Ni héroe ni villano: la visión del vencedor

Una de las exposiciones más ambiciosas y polémicas del año se inauguró en Madrid en torno a la figura del conquistador de México. Con una perspectiva que rehúye posturas maniqueas y detalla más el papel histórico del hombre que los juicios éticos, la muestra Itinerario de Hernán Cortés explica el “mayor encuentro habido en la historia de la humanidad entre dos continentes”, en palabras del coordinador de la obra.

MADRID.- Martín Almagro-Gorbea, el comisario científico y coordinador general de la exposición Itinerario de Hernán Cortés, se dice satisfecho con esta muestra, que se presenta en el Centro de Exposiciones Arte Canal, en esta capital, con por lo menos 400 piezas tanto de España como de México, algunas nunca antes expuestas.

Pero para este arqueólogo del Cuerpo Facultativo de Museos, catedrático de la Universidad Complutense y anticuario perpetuo de la Real Academia de la Historia, lo relevante es que la exposición “supera la visión de la leyenda negra del conquistador o la visión romántica de Hernán Cortés. Va más allá, y lo ve como el artífice del mayor encuentro que ha habido en la historia de la humanidad entre dos continentes, el Viejo y el Nuevo Mundo”.

Para lograr la primera exposición sobre Cortés, que se inauguró el pasado 3 de diciembre y estará abierta hasta el próximo 3 de mayo, fue fundamental la colaboración de más de 40 prestigiosas instituciones y museos nacionales e internacionales que cedieron obras nunca antes vistas en España.

La presentación de la exposición resalta que las piezas se insertan en “un contexto expositivo sugerente y cautivador con una narración con tintes épicos, con ingredientes también de la novela de aventura, pero sin hacerlas perder un ápice de su condición de testimonios arqueológicos o artísticos del pasado”.

–¿Cómo surgió la idea de presentar una exposición de Hernán Cortés, siendo un personaje tan polémico? –se le pregunta al comisario-científico de la exposición.

–Nunca antes hubo una exposición de Cortés, ni en España ni en México –responde.

Hace unos años, relata, en las mismas salas de exposición del Canal Isabel II, en Madrid, se hizo una exposición sobre Alejandro Magno, “pero no orientada al conquistador que fue, sino como el personaje que vertebró y fue el eje del encuentro de oriente y occidente, que es lo que ha hecho que Alejandro Magno sea una figura esencial para el destino de la humanidad.

“A partir de esa exposición nos planteamos hacer una sobre Hernán Cortés orientada en el mismo sentido: destacar que hablamos del mayor encuentro que ha habido en la historia de la humanidad entre dos continentes. Y eso lo escenifica Cortés, como Alejandro Magno lo hizo entre oriente y occidente en la antigüedad.”

El propósito era que “la orientación de la exposición superara cualquier visión romántica que resaltase su faceta heroica o bien la leyenda negra del personaje, verlo como un genocida o un buscatesoros.

“No se trata de una exposición biográfica sino de una exposición más contextualizada, que aprovecha la figura de Cortés para repasar la cultura y la sociedad de aquel momento en ambos lados del Atlántico, para entender mejor uno de los más importantes encuentros culturales de la historia de la humanidad, el que tuvo lugar entre la España del Siglo de Oro y la majestuosidad de la civilización azteca.”

Perspectiva ibérica

Fernando Arlandis, subdirector de Estudios y Programas del Canal Isabel II, recorre con el reportero las siete salas de la muestra, explicando que la primera está destinada al dominio y legado de las distintas colonizaciones en España, pero centradas en donde nació Cortés, Medellín, un municipio perteneciente a la provincia de Badajoz, en Extremadura.

La primera influencia en este pueblo es el imperio romano, que lo fundó en el 79 antes de Cristo y del que aún se conservan vestigios. Luego se muestran elementos arqueológicos y artísticos de la llamada Hispania visigoda, entre los siglos V y VIII.

En Badajoz, particularmente en Medellín, también se preserva la cultura musulmana y vestigios de los primeros tiempos del dominio de Castilla.

“Hernán Cortés vio la luz en Medellín, un pueblo extremeño cuya historia, como la de España, refleja la profunda impronta dejada por las sucesivas culturas que colonizaron sus tierras. En el momento de su nacimiento, a finales del siglo XV, tenía lugar la transición de la Edad Media a la Edad Moderna, el paso de una sociedad feudal a una sociedad monárquica abierta al progreso material, científico y cultural que tendría uno de sus grandes hitos en el descubrimiento de nuevos mundos”, narra la presentación.

Almagro-Gorbea explica que una de las características que posibilitan el encuentro entre los dos continentes es “que el hombre es un animal colonizador, como todos los seres vivos”. Recuerda que el propio Imperio Azteca tuvo una lógica de expandirse y desarrollarse. Y si no se hubiera encontrado con Cortés, “seguramente habría colonizado toda Mesoamérica, y lo digo sin afán de contraponer a Cortés y los aztecas, sino sencillamente que fue una lógica de expansión de los pueblos.

“Tenemos que comprender que la historia de la humanidad es la historia de las colonizaciones, y dentro de esas colonizaciones el contacto más interesante fue el encuentro entre la Castilla medieval, que representaba toda la tecnología europea y el origen de todo el humanismo, con la tradición del espléndido Imperio Azteca, y de esa fusión sale la maravillosa Ciudad de México, el mundo novohispano y el México actual.”

La segunda sala muestra el contexto político y social de las vegas de Guadiana, donde se asienta Medellín, que forjan la compleja personalidad de Cortés. Una clave es la “inquieta sociedad guerrera de la Castilla”, que acababa de completar la reconquista tras la toma del reino nazarí de Granada en 1492, año en el que también se descubrió América.

En ese periodo la vida de Cortés oscila entre Salamanca y Valladolid, donde aprende latín y adquiere conocimientos jurídicos y administrativos, “que posteriormente le serían de utilidad en la conquista y colonización de México”.

Cortés se ve impulsado por un deseo de aventura a dejar atrás las penosas condiciones de vida en su lugar de origen.

La exposición incluye una estructura de madera que simula el interior de un galeón, acompañada de una instalación multimedia –con audio y video– que simula el mar y el cielo como único horizonte y que recrea en primera persona la dureza y las emociones de la vida a bordo.

En 1519, a sus 34 años, Cortés llegó a Tenochtitlan, la capital del Imperio Azteca que maravilló a los españoles por su exotismo y complejidad, con sus pirámides y canales.

La siguiente sala muestra el esplendor del Imperio Azteca y, en particular, de su capital. En este punto, además de piezas arqueológicas que prestó el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, se recreó a gran escala una pirámide con un entramado de madera.

En esta sala se muestran los primeros rasgos del contacto cultural entre el universo europeo y el cosmos mesoamericano, los procesos de identificación antropológica por cada parte y cultura, y las divergentes formas de hacer la guerra.

Luego se ofrecen detalles sobre la ruta de Cortés desde el puerto de Veracruz hasta Tenochtitlan, que lo llevó a recorrer densas selvas tropicales, cruzar caudalosos ríos y salvar imponentes volcanes.

“La conquista fue una expedición de desenlace incierto hasta su final, cuando el extremeño, al frente de una partida de poco más de 400 soldados, logró un éxito que todavía parece imposible. La base de ese triunfo fue su determinación y su distinto concepto de la guerra, así como su armamento más avanzado, que incluía caballos y armas de fuego, frente a los mazos, macanas, lanzas y flechas de los aztecas”, plantea la presentación.

Se resalta que “las enfermedades de origen europeo –que se difundieron rápidamente por toda Mesoamérica causando estragos– contribuyeron a la victoria, pero el éxito de la empresa se debió, sobre todo, a su alianza con los pueblos indígenas enemigos de los mexicanos, a quienes supo atraer con su hábil diplomacia”.

En la exposición se recrea el denominado tzompantli, con 14 cráneos humanos exhibidos ante el templo principal como trofeo y ofrenda. Se trata de una recreación de los restos arqueológicos de Tecoaque, donde en julio de 1520 los aztecas apresaron una caravana salida de Veracruz cuando se dirigía a unirse a Cortés en Tenochtitlan. Según la historia, los aztecas se comieron a los presos y a sus animales, que eran los primeros procedentes de Europa.

En 1521 Cortés envió a Gonzalo de Sandoval a una expedición de castigo. Él destruyó el enclave y sus habitantes fueron asesinados o convertidos en esclavos. En la exposición se explica que “estos trágicos sucesos no deben interpretarse de forma anacrónica como meras expresiones de la violencia de la guerra. Más bien documentan el duro conflicto cultural, religioso e ideológico que entrañó aquel primer encuentro entre dos mundos”.

En la última sala destacan elementos clave en el proceso de reconstrucción y refundación de México-Tenochtitlan, que convirtió a la capital mexica en la capital novohispana y que entrelazó tradiciones culturales indígenas e hispanas que abarcan desde el urbanismo a la religión. Se destaca que el nuevo urbanismo regular está inspirado en las colonias romanas, que reflejan una sociedad de la que procede el México actual. En esta sala sobresalen los mapas y objetos de la época.

En este recinto destacan las vetustas Cartas de Relación de Cortés, que eran los volúmenes en los que el conquistador describió el proceso de la colonización, uno de ellos de 1522, o la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo.

Sobre el destino de Cortés, la exposición resalta que su vertiente negativa contribuyó a forjar una leyenda negra, y que países como Italia, Francia, Holanda, Alemania e Inglaterra fomentaron una campaña contra el Imperio Español en la cual se incluyó la conquista de América. “El éxito de esta campaña fue muy significativo y ha tenido y aún tiene repercusiones a ambos lados del Atlántico”.

Entre las piezas que destacan se encuentran el epitafio de un alfaquí fallecido en un ataque cristiano a Badajoz, en la primera etapa mostrada en la exposición; un capacete del siglo XV de Córdoba, en España; la espada de Cortés, de hechura alemana; un falconete –que era la pieza de artillería empotrada en los barcos y que, desmontada, fue utilizada en la guerra contra los aztecas–; una reproducción de la Coca de Mataró, una pequeña embarcación habitualmente utilizada en el Mediterráneo, similar a la que, se piensa, Cortés utilizó en su avance; un cañón de mano de Cortés, y una ballesta.

También se expone el nombramiento de Cortés como capitán general de la Nueva España, firmado por Diego de Velázquez, que era una confirmación del nombramiento real; la espada de Gonzalo de Sandoval, que se encontró en el Monasterio de Santa María de Rábida, en Huelva; reproducciones de cuadros como el de la matanza de nobles en Alvarado; un fragmento del árbol de la Noche Triste; un elevado número de piezas de cerámica, y el espejo azteca elaborado con obsidiana.

Se exponen el testamento de Hernán Cortés, las Leyes de Indias, los mapas de Felipe II y el mapa original de Alexander von Humboldt del Reino de la Nueva España, y los códices de Osuna, entre muchas otras piezas.

El polémico

A Almagro-Gorbea se le pregunta por qué no se había producido una exposición de un personaje tan polémico: “A Cortés no se le ha abordado por ser una figura polémica. Pero tampoco se ha abordado desde el punto de vista más polémico del personaje. Era una figura incómoda.

“Nosotros intentamos hacer una exposición que no sea incómoda para nadie, pero no por aquello de lavarnos las manos y ser políticamente correctos, sino porque vemos que la figura no es más que el personaje en el que concretamos un proceso que es mucho más amplio.”

En opinión del especialista, “a Cortés y a los aztecas no se les debe juzgar desde la perspectiva del siglo XX, porque la sensibilidad y la mentalidad eran absolutamente distintas. Lo que hace esta exposición es superar este hecho y verlo con mayor perspectiva.

“Se tiene que ver desde la historiografía moderna, desde una perspectiva más anglosajona, que no trata de subrayar lo bueno y lo malo, sino el papel en el desarrollo del mundo, porque sólo fijarse en Cortés desde sus errores es deformar al personaje y no entender la historia. Entonces nos quedaríamos sin la mejor perspectiva que nos ofrece como experiencia humana.”