La muerte, aparentemente accidental, de un mexicano en el más exclusivo centro social de Bogotá, desencadenó una pequeña guerra interna. Las maniobras del club para tratar de ocultar el deceso ya han orillado a la renuncia de algunos miembros de su junta directiva. Y las consecuencias legales del caso trajeron a colación un hecho sangriento ocurrido en el mismo lugar hace 12 años. El Nogal es el punto de encuentro de las élites políticas y empresariales colombianas, donde luchan diversas corrientes de poder; el fallecimiento de Luis Fernando Campos sólo exacerbó esa pelea.
Bogotá.- El mexicano Luis Fernando Campos Yannelli llegó a Bogotá el pasado 25 de agosto para asistir a una cita de negocios a la cual no se presentó. Dos días después apareció muerto en la habitación 22 de El Nogal, un exclusivo club social y empresarial de Bogotá con servicio de hotel. Una camarera lo encontró sin vida, acostado en la cama y con la pijama puesta, como si durmiera. Funcionarios de la Fiscalía colombiana constataron que no respiraba y personal del Instituto de Medicina Legal (IML) retiró el cadáver.
Esa noche del 27 de agosto la junta directiva del Club El Nogal realizó una reunión previamente programada en la cual el presidente de la corporación, Santiago Perdomo, omitió informar a los asistentes que ese mismo día se había producido la muerte de un huésped.
Esa omisión fue la primera de una serie de decisiones poco transparentes que han contrariado a los socios del club y forman parte de la investigación penal para aclarar la muerte de Campos Yannelli.
Hasta ahora las evidencias indican que la muerte del ejecutivo y licenciado en sistemas computacionales por la Universidad del Valle de México se debió a la inhalación de monóxido de carbono, según el reporte de la necropsia practicada por el IML.
El Nogal es un club de gente atada al poder en Colombia y nada de lo que allí ocurre es ajeno a los políticos, magistrados, empresarios, banqueros y amas de casa de altos ingresos que forman parte de él. La muerte de un ciudadano mexicano en sus instalaciones y la opacidad de los directivos en el manejo del asunto dieron lugar a una retahíla de suspicacias y rumores.
“Hay mucho chisme y poca información”, dice uno de los socios.
En el baño sauna, el restaurante, el gimnasio, el billar, el polígono de tiro, la peluquería, el bar y el salón de belleza del club circulan muchas versiones. Los socios hablan de “homicidio culposo”, “encubrimiento” y hasta de una acción perpetrada por el crimen internacional organizado, conocidos, como son los grados de penetración del narcotráfico en México.
Por eso no es raro que la fiscalía haya comenzado sus investigaciones con la elaboración de un perfil de Campos Yannelli y quiera determinar con absoluta precisión qué hacía en Colombia. Este mes comenzará a interrogar a los directivos y socios del club, con algunos de los cuales ya ha establecido contacto en la fase preliminar de las pesquisas.
Historial de riesgo
Campos Yannelli no pudo haberse hospedado en El Nogal sin la invitación de un socio. Las reglas de acceso son rigurosas no sólo por su aspiracional exclusividad, sino por razones de mayor peso. La sede del club, en una boyante zona empresarial en el norte de Bogotá, fue atacada el 7 de febrero de 2003 con un carro-bomba cuando en su interior había unas 600 personas. El atentando, atribuido a las FARC, dejó 36 muertos y 160 heridos.
Su nuevo edificio, construido tras el atentado, es una fortaleza de varios pisos y desniveles con 42 mil metros cuadrados de áreas recreativas y de servicios. Siempre está custodiado por guardias privados con entrenamiento policiaco y militar, y nadie ingresa allí sin pasar por rigurosos controles de seguridad. Colombia es un país en guerra interna desde hace medio siglo y El Nogal es un lugar de encuentro de personajes de la política y el mundo empresarial considerados por la guerrilla sus adversarios ideológicos.
Campos Yannelli, quien era director de tecnología de la compañía Wingu Networks, filial de la multinacional mexicana de la informática KIO Networks, llegó a Bogotá en compañía de un ejecutivo de esta última firma. Ambos se hospedaron en el hotel de El Nogal por invitación del empresario colombiano Efraín Enrique Soler Rojas, socio del club y con quien tenían una cita el martes 26 de agosto.
Soler, quien reside la mayor parte del año en Miami y es presidente de la compañía informática 04IT, esperó en el restaurante de El Nogal a sus invitados, a quienes no conocía personalmente; al ver que no llegaban llamó con insistencia a sus habitaciones sin que contestaran los teléfonos. Extrañado, pidió a los recepcionistas del hotel cerciorarse de que los huéspedes estaban allí. Guardias de seguridad ingresaron a los cuartos. A Campos Yannelli lo hallaron tirado en el piso, semiconsciente y con el pulso débil; el otro ejecutivo dormía profundamente.
Ambos fueron llevados a la enfermería del club, donde los reanimaron; una ambulancia los trasladó después a la exclusiva Clínica del Country. Allí los estabilizaron y los médicos concluyeron que debió haber sido “el soroche”, como se llama en Colombia a los malestares ocasionados por la altura. Bogotá está situada a dos mil 630 metros sobre el nivel del mar (380 metros más que la ciudad de México) y es frecuente que los extranjeros recién llegados sientan náuseas y mareos por el cambio de altura.
Por la noche, después de permanecer varias horas en observación, los mexicanos fueron dados de alta. Campos Yannelli regresó a su habitación a las 20:13 horas de ese martes 26 de agosto. Iba en compañía de Soler Rojas y un socio de éste. Los tres ingresaron al cuarto y al cabo de un minuto se les unió el otro ejecutivo mexicano. Unos 18 minutos después, los tres salieron.
Campos Yannelli los despidió en la puerta de la habitación 22 con la pijama puesta y cerró. A las 20:38 horas un mesero del restaurante le llevó un caldo de pollo, una botella de agua y un té. Fue la última persona que lo vio vivo. Al día siguiente una camarera lo encontró muerto.
El otro mexicano fue hallado inconsciente, con un hilo de sangre que le escurría de la boca, pero logró sobrevivir luego que fuera llevado de urgencia, por segundo día consecutivo, a la Clínica del Country.
Intrigas
De acuerdo con socios de El Nogal consultados por Proceso y quienes pidieron el anonimato, el 29 de agosto, dos días después de que ocurriera la muerte del mexicano, la junta directiva del club convocó a una reunión extraordinaria en la que informó del hecho.
El presidente de esa junta, el banquero Santiago Perdomo, dijo que había contratado a dos abogados, uno civil y otro penalista, así como a una empresa de comunicaciones experta en el manejo de situaciones complejas, para hacerse cargo del caso y defender los intereses del club. La junta formó ese mismo día un comité de crisis integrado por Perdomo; el vicepresidente, David Aguirre, y el abogado Bernardo Henao.
Los rumores comenzaron a proliferar entre los socios. Uno de ellos, Daniel Emilio Mendoza, hizo circular un correo electrónico en el que hablaba de “homicidio culposo”, pues el día de la muerte del mexicano se había detectado una fuga de gas “de proporciones astronómicas” en el área de la caldera, ubicada cuatro metros abajo de la habitación 22. Mencionó incluso que una empleada le dijo que de esa fuga “se sabía”.
En un intento por enfrentar las versiones que circulaban, la junta directiva citó a una nueva reunión el 16 de septiembre. En esa oportunidad el gerente encargado del club, Luis Fernando González, aceptó que el 27 de agosto una medición técnica encontró altos niveles de gas en la caldera, en las áreas aledañas y en la habitación donde murió Campos Yannelli. Informó además que se detectó una fuga en un tubo roto en la caldera y que el desperfecto fue arreglado. Uno de los directivos preguntó por qué no cerraron el hotel y la respuesta fue que una medida tan drástica causaría un escándalo lesivo para el club.
Perdomo sostuvo que, a pesar de la fuga de gas, se habían encontrado medicamentos antidepresivos en la habitación del mexicano y que su muerte pudo obedecer a causas naturales.
El 25 de septiembre los 16 miembros de la junta directiva –ocho titulares y ocho suplentes– realizaron un nuevo encuentro que comenzó mal. El primer punto del orden del día era la aprobación del acta de la reunión anterior y los asistentes se percataron de que en la relatoría se había omitido incluir las afirmaciones del gerente sobre la fuga de gas en la caldera y los cuestionamientos acerca de por qué no se suspendió el servicio de hotel. La mayoría de los directivos avaló la supresión de esos dos hechos y a partir de ese día la minoría inconforme comenzó a hablar de “encubrimiento”.
Los integrantes de la junta enfrentaron una fuerte disputa a lo largo de 2014. En abril tuvo lugar la salida como presidente de ese órgano del exmagistrado Julio César Ortiz, en medio del malestar de algunos socios por ser el abogado defensor del alcalde izquierdista de Bogotá, Gustavo Petro, en un proceso de destitución que entabló en su contra la Procuraduría General de la Nación. Desde entonces la directiva del club está polarizada.
Jairo Rubio Escobar, uno de los promotores de la salida de Ortiz, fue acusado de responder a los intereses de la “extrema derecha” encabezada por el expresidente colombiano Álvaro Uribe Vélez, durante cuya administración fue superintendente de Industria y Comercio. Otro exdirectivo, el canadiense de origen iraní Pedram Fanian, ha sido atacado en las redes sociales con expresiones xenofóbicas y los chismes de pasillo lo ligan al fundamentalismo islámico, aunque él dice practicar la religión bahai.
El Club El Nogal es un hervidero de egos robustos que se expresan con intrigas, verdades a medias y rumores. La muerte de Campos Yannelli en sus instalaciones evidenció –con gran repercusión en los principales medios– una disputa por el poder que comenzó hace varios meses.
Monóxido
El pasado 9 de octubre Rubio Escobar y Fanian renunciaron a la junta directiva y expresaron su inconformidad por la manera en que los directivos manejaron la muerte del mexicano. Un día después hizo lo mismo otro directivo, Javier Pinilla Palacio. El 8 de diciembre los tres hicieron pública una carta en la cual acusaron al comité de crisis de “ocultar información trascendental” sobre el deceso. Esto es “una protección no ética de los intereses del club”, señalaron.
El abogado Carlos Darío Barrera, vocero del club, dice que la junta directiva nunca ha ocultado información y que las decisiones que se han tomado en relación con el manejo de la muerte del mexicano han sido respaldadas por la mayoría de directivos. “Vamos a esperar a que la fiscalía haga sus investigaciones y acataremos totalmente sus resultados”, asegura.
El pasado 4 de diciembre el IML indicó que, según los exámenes toxicológicos practicados al cadáver del mexicano, su muerte se produjo por inhalación de monóxido de carbono, lo que es compatible con la fuga de gas de la caldera.
El embajador de México en Colombia, Arnulfo Valdivia, dice a Proceso que, si bien el reporte forense determina las causas de la muerte de Campos Yannelli, “falta esclarecer las circunstancias en que ésta se produjo”.
“Hemos expresado a la fiscalía nuestro interés en este caso y en que se aclaren las circunstancias en que se dio el fallecimiento. Es un hecho muy grave al que le daremos seguimiento”, señala el diplomático, quien ha estado en contacto con los familiares del ejecutivo mexicano.
Dice que la familia evalúa presentar una demanda civil contra el club y, si opta por hacerlo, la embajada “haría el acompañamiento que corresponde”.
Campos Yannelli era un experimentado ejecutivo de informática empresarial. Su especialidad era la computación “en la nube”. Entre febrero de 2012 y julio de 2014 trabajó para IBM y Microsoft; su viaje a Colombia como director de tecnología de Wingu Networks era una de sus primeras tareas con esta empresa, del conglomerado KIO Networks. Él ya había sido directivo de esta empresa mexicana de tecnología de la información entre abril de 2008 y enero de 2012. En todas estas labores tuvo su base en México, desde donde atendía operaciones en varios países de América Latina.
Responsabilidad
El exfiscal Fabio Humar dice a este semanario que las evidencias “parecen indicar que estamos frente a un delito de homicidio culposo o imprudente y podría haber responsabilidades penales para los eventuales autores de ese hecho”. Explica que ese tipo de delito se configura cuando no hay intención de causar la muerte pero ésta se produce por un acto de negligencia. Las penas por este ilícito en Colombia pueden ser de entre dos y 13 años de prisión.
De acuerdo con el abogado, además de la investigación penal a cargo de la fiscalía, este delito tiene un ámbito civil que puede derivar en un proceso de la familia contra el club por su eventual “responsabilidad civil” en la muerte de Campos Yannelli. En caso de que un juez lo determine, El Nogal “tendría que responder patrimonialmente por la muerte de este ciudadano mexicano”, señala Humar.
La presunción entre los socios de que el club tendrá que pagar a los deudos del mexicano una cuantiosa indemnización ha llevado a los familiares de las víctimas del bombazo de 2003 contra El Nogal a plantear que también para ellos debe haber una reparación económica por las presuntas fallas de seguridad que propiciaron ese atentado.








