En algún rincón de Brooklyn con patios descuidados y charcos donde se refleja el puente, el taciturno Bob (Tom Hardy) atiende el bar del primo Marv (James Gandolfini), controlado por la mafia chechena para lavar dinero; la rutina del solitario barman, casa familiar y visita diaria a la parroquia del barrio, se complica cuando unos sujetos enmascarados asaltan el antro. En la maraña hay un cachorro de raza pitbull cruelmente apaleado que Bob rescata de la basura, una mujer que lo pone en riesgo, traición y giros inesperados.
A La entrega (The Drop; EU, 2013), resultado de un guion que el novelista Dennis Lehane adaptó a partir de un cuento suyo, y primera película que el belga Michael Roskam dirige para Hollywood, no le falta ninguno de los ingredientes del cine negro: almas atormentadas, dilemas morales, imágenes de decadencia del barrio neoyorquino, guetos de inmigrantes, dinero sucio, armas, crímenes, mujer peligrosa y su dosis de sangre.
La idea de la colaboración entre un realizador europeo (en sentido de aún no contaminado por Hollywood), con un escritor de culto como Lehane (Río místico) que no hace concesiones en el tratamiento de sus historias, era renovar el néo-noir; por lo menos así anunciaron en comentarios y entrevistas. Y claro, la renovación de un género sólo puede ocurrir a lo largo de dos polos, la desarticulación (deconstrucción tipo Mullholland Drive, o Pulp Fiction) o la exploración apegada al código a la manera de Scorsese (Taxi Driver). La entrega se asocia a esta segunda opción con el control de tono, formas y luces que reflejan un paisaje afectivo.
Pese a la carga de necrofilia, hay algo muy saludable en el cine negro, el nihilismo que lo caracteriza ayuda a descargar un poco de la zozobra y la sensación de inseguridad en épocas de crisis económicas y sociales. El dinero que pasa a montones por las manos de Bob y su primo es angustia pura; más segura es una pistola en mano que un fajo de billetes; nadie parece bueno ni inspira confianza; cualquier gesto humano, defender a una mujer acosada por un psicópata o rescatar a un perro y adoptarlo puede resultar tan nocivo como jalarle la cola a un tigre. Por si fuera poco, entre el lodo y la sangre, la posibilidad de redención no queda excluida.
El perrito maltratado, además de servir de resorte dramático que acerca a Nadia (Noomi Rapace) y desencadena el infierno con Deeds (Matthias Schoenaerts), es la metáfora adecuada para ilustrar la psique del protagonista, entre demonio y príncipe de cuento. Roskam teje estas relaciones sin pizca de sentimentalismo, la responsabilidad de sufrir por el animalito queda a cargo del espectador.
No es fácil afirmar que La entrega logre renovar el género; lo que sí es seguro es su manera de reafirmarlo, el talento del director para hacer sentir que la nube de corrupción y miedo, como el aire que se respira, afecta todo y a todos; la lección de Kazán en Nido de ratas está siempre a la mano. El humor y la ironía son la aportación de actores como Gandolfini o Hardy, capaces de reírse, sin risa, de sí mismos y de sus personajes.








