Su abrazo

En enero de 2010 me enviaron a Puerto Príncipe a cubrir la devastación ocasionada por un sismo de 7 grados que sacudió a Haití, el país más pobre de América.

A mi regreso a México me reincorporé a mis actividades en Proceso. Una mañana, a mediados de enero, acompañé a mi compañero Raúl Ochoa a realizar una entrevista por el norte de la ciudad, cerca de Satélite. Acabábamos de terminar cuando recibí una llamada de Ángeles Morales, la asistente de la Dirección, quien me preguntó: “¿Benjamín, dónde te encuentras?”. Le dije: “Vamos saliendo de la entrevista.” “Vente rápido porque don Julio te quiere ver. Toma taxi o a ver qué hacen pero don Julio quiere verte lo más rápido que se pueda”. A los 30 minutos y todavía de camino, recibí otra llamada de Ángeles: “¿Qué pasó, por dónde vienen?”.

Apresurado, al fin llegué a la revista –ubicada en la Colonia del Valle, en el sur de la ciudad. Don Julio estaba platicando con Alejandro Caballero en la puerta de Proceso. Me paré enfrente de Scherer: “Aquí estoy, don Julio, ¿quería verme?”. Me vio y me dijo: “Mi hermano, quiero darte un abrazo y felicitarte por tu gran trabajo en Haití”. Me abrazó recio y le respondí: “Le agradezco mucho la atención, para mí es un honor este reconocimiento… ¿qué le pareció la foto de portada?”, le pregunté en referencia a la imagen que encabezó la cobertura del sismo. Me comentó: “Ésa era la foto, la del niño, la mirada del niño me atrajo, lo decía todo. Con ella se demostraba el dolor y la tragedia que sufrieron en ese pueblo tan pobre y tan lastimado. Fue una gran cobertura, te felicito. ¿Cómo te sientes?”. Me sentía bien, le respondí, y sobre todo por tener la oportunidad de ser parte de Proceso. Me abrazó y se despidió: “Mi hermano, estás en Proceso”. Subió a su auto y arrancó.

Al mes nació la exposición fotográfica El rostro de la tragedia, con un texto de presentación del director de nuestro semanario, Rafael Rodríguez Castañeda. La muestra continúa presentándose en diferentes estados del país y existen propuestas de que se lleve al extranjero.

Haber conocido a don Julio fue un privilegio: tener la oportunidad de estar en un medio de comunicación como éste, donde se le da la importancia que merece al periodismo gráfico, donde se pueden proponer temas y portadas con nuestro director, Rafael Rodríguez, y se siente un espíritu de hermandad en la redacción. Por esto y por la libertad de transmitir a través de una imagen la injusticia, la corrupción y los hechos que van marcando la vida de nuestro país, muchas gracias, don Julio. Seguiremos en pie.