Inagotable Neruda: un nuevo libro

Los lectores de Pablo Neruda en todo el mundo están de plácemes. Un nuevo libro de poemas de su autoría ha comenzado a circular por Seix-Barral bajo la mirada de Darío Oses y Pere Gimferrer: Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos. Se trata de 21 textos, escritos entre diciembre de 1952 y enero de 1973.

I

“Publicarán mis calcetines”, escribió Pablo Neruda en “Testamento de otoño”, uno de los poemas centrales de Estravagario.
Y casi ha sido así.
Además de los siete libros que el propio Neruda había preparado con la intención de publicarlos en 1974 para celebrar su septuagésimo aniversario (El mar y las campanas, Dos mil, Elegía, El corazón amarillo, Jardín de invierno, Libro de preguntas y Defectos escogidos, todos impresos, por desgracia, póstumamente), han aparecido después más de quince entre los que se cuentan:
Sus memorias (Confieso que he vivido), sus artículos y ensayos dispersos (Para nacer he nacido), su poesía y prosa de juventud (El río invisible), su correspondencia con su hermana Laura, con Albertina Rosa (la inspiradora de los Veinte poemas de amor y una canción desesperada), con Héctor Eandi (su confidente argentino durante los años en que Neruda vivía en el Oriente), con Gabriela Mistral, con Jorge Edwards… en fin.
Pero quién se queja. Cuando uno admira a un poeta quiere leer todo lo que escribió. Hasta la lista con que se preparó para ir al mercado. Neruda, por lo demás, es uno de los pocos poetas a los que cabe aplicar sin equívoco la tan derrochada palabra “extraordinario”, sencillamente porque lo es. Y la publicación de cada nuevo libro suyo o referido a él emociona a quienes lo amamos.
Así, cuando el 18 de junio del año pasado se publicó en la prensa chilena que en la Fundación Pablo Neruda habían encontrado una veintena de poemas inéditos, la noticia llenó de alegría a los nerudófilos de todo el mundo. Igual que El Cid, el gran poeta seguía cabalgando después de muerto.
No obstante, uno recibe este tipo de noticias con un grano de sal. Cuando se publicó El fin del viaje, en 1982, el júbilo que el libro suscitó se diluyó un poco cuando se vio que incluía una buena parte de cosas ya conocidas. Y la noticia llegada desde Santiago provocó al mismo tiempo la duda sobre el valor del hallazgo. Si Neruda no había decidido la inclusión de esos inéditos en ninguno de sus libros, ¿contaban con la suficiente calidad para ser publicados ahora?
Hoy, que tenemos el libro en las manos, la duda se despeja por completo, y su contenido lleva al lector a celebrar el descubrimiento de los veintiún poemas que el sello Seix Barral presenta bajo el título de Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos. Quizás hay tres o cuatro que podrían haberse excluido sin merma del conjunto, sobre todo porque tienen un carácter fragmentario, pero no es una mala decisión de los editores haberlos integrado.
Los editores, por cierto, son dos escritores estupendos: Darío Oses, narrador y ensayista chileno, director de la biblioteca y del archivo de la Fundación Neruda, y el poeta y ensayista catalán Pere Gimferrer, director de Seix-Barral.

II

Entrevistado aquel 18 de junio, un mes antes del aniversario natal del poeta, Darío Oses opinaba que tal vez Neruda no había incluido en sus libros ninguno de los poemas encontrados simplemente por descuido.
“Hay un poema –explicaba Oses–, ‘Los Ríos’, que no aparece en la primera edición de Canto General, pero sí en las posteriores. Cuando, en su momento, se le preguntó a Neruda por qué no aparecía en la primera publicación, el poeta respondió sorprendido: ‘¿Cómo que no aparecía?’.”
Los poemas de Tus pies toco en la sombra… fueron escritos entre diciembre de 1952 y enero de 1973. No están ordenados de manera cronológica, sino temática. Una primera sección agrupa media docena de “Poemas de amor”, y la segunda conjunta quince más bajo el sencillo rubro de “Otros poemas”.
Es curioso que se haya dado preeminencia a los poemas de amor, que en realidad son la parte más floja del libro, salvo por los poemas 4 y 6, los más extensos, no se siente que su publicación dé mayor lustre a la corona del siempre joven monarca de nuestro idioma. Cabe suponer que se trata de un homenaje a Matilde Urrutia, a cuyo empeño se debe la existencia de la Fundación Pablo Neruda, así como gran parte del trabajo de edición de los libros póstumos de Neruda entre 1975 y 1984.
Matilde Urrutia fue la devota conservadora de los papeles de Neruda y eso es visible precisamente a través de la Fundación misma, cuyo archivo acusa de manera muy clara un antes y un después de la aparición de la “chascona” (sinónimo de “despeinada”), como la llamaba Neruda.
A diferencia de la segunda esposa de Neruda, la cosmopolita pintora argentina Delia del Carril (veinte años mayor que él), activa militante del Partido Comunista Francés, dueña de una intensa vida personal y ajena a cualquier estereotipo de esposa hogareña, Matilde conoció al poeta cuando su renombre ya se había extendido por todo el mundo, y la admiración por su obra y el cuidado de su persona se convirtieron en los ejes de su amor. Mientras que a Delia del Carril los papeles de Neruda deben haberle tenido sin mucho cuidado, para Matilde Urrutia eran parte de su sentido vital. Fue ella quien dio comienzo a la ardua tarea de ordenar los originales de los más de 4 500 poemas de su amado Pablo. Aunque sólo hasta el 2011 la Fundación comenzó a clasificar, uno por uno, cada original manuscrito y mecanoescrito. Si no fuera por ella probablemente no existiría el libro que comentamos.
Pero éste cobra verdadero vuelo gracias a los hermosos poemas que integran la segunda parte. La mayoría de ellos podría haber cabido perfectamente en cualquiera de los cuatro libros de odas elementales que Neruda publicó entre 1954 y 1959, y son muy diversos: lo mismo se ocupan de la primavera que de los majestuosos Andes, del descanso que corona el ejercicio de los variados oficios y pasiones de nuestro mundo que de los cosmonautas rusos que orbitaron la Tierra en 1962, o bien denuncian la invasiva presencia del teléfono en la vida cotidiana. En otro, el poeta maduro mira al muchacho que fue y se sorprende de verse “tan tonto/ tan remoto […] recién llegado de provincia”, y se aconseja mirar y tocar las cosas, convertirse en un buen fogonero en vez de “presumir de pluma,/ de argonauta,/ de cisne,/ de trapecista entre las frases altas…”

III

El trabajo de edición es excelente. El prólogo de Darío Oses explica con claridad y precisión cómo fue que se encontraron, cotejaron y transcribieron los poemas. Rigor y escrúpulo siempre. Pere Gimferrer presenta al lector las dudas y reparos que surgieron y cómo los enfrentaron. Es magnífico, por lo demás, que un poeta que cuenta con una obra de tanta calidad como la suya diga que la de Neruda le parece “ininterrumpidamente admirable (nunca creí en su presunta desigualdad)”, porque nunca ha faltado quien diga que Neruda sí, pero…
Neruda, como le dijo Octavio Paz al escritor chileno Jorge Edwards en una conversación telefónica que éste registra en Adiós, poeta –su personal y muy interesante rememoración de su compatriota–, “es el mejor poeta de su generación. ¡De lejos! Mejor que Huidobro, mejor que Vallejo, mejor que Borges. Y mejor que todos los españoles…”
Sólo hay una pequeña grieta en el espléndido trabajo de anotación y comentarios que realizan Oses y Gimferrer. A los dos se les escapa el sentido del poema 21, el último del conjunto, que encuentran críptico y enigmático.
Neruda menciona en el primer verso los nombres de Roa Lynn y Patrick Morgan y ambos piensan que tal vez se trata de una alusión a los mascarones de proa que Neruda bautizó como Jenny Lind y Henry Morgan, que se encuentran en la casa que Neruda tenía en Isla Negra.
En realidad el poema es una suerte de reflexión o comentario poético que le suscita a Neruda la lectura de una curiosa nota anónima, publicada a principios de mayo de 1968 en el semanario argentino Primera Plana, la revista fundada por el periodista Jacobo Timerman, la que publicó durante años la tira cómica de Quino, Mafalda. Como es una nota más bien breve y divertida que ayuda a comprender mejor el contenido del poema, la transcribo completa:
“POETAS. Sin proponérselo, y a un nivel desusado, el Buenos Aires Herald hizo las veces de casamentero: una entrevista publicada hace dos semanas culminó en matrimonio. Cuando Patrick Morgan leyó, el 13 de abril, el reportaje en que la poetisa norteamericana Roa Lynn Lanou hablaba de sí misma, de su país y de la favela brasileña donde vivió un tiempo, pidió a su secretaria que le consiguiera el teléfono de ella. ‘Voy a casarme con esa chica, le dije a mi secretaria –recuerda Morgan, gerente de ventas do Brassovora y versificador a ratos perdidos–. Me contestó que yo estaba loco’. No lo estaba, sin duda. El martes 16, Patrick y Roa se conocieron en el Golf Club, en Palermo; luego de almorzar, se leyeron sus poemas y ‘pasaron la tarde citando a Shakespeare’. El viernes 19, día en que Roa proyectaba viajar a Chile, los novios se fueron a Montevideo y allí se casaron. E1 lunes 22, Roa se instalaba en su nuevo hogar, una casa del Barrio Norte, en la Capital; el martes, envió a sus padres, en Ohio, un cable de 30 palabras con la noticia.”
El pecado venial de Oses y de Gimferrer fue no haber tenido la peregrina idea de acudir a Google y ver qué pasaba si escribían en el buscador los nombres de Roa Lynn y Patrick Morgan.