Con la historia de un grupo de periodistas sin escrúpulos que prepara la edición de un nuevo cotidiano, Umberto Eco vuelve a la ficción. Número cero es la novela de reciente aparición en Italia en la cual el semiólogo y teórico de la comunicación teje una trama a partir de una prensa dedicada al chantaje y a hundir a personajes públicos a base de medias verdades y chismes. Es, en suma, un manual del peor periodismo posible. Y sin embargo no es del todo fruto de la imaginación del autor: tiene siempre el referente de Silvio Berlusconi, el magnate que desprestigió como pocos el ejercicio de la política en su país.
ROMA.- El escritor italiano Umberto Eco –erudito, semiólogo y ensayista– incursiona en su más reciente libro, Número cero, en el mundo de la información y la comunicación para contar con estilo ligero y divertido los mecanismos de manipulación de la prensa corrupta.
Eco, de 83 años, abandona sus reflexiones intelectuales para describir las tácticas y maniobras que se fraguan en una redacción de siete periodistas durante la preparación de los “números piloto” de un diario, los números cero.
“Desde hace 40 años reflexiono y discuto sobre los límites y las posibilidades del periodismo”, confesó Eco en una larga charla con el periodista antimafia italiano Roberto Saviano en la cual ambos analizaron las carencias y los abusos de los medios de comunicación y de las redes sociales en internet.
A diferencia de su novela El cementerio de Praga, en la que a través de un texto inventado, el Protocolo de los Sabios de Sión, se demoniza a todo un pueblo y una religión –una escalofriante antología de la injuria al diferente–, ahora Eco sitúa al lector en la Italia de 1992, año del escándalo por corrupción descubierto por el operativo Manos Limpias: Las investigaciones judiciales derrumbaron entonces a toda una clase política, lo que significó el fin de la llamada Primera República y el nacimiento del “berlusconismo”, la era protagonizada por el controvertido magnate de las comunicaciones Silvio Berlusconi.
Como emblema de esa fase histórica, Eco cuenta por capítulos –que corresponden a fechas específicas– las reuniones de los integrantes de una redacción, celebradas en el lapso de un año. Ellos trabajan en torno a un periódico que está por salir, Domani (Mañana), financiado por “el Comendador” Vimercate, “nuevo rico” propietario de canales privados de televisión, en una clara alusión a Berlusconi (llamado en Italia el Cavaliere), patrón de la derecha italiana durante 20 años.
Para realizar los borradores del diario se confeccionan y escogen noticias particulares, aquellas que sirven para sembrar dudas, para calumniar a enemigos y poderosos y luego chantajearlos y entrar a formar parte de su círculo, en un retrato perfecto de lo que Eco llama la “maquinaria para enlodar”.
Un ejemplo de ese sutil estilo de manejo del poder: la investigación que ordena el director del diario, Simei, sobre un juez intachable que a su vez indaga acerca de un célebre caso de millonarios sobornos en una casa de reposo para ancianas de una de las sociedades del patrocinador del diario.
“¿Usa calcetines de colores, anaranjados, verde esmeralda? ¿Tenis también? ¿Es un dandi o uno de esos hijos de las flores? Quizá fuma mariguana. Esta es la conclusión a la que deben llegar los lectores. Trabajen ese tema. Saquen un retrato lleno de sombras oscuras. Y acabemos con él como se debe. De una noticia sacamos una noticia. Y sin mentir”, explica Simei en una de las reuniones de mayo.
Autor de best sellers que han dado la vuelta al mundo –El nombre de la rosa, El péndulo de Foucault, La misteriosa llama de la Reina Loana–, Eco escribe por primera vez de una época reciente, aunque recurre a sus tramas preferidas: confabulaciones, falsos mitos, planes oscuros, espionaje y contraespionaje y lo que está detrás: la “dietrología”, como dicen en Italia.
El año crucial
Uno de los protagonistas de la novela, Colonna, no es, como en otras obras de Eco, un refinado pensador, sino un simple periodista fracasado que está por cumplir 50 años, un perdedor innato que ha trabajado para diarios locales y que corrige novelas de otros. Pero ahora cree haber encontrado el trabajo que le podría cambiar la vida: jefe de redacción de Domani.
Encargados de crear noticias, suscitar reacciones, cuestionar verdades, generar sospechas, los reporteros de Domani ofrecen verdaderas lecciones de mal periodismo y cumplen su cometido sin saber que el diario no saldrá jamás publicado y sin sospechar que éste es sólo un arma infalible de chantaje.
“Para mí es un manual de la comunicación de nuestros días”, resume Saviano, quien considera que las redes sociales han multiplicado esa forma de enlodar iniciada en los noventa, llegando a generar verdaderos “monstruos”.
“Quise dar una imagen grotesca del mundo. Aunque el mecanismo de la máquina para enlodar, de lanzar insinuaciones, se usaba ya durante la Inquisición”, explicó Eco, quien de alguna manera señala al magnate de las comunicaciones y exprimer ministro Berlusconi, por considerarlo emblema de esa era marcada por la combinación de chismes con información, vida pública y vicios privados, de bunga-bunga (orgías) con crisis económica.
“Escogí 1992 porque considero que ese año marca el momento de un declive en la historia de la sociedad italiana”, admitió Eco en una entrevista con el diario Corriere della Sera al referirse a un año crucial para Italia que abrió el camino a la entrada en la política del magnate de las comunicaciones.
No es la primera vez que Eco inculpa al Cavaliere de ser la vanguardia de una “nueva forma de liderazgo populista-democrático”, como escribió en uno de sus artículos para la revista L’Espresso, aunque en esta ocasión prefirió ilustrarla a través de 200 páginas de ficción, que se inspiran en muchos hechos reales pero también en leyendas, en teorías estrafalarias, que terminan por crear y entrelazar verdades y mentiras.
En el libro, el semiólogo se divierte cuando –con ironía– aborda el uso del lenguaje y su capacidad para desfigurar o subvertir el sentido de lo escrito o lo dicho, un tema que ha analizado en sus ensayos y que en esta ocasión ilustra con frases hechas y lugares comunes del periodismo, con sus contradicciones y malabarismos lingüísticos.
“El lector no entiende y se espera que lo informen con las frases que está acostumbrado a escuchar”, reconoce Colonna, quien dedica una reunión entera a ofrecer la lista de frases cliché del periodismo italiano, como “en el ojo del huracán”, “salir del túnel”, “un duro revés”, “con el agua al cuello”, “ingente esfuerzo”, “tomar cartas en el asunto”, “el político clama”…
Gracias a los delirios de un redactor paranoico, Romano Bragadaccio, Eco aborda hechos y personajes de los últimos 50 años de historia de Italia, como la organización paramilitar clandestina Gladio, fundada contra la hipotética invasión de la Unión Soviética; ofrece una versión del presunto asesinato del papa Juan Pablo I; revela quiénes son los cómplices de las Brigadas Rojas que trabajaban para los servicios secretos; habla de los tentáculos de la CIA y hasta de la existencia de un falso cadáver de Benito Mussolini con el cual lograron salvar al dictador para que pudiera vivir tranquilamente en Argentina.
En todas estas historias el lector no logrará determinar si se trata de hechos inventados o la descripción de la realidad, según reconoció el mismo escritor.
“Este libro revela a la perfección los mecanismos de la llamada maquinaria del fango, del mal periodismo”, explicó Elisabetta Sgarbi, directora de Bompiani, la editorial que ha publicado la mayoría de las siete novelas y 43 ensayos de Eco.
Número cero, cuyo título original era Es la prensa, querido, si bien figura entre los más vendidos en Italia desde su lanzamiento a inicios de enero, ha decepcionado a algunos de los lectores de Ibs, página web especializada en literatura, que le reprochan la superficialidad en la trama aunque reconocen que de todos modos se trata de una gigantesca metáfora sobre el mundo de la información de nuestros días.








