En recuerdo de Scherer

Julio Scherer ha fallecido. Nos deja desolados en un vacío terrible. Supo erigirse en la conciencia periodística nacional, tarea enorme, valiente, en un país donde privan impunidad y corrupción extendidas.

Scherer, estudioso del derecho, la filosofía y la literatura, unía a su talento irrepetible una visión tercamente progresista, crítica de la sociedad mexicana, así como una limpísima honestidad intelectual, política y de cualquier otro género.

Junto a sus colegas Granados Chapa, Vicente Leñero, Rafael Rodríguez Castañeda, entre otros, hacen de Excélsior el mejor periódico del país. Con Octavio Paz da nacimiento a la revista Plural y luego fundan Proceso, como trinchera o refugio de resistencia frente al autoritarismo entonces reinante. Sus múltiples libros, ensa­yos, reportajes, entrevistas, hablan de su valor cívico, de su trabajo público en defensa incesante de la justicia, de los derechos humanos y de su lucha contra la deshonestidad, los delitos, el crimen. En otro terreno Scherer, enemigo del boato, de la televisión, de los homenajes, hace de su vida un coto cerrado, como lo atestigua haber previsto un funeral familiar privado.­

El ánimo de Scherer estuvo dividido entre tesis públicas siempre de avanzada y un cierto conservadurismo en el ámbito privado. Julio Scherer cultivó como pocos el culto a la amistad y el amor a su familia. Así lo hemos experimentado quienes disfrutamos de su cercanía, así se desprende del texto de su hija María publicado en Letras Libres, y de las palabras de su hija Gabriela durante su prolongada enfermedad.

Es común rendir homenaje elogioso, frecuentemente excesivo, a la muerte de personas distinguidas. En mis palabras no hay exageración alguna. Hasta su muerte Julio Scherer fue el primer periodista de México, el mejor padre y el amigo irremplazable.­