya que se invitó a García Lorca, “nunca se volverá a repetir”.
Igualmente expresiva esta muestra clara del impresionismo (aunque algunos no lo acepten) que es la Rapsodia española, que al abrir el programa ofreció ya muestras de la calidez, cordialidad y calidad que tendría el concierto, condiciones que se fueron reafirmando en el transcurso del mismo. De ahí que pueda afirmarse como regia esta inauguración de temporada y a recordarle a usted que se desarrolla, como de costumbre, los viernes a las 20 horas y los domingos a las 12 del día en el Palacio de Bellas Artes.








