De María Martha Ballinas Barbosa

Señor director:

Dirijo estas palabras al señor Santiago Cardoso Villegas:

Estoy convencida de la claridad y validez de sus postulados, que coinciden plenamente con lo expresado por el obispo Raúl Vera López y Javier Sicilia, entre otros.

En cuanto a la grave, gravísima situación en la que el Estado ha hundido a nuestro país, y ante el hartazgo y la desesperanza de presenciar el desmoronamiento de valores –como el respeto a la vida, a la libertad y a la dignidad del ser humano, anulada una y otra vez en cada “proceso electoral”, esa farsa de democracia cuyo costo estratosférico podría aplicarse a necesidades urgentes de la población–, pienso como usted: que ni los partidos ni las urnas serán una opción de cambio y reestructuración.

Me niego enfáticamente a avalar con mi voto la podredumbre y corrupción que caracteriza a la Mafia del Poder. Estoy segura de que la mayoría de los mexicanos deseamos dejar de ver a las mismas caras que integran todos los organismos de “gobierno” y que han envejecido, saltando de cargo en cargo, a través de los años. Me uno con usted, con ustedes, al boicot electoral, y a la creación de un nuevo Constituyente. ¡No más farsas electorales! ¡Vivos se los llevaron y vivos tienen que regresarlos!

Atentamente

María Martha Ballinas Barbosa

Respuesta de Javier Sicilia

Señor director:

Le agradeceré dar cabida al siguiente texto.

Mil gracias, queridos Martí Batres, Alberto Huesca, José Asunción Luna, Víctor Manuel Torres y María Martha Ballinas, por su interés en esta polémica sobre el boicot electoral. Es señal de la profunda crisis que viven el Estado y el país. Es señal también de la necesidad de encontrar soluciones impostergables que nos permitan salir del horror y reencontrarnos como nación.

A lo largo de estas semanas de acalorado debate hay dos posiciones irreductibles porque se sitúan en los extremos –es la única manera de situarse en un país que ha llegado a contradicciones insostenibles.

Por un lado están quienes afirman, con matices diversos, que el Estado y su sistema de partidos es una máquina monolítica, inamovible y eterna, a la cual simplemente hay que ajustar y aceitar para que recobre su función de garante de la justicia, la paz y la seguridad, y que la garantía de esa reparación se llaman Morena y Andrés Manuel.

Por el otro estamos quienes sostenemos, también con diversos matices, que el Estado y su sistema de partidos es una construcción histórica que entró en una crisis fatal de la que sólo podemos salir refundando la nación. Para ello es necesario desconocer esas instituciones corrompidas, criminales e inoperantes mediante un boicot electoral, la fundación de un Comité de Salvación Nacional y la creación de un nuevo Constituyente.

Para estos últimos –con el matiz de mi argumento–, el problema no es, como suponen los primeros, de personas –ojalá lo fuera; bastaría que salieran quienes usan al Estado para el crimen; pero hemos visto en los últimos años cambios de gobiernos que lo único que han hecho es ahondar el horror y mostrar la inoperancia y la decadencia del Estado–, sino de estructura. Los partidos, que se vuelven gobierno, “exhibieron este año, como nunca, su decadencia –expresó muy bien Raúl Vera nuestro sentir–; la clase gobernante, perpetuada a través de varias generaciones, es corrupta de origen, y lo ocurrido con los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, sumado a los escándalos de corrupción, plantea una sola vía para evitar que el desenlace sea violento: que la sociedad cambie la forma del Estado y su sistema político” (Raúl Vera , Es hora de un nuevo Constituyente”, Proceso 1991).

Frente a ese diagnóstico de la realidad, la ruta de las elecciones para el 2015 es una trampa que legitimará la corrupción y el crimen. En este sentido, no somos nosotros quienes, como señala Martí Batres, vamos ayudar con el boicot “al régimen de injusticia y desigualdad que nos oprime”; no somos nosotros los que, como sugiere el señor Morquecho, carecemos “de la comprensión política para cambiar (nuestra) situación personal y social”; no somos tampoco nosotros, como dice don Alberto Huesca, quienes al boicotear el voto propiciaremos que las delegaciones o alcaldías se las repartan “el PRI y el PAN, y si acaso (…) el PRD, igual de nefasto que los otros partidos”; ni somos nosotros los que, como afirma el señor Torres, seremos “partícipes de los privilegios” que, según él, yo mismo habría propiciado con mi “voto nulo en 2012”.

Son, por el contrario, ustedes quienes, al ir a las urnas y aferrarse a estructuras gravemente corrompidas, lo legitimarán. ¿O acaso ya se olvidaron de los fraudes de 1988, 2000 y 2006? Ustedes, Martí Batres, jugaron, cuando estaban en el PRD, con esas estructuras corrompidas y terminaron no sólo por perder, sino legitimando dichas estructuras, como lo hicimos también quienes entonces fuimos a las urnas.

¿Se han olvidado de las centenas de miles de muertos y desplazados, de las decenas de miles de desaparecidos a causa de las dos últimas elecciones que legitimaron la violencia? ¿Se han olvidado o no se han percatado de que el crimen organizado se convirtió en complejas redes que interactúan estrechamente con la política, los partidos, la economía y las administraciones locales, estatales y federales, en las que participan empresarios, banqueros, prestanombres, expertos en operaciones cambiarias, funcionarios públicos y líderes políticos? ¿Acaso ignoran que estos últimos han establecido vínculos criminales para que los recursos del Estado y de la seguridad, así como las decisiones de la administración pública, sirvan para la obtención de contratos públicos en favor de empresas aparentemente legales, para la protección de criminales y la neutralización de adversarios políticos; y que los ciudadanos, a través de la extorsión, el secuestro, la desaparición forzada y la trata, formamos parte de los intereses económicos de esas redes?

La sabiduría popular no se equivoca cuando afirma que el “hombre es el único animal que cae dos veces en el mismo hoyo”. Nosotros ya no estamos dispuestos a caer de nuevo en él. Hay demasiado horror, corrupción y sangre en su interior.

El boicot electoral es un acto profundamente democrático cuando las vías privilegiadas de las democracias se han desviado y convertido en una máscara tras la cual la corrupción y el crimen se justifican a sí mismos.

Ese acto democrático está echado a andar con los padres de Ayotzinapa a la cabeza; también el nuevo Constituyente, con don Raúl Vera como su promotor fundamental. Ojalá y quienes se aferran a la ilusión del Estado y los partidos, tan concreta como la muerte que nos rodea, tomen el camino de la refundación nacional. Morena sería verdaderamente eficiente allí. El país lo necesita, lo exige, lo prepara a fuerza de dolor y de hartazgo.

Atentamente

Javier Sicilia

Paz, Fuerza y Gozo