De José Enrique González Ruiz

Señor director:

Le agradeceré difundir este breve texto.
Conocí a don Julio Scherer cuando yo era responsable de la Universidad Autónoma de Guerrero. Recién acababa de fundar la revista Proceso, luego de la trastada que le hizo Luis Echeverría Álvarez al organizar la asamblea de la  cooperativa de Excélsior que lo destituyó de la dirección del diario que entonces era el más importante del país.

Me platicó que, después del golpe de mano que le dieron, algunos cooperativistas habían ido a verlo para decirle que estaban arrepentidos de su traición. Él no quiso tranquilizar de gratis sus conciencias, ya que siempre les contestó: “Haz público tu arrepentimiento, pues yo cambio 10 perdones privados por uno público”.

Luego he seguido semana a semana la revista Proceso, que se convirtió en la catedral del periodismo mexicano. Si tuviera orden en mi amontonadero de libros, revistas, grabaciones y videos, diría que tengo la colección completa. De lo que sí puedo presumir es que conozco el trabajo de don Julio y lo valoro entre lo más importante que se ha producido para dar a conocer este país. Para entender México y escribir su historia es indispensable conocer Proceso.

Me contó también el intento de Salinas de Gortari de trascenderlo, o sea, de hacerlo a un lado. Y de la digna actitud de Vicente Leñero, quien respondió al presidente: “Proceso es Scherer, y no hay forma de que se le pueda trascender”.

El vacío que deja don Julio es inmenso, pero también la enseñanza que hereda. El quehacer de toda la intelectualidad mexicana se ha enriquecido con su legado.

Gloria imperecedera al periodista ejemplar.

Atentamente

José Enrique González Ruiz