Don Julio Scherer tenía 39 años cuando publicó su primer libro en el año de 1965. Y fue sobre un artista, apasionado, audaz, contradictorio y activista político: David Alfaro Siqueiros. Sin detallar el origen de su interés por el pintor mexicano, Scherer sugiere en el prólogo su insistencia y paciencia por entrevistas que sólo tuvieron tiempo “En prisión, lejos de los murales, sin mítines, sin reuniones, encerrado en una caja de zapatos”.
Dividido en 52 breves textos que fusionan pasado y presente del entrevistado con la sensible mirada del entrevistador, el libro Siqueiros. La piel y la entraña, descubre la profunda agudeza que, desde joven, tuvo don Julio para escudriñar y comprender el alma del otro y de los otros. Producto de encuentros mantenidos durante la reclusión de Siqueiros en El Palacio Negro de Lecumberri (1960–1964), la publicación devela dos aspectos esenciales del pensamiento de Scherer: la reflexión sobre la dualidad humana y la importancia de “los hechos menudos, hasta insignificantes (…) para entender algo de lo que ocurre en el interior de un hombre”.
Escrito como “el apunte de un carácter”, su primer libro confronta al periodista con la mitificación social y valoración personal del protagonista:
“En un principio experimenté un sentimiento de disgusto por la página escrita y pensé, inclusive, en modificarla o suprimirla (…) Siqueiros es grandilocuente venga o no al caso (…) ¿Esto lo reduce? Yo creo que no (…) Es vanidoso como mitómano fue Diego Rivera y adusto José Clemente Orozco (…) ¿No será la vanidad una de esas fuerzas menores que lo conducen a buscar la originalidad, que contribuyen a precipitarlo en todo tipo de audacias, que explican en parte sus continuos desafíos en los más variados terrenos de la conducta? Pero si la vanidad integra a Siqueiros, también oscurece su personalidad. ¿Cómo deslindar en qué momento actúa por convicción y cuándo lo mueve su desmedido amor por sí mismo?”
Sin restringirse a un modelo biográfico o trayectoria antológica, las narraciones de Scherer, sin referencias de fechas, se perciben como cortes ahistóricos de una vida que, como muchas otras, fue construida con base en hechos, recuerdos, fantasías y ensueños: La admiración por la hombría de su abuelo y la conflictiva relación con el conservadurismo de su padre, la cariñosa y a veces desesperada dependencia con su esposa Birucha o Angélica, la discreta desaprobación por la perversidad machista de Diego Rivera con Angeline Beloff, la generosidad con la gente humilde, la solidaridad con los presos, la excitación de la inspiración creativa, el absurdo de la mojigatería mexicana, la ignorancia del adinerado comprador de arte que utiliza las pinturas para disimular la puerta de una caja fuerte.
Notoriamente humanistas en su interpretación, los textos de Julio Scherer develan la sensibilidad de un periodista que, lejos de condenar a los presos, se conmueve por esas carencias e ignorancias que los llevaron a delinquir. Atento a detalles tan insignificantes como los zapatos –“negros, cafés, amarillos, de dos colores, puntiagudos, chatos, viejos, flamantes, recién boleados o sucios como si hubiesen recorrido el mundo”– que, a diferencia del uniforme, no les da el Estado, Scherer observa y define a los compañeros de Siqueiros como una población rencorosa y triste que, en la soledad, “acariciaría a las piedras si palpitaran”.
Discretamente admirador de la capacidad de acción y demasiado romántico en su definición de arte, Scherer señala a Siqueiros como lo contrario de un contemplativo:
“Cree en las formas activas (…), cree que el arte ha de reproducir seres apasionados y una naturaleza donde sople el viento y reinen el frío y el calor.”
En el texto dedicado a la amistad de Siqueiros con el compositor y pianista George Gershwin, el periodista afirma que el juego de los contrarios es la clave de todo arte, esencia de cualquier drama y raíz de este mundo inagotable y profundo.
Un juego que, con una ética irreprochable, Julio Scherer se atrevió a jugar desde ese primer libro que no fue dedicado a un político, sino a un artista, hombre y pintor.








