Al pisar suelo estadunidense por primera vez en más de cinco años, Alan Gross declaró el miércoles 17: “Se siente bien estar en casa”.
Poco antes, en un acto que sorprendió al mundo, los gobiernos de Estados Unidos y Cuba restablecieron relaciones diplomáticas y en alocuciones televisivas casi simultáneas Barack Obama y Raúl Castro anunciaron la liberación de cinco prisioneros: de cárceles estadunidenses salieron tres agentes cubanos en tanto el gobierno de la isla excarceló y envió a Estados Unidos a un “espía de origen cubano que estuvo al servicio de esa nación”, dijo Castro, y “por razones humanitarias” a Alan Gross.
Gross, judío estadunidense de 64 años, estaba preso desde 2009 en Villa Marista. Cumplía una sentencia de 15 años por “actos contra la independencia o la integridad territorial del Estado”, por introducir a Cuba material de telecomunicaciones de uso exclusivo del gobierno en una misión que realizaba para Development Alternatives Inc. (DAI), firma contratista de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
Desde la adopción en Estados Unidos de la Ley de Libertad y Solidaridad Democrática Cubana en 1996, la USAID se encarga de “apoyar los esfuerzos de construcción de la democracia en Cuba” mediante el financiamiento a los disidentes. La Habana señala que el propósito de la agencia –“asistir a los cubanos en reconquistar su liberad y su prosperidad”, según esa ley– es una violación a su soberanía y considera ilegal la actuación de ésta en su territorio.
Según Gross, ni DAI ni la USAID le advirtieron que su misión violaba las leyes de la isla. Por lo tanto, en marzo de 2013 y desde la cárcel, Gross y su esposa Judy demandaron a DAI y al gobierno de Estados Unidos por su encarcelamiento y los daños que éste les provocó, demanda que la Corte de Distrito de Columbus desechó.
El documento del caso (el 2012-1860, cuya copia tiene Proceso) revela que si bien Gross fue presentado como víctima del gobierno cubano –incluso el Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre la Detención Arbitraria le dedicó un reporte en noviembre de 2012–, su misión en Cuba, además de ser ilegal, tenía un carácter político.
Proyecto Cubano
Hijo de una pareja de judíos originarios de Europa Oriental, de donde huyeron durante la Segunda Guerra Mundial, Gross pasó su infancia en Nueva York y se involucró con varias organizaciones judías.
Graduado como trabajador social, prestó sus servicios en empresas internacionales hasta 2001, cuando fundó una compañía especializada en proyectos de desarrollo. Durante 10 años su labor se enfocó en proveer entrenamiento y material informático y de telecomunicaciones a poblaciones con acceso limitado a esas tecnologías o a comunidades judías.
“Nunca recibí material por parte del Ejército estadunidense ni de ninguna agencia federal”, precisó Gross en su declaración a la Corte de Columbus. Añadió que “antes de mi detención trabajé en numerosas ocasiones en proyectos patrocinados por la USAID”.
También varias veces rechazó o canceló proyectos a los cuales consideraba poco seguros. Pero no vio mayores problemas en octubre de 2008 cuando recibió un correo electrónico de DAI que le ofrecía diseñar un proyecto para “implementar nuevas iniciativas en los medios que estimularían y reforzarían una cadena de actores de la sociedad civil en Cuba, incluso grupos religiosos”.
El 6 de noviembre de 2008 Gross se reunió en Washington con empleados de DAI para aterrizar el proyecto. Entre los asistentes estaba el jefe de proyecto, John McCarthy, quién le ordenó quitar de su computadora el logotipo de la campaña de Barack Obama.
Las reuniones posteriores “se llevaron a cabo en una sala de juntas segura, cuyo acceso era reservado a los empleados de DAI dedicados al Proyecto Cubano”. Salvo una vez, Gross no habló directamente con ningún funcionario de la USAID, pero sabía que ellos revisaban regularmente los avances del proyecto.
Gross desarrolló su proyecto ICT4Cuba, que consistía en dar material informático a la comunidad judía de Cuba, según su declaración.
Proyecto ampliado
El estadunidense tenía conocimiento de al menos una sinagoga en La Habana, “El Patronato, que tenía acceso a internet en el momento de mi propuesta”. Sin embargo “quería ampliar el número de sinagogas con tal acceso”.
Según Gross, DAI le exigió que él mismo viajara a Cuba para ejecutar el proyecto, dada su experiencia en el manejo de dicha tecnología, aun cuando éste aclaró que no hablaba español.
“McCarthy me dijo claramente que yo me encargaría solamente de la instalación del material y que no sería responsable de la transmisión de mensajes políticos o de cualquier otro contenido a través de este equipo”, detalló Gross. Agregó: “Me indicó que la DAI arreglaría cualquier problema”.
Gross firmó el contrato con DAI en febrero de 2009 y durante poco menos de un año hizo cinco viajes a Cuba, durante los cuales conoció “éxitos significativos en conectar miembros de la pequeña comunidad judía de Cuba con el resto del mundo”.
Cada vez que llegaba a La Habana, agentes de migración inspeccionaban sus maletas. “Nunca pronunciaron ninguna objeción para que entrara a Cuba con mi equipo”, sostuvo, aunque se preocupaba “a raíz de los comentarios que me hacían mis contactos respecto a los riesgos que conllevaba proporcionar material no controlado por el gobierno”.
Cada vez que regresó de la isla, Gross compartió su preocupación con DAI, la cual le contestaba con evasivas. Durante su segundo viaje Gross decidió no llevar una “parte del material” a “un sitio” por temor a que se rompiera durante el trayecto, por lo cual DAI le quitó la mitad de la remuneración acordada para esa estancia.
El judío se asombró más cuando, en septiembre de 2009, McCarthy lo contactó y le pidió elaborar un plan para definir “actividades posteriores”. Éstas, le explicó, consistían en expandir el proyecto hacia “africano-cubanos, mujeres, jóvenes y otros grupos religiosos” en nuevos lugares.
McCarthy también le dijo que era el subcontratista más importante en el Proyecto Cubano. Gross se sintió “muy incómodo” pues no sabía de la existencia de otras personas implicadas ni de las actividades que desempeñaban en él. Aun así aceptó y diseñó el “proyecto ampliado”.
La noche del 3 de diciembre de 2009 Gross había terminado su quinta misión y se aprestaba a salir de la isla al día siguiente, cuando lo arrestaron.
“Después de mi detención, oficiales del gobierno cubano me informaron que era ilegal distribuir cualquier cosa patrocinada total o parcialmente por la USAID. En ningún momento antes o durante el proyecto me enteré de que las actividades contempladas en este proyecto eran delitos en Cuba”, dijo en su declaración.
Precisó que días después de su arresto, empleados de DAI entraron a su casa, se llevaron su computadora y borraron contenidos, para su “protección”, según le dijeron a su esposa.
Durante su detención, el caso de Gross, presentado como víctima de una detención arbitraria muriéndose en cárceles cubanas, conmovió a la opinión pública estadunidense, por lo cual Washington convirtió su liberación en condición ineludible para la reanudación del diálogo con Cuba.








