Solveig y Revueltas

La Universidad Autónoma de Guerrero organizó un diplomado que se titula Historia y Cultura Política. José Revueltas, Vida y Obra de un Mexicano Excepcional, para así conmemorar el centenario de su nacimiento. A Acapulco llegaron varios críticos para analizar su literatura, y, otros, su reflexión y práctica políticas. A mí me interesó exponer una faceta de Revueltas de la que se ha hablado poco: la de un hombre inspirado en el modelo romántico del amor pero desgarrado por su condición humana.

Revueltas, como varios hombres comunistas, buscó racionalmente la igualdad interpersonal con la mujer al mismo tiempo que reprodujo ciertas prácticas culturales. En Las evocaciones requeridas, el libro que recopila cartas, memorias y documentos íntimos de Revueltas, encontré un detalle significativo en sus cartas de amor a su primera esposa, Olivia Peralta: el apodo amoroso que le otorga es Solveig. ¿Qué significa que en el momento de su primer gran enamoramiento, a los 22 años, Revueltas llame Solveig a Olivia?

Solveig es la enamorada fiel de Peer Gynt, el personaje central de la compleja obra con ese título del autor noruego Henrik Ibsen. No voy a entrar en la trama de Peer Gynt, que de acuerdo con algunos críticos posee muchos de los rasgos característicos de la poética del teatro romántico, en tanto que para otros es un cuento de hadas con numerosos guiños de comedia en clave política.

En la obra se mezclan escenas fantásticas y metafóricas con las aventuras y reflexiones de Peer sobre la vida, la libertad, el dinero, el poder y la locura, y también se narra el proceso de un hombre mujeriego y misógino, quien dice que “las mujeres son una casta inferior”, y que las engaña para poseerlas sexualmente, mientras elude el matrimonio. Ya en la tercera edad, y amenazado de muerte por no haber sido fiel a sí mismo, se reen­cuentra con Solveig, que lo ha amado constantemente, que no le reclama nada y que con su amor lo libera de la muerte y lo acoge en su regazo, como a un niño. Solveig encarna el mito del amor incondicional femenino, que no exige y siempre acepta. La entrega amorosa de mujer fiel y abnegada de Solveig, que sin resentimiento lo espera toda la vida y lo salva de la muerte, conmovió a Revueltas al punto de darle a Olivia ese apodo.

Jorge Luis Borges escribió que esa es la obra maestra de Ibsen y calificó a Peer como “el más irresponsable y el más querible de los canallas”. Revueltas, en una carta fechada en junio de 1938, le dirá: “Vida mía, ¡cuán feliz soy en amarte!, yo, que soy tan canalla, pero quiero ser puro”. Sin embargo, Revueltas no es un canalla como Peer Gynt, ni un villano idealista como George Bernard Shaw calificó al personaje noruego. Es un idealista a la vez que un hombre de su tiempo y su cultura.

Anthony Giddens, quien aborda el problema de la sexualidad, el amor y el erotismo en las sociedades modernas, habla de que los ideales del amor romántico han tenido gran influencia en las aspiraciones de las mujeres, y que han condicionado la conducta de los varones. Según Giddens, el amor romántico presupone que se puede establecer un lazo emocional duradero con la otra persona, por lo que “el amor romántico puede ser visto como un compromiso activo y radical contra el machismo de la sociedad moderna”. Basta leer dichas cartas para suponer que también eso creía Revueltas.

Aún enamoradísimo, Revueltas muestra la pasión atormentada que lo caracterizó: “Debemos vivir en la exaltación y la tormenta”, y le recomienda a su amada: “Vive en un perenne estado de exaltación y de pasión. Este es el requisito para vivir”. Su anhelo romántico se repite a lo largo de las misivas: “Adorada Solveig, ¡cómo te quiero! Estoy convencido que no podré nunca querer a nadie después de ti. Eres tan noble, tan buena, me perdonas tanto”.

No tengo idea de las causas del rompimiento entre Olivia y Revueltas, pero no sería raro que la separación se debiera a ciertos amoríos de Revueltas o incluso a su enamoramiento de María Teresa Retes, su segunda esposa. Lo que sí encuentro es que Revueltas se autocritica duramente por la descomposición de la relación amorosa con Solveig/Olivia. En la carta correspondiente a enero de 1947, 11 años después del inicio de su intenso enamoramiento, Revueltas ya no la llamará Solveig, y 10 meses más tarde se estará divorciando de ella.

Raquel Serur dice que Revueltas puso su ser “al servicio de una llama triple: la del amor, la política y la literatura”, y nos pone en guardia al señalar que “describir a Revueltas como un típico macho sería una forma de entendimiento vulgar ante la complejidad de su figura”. Tiene razón. La lectura de las cartas a Solveig en Las evocaciones requeridas hablan de un Revueltas atravesado por las aspiraciones totalizadoras del amor romántico, pero también por ciertos usos y costumbres masculinos.

Luego de Solveig, Revueltas tendrá otros amores. Puedo imaginar que finalmente a Revueltas le pasó lo mismo que a Alar el Ilirio, un personaje de Álvaro Mutis que, ante la muerte, piensa que su vida “no había sido en vano, que nada podemos pedir, a no ser la secreta armonía que nos une pasajeramente con ese gran misterio de los otros seres y nos permite andar acompañados una parte del camino”.