Señor director:
Le ruego dar cabida a la presente carta, dirigida al director del Hospital General Regional Número 1 “Doctor Carlos McGregor Sánchez Navarro” del IMSS, Carlos Ernesto Castillo Herrera, así como al subdirector, Normando Cano Manzano.
Estimados doctores: Hace unos días ingresé a Urgencias con un fuerte dolor y ardor en una hernia inguinal-crotal del lado derecho. Me pasaron a una sala con sillas en el pasillo para que me tomaran muestras de sangre y me colocaran suero.
El doctor César Zecchini –internista de Cirugía General– me auscultó el vientre, y al notar la inflamación y mis quejidos, dijo que “era necesario operar de emergencia”.
Así, me subieron al cuarto piso e instalaron en la cama 441 con un suero y medicamentos colgados de un perchero. Pasaron las horas y nadie informaba nada de lo que estaba ocurriendo a mi alrededor –yo me hallaba postrado en la cama con dolores y con el “chipote” que no bajaba de volumen. Por fin, alrededor de las 10:00 horas, pasaron a informarme que no me iban a llevar al quirófano hasta el día siguiente.
Al día siguiente, al llegar el doctor Zecchini, me dijo: “Don Gonzalo, la operación de la hernia ya es secundaria; ahora vamos a hacerle un estudio de endoscopia, para ver por qué está sangrando al evacuar”. Me trasladaron en silla de ruedas al tercer piso, y ahí estuve casi tres horas esperando turno, pues había otros pacientes en la fila.
El 7 de enero en la mañana se presentaron los doctores Zecchini y Reyes. A éste, Zecchini le explicó su decisión de dejar en “segundo término” la operación de la hernia inguinal…” pues ya iban “disminuyendo el dolor y la inflamación”. Pasó junto a mí el doctor Reyes, me descubrió, me apretó la zona afectada y me hizo lanzar un fuerte grito… Entonces, con voz enérgica, le dijo al doctor Zecchini: “¡Hay que operar la hernia, ya!”.
Por cierto que para entonces los estudios que habían hecho en Urgencias ya no servían, pues debían hacer unos nuevos para programar mi ingreso al quirófano al día siguiente… Total, el 7 de enero llegó la doctora Cuevas y me informó que el día 8 a las 8:00 horas me operarían y que me llevarían en camilla al quirófano como a las 6:30.
Al llegar al quirófano, la doctora Selene, encargada de recibir a los pacientes “programados”, dijo que al suscrito, Gonzalo Martínez, no lo tenía en su lista y, en consecuencia, no me podía admitir…
Entonces intervine y le expresé: “Anoche me visitó la doctora Cuevas y me hizo firmar un documento en el cual aceptaba toda la responsabilidad de la operación quirúrgica, y mi hermano Arturo, que estaba conmigo en ese momento, también firmó de común acuerdo”.
“Ah, bueno, solamente porque no tengo ningún paciente en espera lo voy a dejar pasar”, respondió. Y así fui admitido. Estuve acostado en la camilla más de dos horas sin que nadie me informara nada, hasta que por fin me llevaron al quirófano.
La intervención fue un éxito y a las 12:30 p.m. me condujeron a la sala de “recuperación”, donde me tuvieron más de cuatro horas, pues los “camilleros” habían hecho una manifestación, protestando porque les asignaban personas que no eran sus pacientes ni pertenecían a su piso…
Enseguida pregunté a Ulises, el encargado de la sala de recuperación, cuándo me llevarían a mi cama, ya que mis familiares me estaban esperando desde las 8:00 de la mañana… y no sabían cómo salí de la operación. (¡Qué barbaridad! ¡La burocracia médica y sus enfermeras en todo su esplendor!)
Por lo demás, qué pena que ningún sanitario tiene papel, no hay cobertores –uno tiene que llevar los propios; si no, se muere del frío–. Parece que las enfermeras y sus colegas son expertos en dar disculpas, mientras sus jefes arguyen que no tienen suficiente personal. En fin… (Carta resumida.)
Atentamente
Gonzalo Martínez Álvarez
0149 34 0228 5M34PE
(cama 441; edad, 80 años)








