“Malacrianza”, hito histórico para el cine de El Salvador

El salvadoreño Arturo Menéndez se inspiró en un caso verídico de extorsión padecido por una familia en su país natal para filmar Malacrianza, largometraje que recrea con pinceladas de ficción dramática y suspenso una dolorosa realidad, común a nuestra geografía, según narra el cineasta a Proceso: “Las extorsiones no sólo ocurren en El Salvador sino en toda Latinoamérica donde hay mafias, como en México”.

Malacrianza, escrito y dirigido por Arturo Menéndez, se convierte en el primer largometraje de ficción que se produce en El Salvador desde 1969, y también es el primer filme de ese país que recibe difusión internacional, marcando un precedente en la historia de esa cinematografía.
En distribución a nivel mundial participa Itaca Films/Independent de México, Sivela Pictures de Canadá, Meridiano 89, con sede en Los Ángeles, Estados Unidos, y El Salvador, y Unos Cuantos Perros, de El Salvador.
Además la trama se centra en la extorsión, una realidad de miles de salvadoreños quienes son asechados por la violencia y la inseguridad. Trata de don Cleo, un humilde vendedor de piñatas, a quien un día le llega una nota de extorsión por una cantidad muy alta y al verse sin dinero para pagar, decide  salir a buscar esa cantidad con amigos, familiares y conocidos.
Pero sólo cuenta con 72 horas.
Tras varias negativas y enfrentando sus problemas personales, decide no seguir huyendo del miedo y afronta cara a cara a los supuestos autores de la nota de extorsión, pero el desenlace es una triste sorpresa.
Menéndez, vía telefónica desde San Salvador, recuerda que tras la narración personal de quien pasó por esa mala experiencia, decidió narrar ese problema en la pantalla grande:
“Todo lo que se cuenta en la película pasó, sólo que yo lo dramaticé un poco. La misma víctima que me contó su situación me dio la idea de que podría ser un filme. Me pidió que no se pusiera su nombre y se fue del país. Fue muy fuerte lo que le pasó. A mí me pareció una historia muy cinematográfica y fue así como decidí meterme en esto. Las extorsiones no sólo ocurren en El Salvador sino en toda Latinoamérica, donde hay mafias, como en México.”
–Es decir, ¿Malacrianza refleja la violencia en la que está sumergida Latinoamérica?
–Sí. Existe un problema tremendo. La sociedad tiende a señalar siempre a la misma gente, en el caso de El Salvador todos los problemas del país están relacionados con las pandillas, entonces todo lo que pasa está relacionado con ellos, los culpables son ellos. En la película trato de poner sobre la mesa que el conflicto empieza dentro de los hogares; entonces, hay que solucionar antes eso, se debe educar bien a los hijos. Es urgente la investigación de qué es lo que pasa en la familia.
Malacrianza tuvo su estreno internacional en septiembre pasado en el Festival de Cine Latino del AFI en Washington. Luego se proyectó en la sección no competitiva En Sociedad, de la edición 36 del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano que se efectuó del 4 al 14 de diciembre de 2014, en la ciudad de La Habana, Cuba.
La trama es protagonizada por los actores en orden de importancia: Salvador Solís, Karla Valencia, Rodrigo Calderón, Héctor Vides, Herberth de Paz y Leandro Sánchez. Se rodó en San Salvador.
De la realidad al
drama y el suspenso

Ubicada en los géneros drama y suspenso, Malacrianza fue una empresa complicada, explica Arturo Menéndez:
“Fue laborioso escribir el guión, sobre todo porque cambié ciertas situaciones ya que está persona me pidió protegerlo lo más posible. Que no se entendiera en qué lugares estuvo y con quiénes. Por eso fue complejo, pero no difícil.”
Recuerda que desde adolescente deseaba hacer cine y ya ha rodado cortometrajes:
“Esta ficción de suspenso la empecé a escribir después de crear un corto en 2009 que se llama Cinema libertad, con el cual pude estar en Berlín y muchos festivales más. Se dio la oportunidad de escribir Malacrianza con pocas locaciones, muchos exteriores, pocos personajes y así la estuvimos promoviendo.”
En eso, se involucró Andre Guttfreund, cineasta salvadoreño y el único centroamericano ganador de un Premio Óscar en 1977, quien entró al proyecto como productor creativo.
“No encontramos plata, pero la hicimos como pudimos y después de tres años de lucha, incluso de cambiar mucho el guión, de tener muchas versiones y de dedicarnos a otras cosas para poder sobrevivir, ya nos lanzamos de lleno. Meridiano 89 nos prestó el equipo y le apostaron. El actor principal Salvador Solís también le apostó al proyecto y así lo fuimos sacando.”
Reitera el hijo del salvadoreño César Menéndez, pintor de renombre internacional:
“Al principio no teníamos recursos y conforme fue pasando el tiempo la gente volteó a ver la película, pues notaron que había algo interesante. Fue así que pudimos terminarla. Entonces, México interviene. Nos volteó a ver Santiago García Galván y Alex García con Itaca Films. Me llevó tres años todo el proceso.”
–¿Por qué es el primer largo de ficción desde 1969?
–Afectó la guerra. En los años sesenta empezó un movimiento cinematográfico, se hizo un largo, Los peces fuera del agua, de José David Calderón, y después, en los setenta, se filmaría otro; pero dada la situación de la nación, se cayó la inversión y nunca se pudo hacer otro proyecto. Lo que si surgió fue un movimiento de cineastas documentalistas que se desarrolló desde 1978 hasta 1992, en formatos betamax, betacam y súper 8 se realizó un sinnúmero de filmes.
“El cine de ficción se dejó a un lado, porque además requería de mucha inversión. No teníamos una cultura de teatro ni de actores, hasta hace muy poco se empezó a montar teatro y surgieron más actores. Incluso, ya hay escuelas de teatro; pero en aquel tiempo era muy difícil por la guerra. Incluso los actores sufrían mucho acoso por parte de la policía, las fuerzas especiales, porque decían su profesión, que eran artistas y enseguida los perseguían. Y mucha gente se fue al exilio; entonces, fue muy difícil.”
En la guerra civil, se enfrentaron el ejército gubernamental –la Fuerza Armada de El salvador (FAES)– en contra de los insurgentes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Pero esta nación vivió un ambiente de crisis política y social durante la década de los setenta.
Malacrianza no se ha estrenado aún en El Salvador, y se calcula lo haga por abril o mayo próximo. A decir de Menéndez, existe mucha expectativa:
“La gente se ha volcado a preguntarme… También todos a veces se enojan porque no se ha mostrado acá. Me cuestionan por qué se estrenó primero en Estados Unidos  y Cuba, y me toca explicar que es por el proceso de festivales a los que uno va, hay que esperar un poco. Existe mucho interés por verlo. Incluso cuando ven el tráiler se preguntan: ‘¿Aquí hay actores así?’, ‘¿aquí hay gente que hace eso?’. Es muy interesante la reacción.”
–¿Cómo vio la reacción en los festivales de Washington y Cuba?
–Todo ha sido muy positivo. En Washington fue una bomba, porque  allí radica la comunidad más grande de salvadoreños. Toda  esa gente nunca se había visto en la pantalla, nunca se habían escuchado, y que por primera vez se vieron, fue muy emocionante.
“Me externaban: ‘¡Me hizo llorar!, o ‘¡Allí en esa esquina yo vivía!, las críticas fueron muy buenas y en Cuba llegó mucha gente. Hasta ahora no ha recibido ningún comentario negativo y estoy muy contento por eso.”

Muerte cotidiana

–Pero la película es fuerte, ¿dolerá en su país?
–Sí, aquí va a incitar controversia por ciertos temas que se abordan. Va a dar de qué hablar. Hay tópicos muy escabrosos, pero espero que la gente asista y que se dé un diálogo con la película. Y que los jóvenes vean que se pueden realizar proyectos así, que es cuestión de trabajo, de tiempo e incluso, que aún si no se tienen los medios se pueden sacar las cosas adelante.
–¿Qué temas causarían escozor?
–La guerra, para empezar. Los jesuitas, monseñor Óscar Arnulfo Romero, quien fue asesinado el 24 de marzo de 1980 mientras celebraba una misa, y la ultraderecha… todo siempre ligado a la violencia, por desgracia  son situaciones que nos invaden.
“Todavía hay muchas heridas en este país. Espero que con el cine se diluyan un poco.”
Para esta su ópera prima, Menéndez efectuó una ardua investigación:
“Consulté diarios. La extorsión la vivimos a diario en el país. Donde vivo es una zona dominada por una pandilla, la cual nos protege. Aquí no nos pasa nada por eso, lo cual es contradictorio. No se llama a la policía, si algo llega a ocurrir, se les llama a ellos. Es feo lo que cuento, pero es así. Y la extorsión es el pan de cada día.
“Para nosotros ver un muerto en la calle mueve a decir: ‘¡Algo hizo!’. Ya es como normal ver la muerte, nos hemos acostumbrando a eso. Para mí, hay un punto de referencia: es obligatorio leer el faro.net en internet, siempre estoy ahí viendo lo que está pasando, sobre todo en una página que se llama La sala negra. Uno se va dando cuenta de que todas estas historias que pasan son aterradoras. Me atrevo a decir que este tipo de relatos nos atrae; la sangre o la muerte, pero porque son parte de nuestra vida.”
–¿Qué opina que México de alguna manera esté reflejado en su cinta, pues aquí hay también mucha extorsión?
–Tuve la oportunidad de radicar en México más de un año al terminar la película y es muy similar este conflicto. Lo de los estudiantes normalistas de Guerrero es muy doloroso. Cargamos los vicios y malas costumbres de quienes a lo largo de los años nos han gobernado. La corrupción e injusticias sociales son como una tradición en toda Latinoamérica. En breve, Malacrianza se estrenará en México.
Termina al exaltar:
“Toda la historia pasada es lo que está provocando que nuestra  Latinoamérica se sumerja en su sangre.”