Homenaje al benefactor Raúl Padilla

Al encargar un mural para el Hospital Civil Fray Antonio Alcalde, las autoridades de este reducto del Grupo Universidad no se midieron: le indicaron al prestigiado pintor Jorge Monroy que los retratara como destacados profesionales del estado o benefactores de la institución. Y el mayor benefactor después de fray Antonio Alcalde, constructor del edificio hace más de dos siglos, resulta ser… Raúl Padilla López, el exrector de la UdeG, que aparece ahí con parte de sus fieles.

La Asociación de Amigos del Hospital Civil señala que ni Raúl Padilla López ni Horacio Padilla Muñoz ni otros funcionarios relacionados con el jefe político de la Universidad de Guadalajara (UdeG) merecen aparecer en el nuevo mural del destacado artista Jorge Monroy en el Antiguo Hospital Civil.

Sin embargo, la efigie del exrector Padilla López no sólo aparece en el edificio de Consulta Externa del Hospital Civil Fray Antonio Alcalde, sino que se incluyó en el mural movible colocado en el auditorio del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD) durante la celebración de los 20 años de la Red Universitaria.

El jefe del Servicio de Pediatría del Antiguo Hospital Civil Fray Antonio Alcalde, Horacio Padilla Muñoz, y el director general de los Hospitales Civiles de Guadalajara, Héctor Raúl Pérez Gómez, decidieron que en el mural de 155 metros cuadrados se debía incluir a Padilla López y otros políticos allegados al líder del Grupo UdeG, entre ellos su primo hermano, el diputado federal por el Distrito 8 de Guadalajara, Leobardo Alcalá Padilla; el secretario de Salud, Jaime Agustín González Álvarez, y Raúl Vargas López, exdirectores del nosocomio.

Integrantes de la Asociación de Amigos del Hospital Civil recuerdan que el 1 de febrero de 1991 el priista Guillermo Cosío Vidaurri advirtió en su primer informe de gobierno que una vez inaugurada la Torre de Especialidades de dicho hospital, no habría recursos para la operación del Antiguo Hospital Civil Fray Antonio Alcalde, por lo que debían buscarse “los mecanismos financieros que permitieran la utilización simultánea de ambos centros hospitalarios”.

En lugar de conseguir el dinero o de diseñar un plan de financiamiento, Raúl Padilla, en ese tiempo rector de la UdeG, apoyó la propuesta de Horacio Padilla Muñoz –hermano de Ruth Padilla, actual rectora del Centro Universitario de Tonalá–, quien planteó convertir en museo al más que bicentenario hospital.

Ante su inminente cierre, la Asociación de Amigos del Hospital Civil, junto con el Comité Pro Defensa del Hospital, la Asociación de Médicos de Base del hospital, el cardenal José de Jesús Posadas Ocampo, la Asociación Orgullo Homosexual y grupo de los partidos PRI, PAN, PRD y PT, consiguieron recursos para mantener la institución en servicio.

La agrupación civil luchó entonces para evitar el cierre del hospital, pero ahora sus integrantes entrevistados lamentan: “Paradójicamente, se convirtió en una más de las fuentes principales de ingresos de Raúl Padilla, quien coloca ahí a sus incondicionales, a quienes vemos llegar en un Tsuru y, mágicamente, en menos de un año, lo convierten en un BMW”.

También señalan que Leobardo Alcalá Padilla, primo hermano de Raúl Padilla y quien aparece en el mural como parte de la historia del hospital, tampoco merece figurar, ya que desistió de pelear una herencia de 4 mil 500 millones de pesos que le correspondía a la institución, a cambio de la promesa de recibir únicamente 50 millones de dólares como producto de un convenio, que después no apareció por ningún lado. Esos recursos habrían bastado, por ejemplo, para concluir el edificio de Consulta Externa, cuya construcción duró más de cinco años por falta de recursos, como declaró en marzo pasado Héctor Raúl Pérez.

El particular Armando Alcocer de Anda se apoderó de una herencia de 9 mil millones de pesos, legado de su tía Aurora de Anda Medina de Padilla y Aldrete, quien originalmente habría repartido ese monto a la Cruz Roja y el Hospital Civil de Guadalajara, en cantidades iguales (Proceso Jalisco 82).

Otros personajes allegados a Raúl Padilla que aparecen en el mural de Jorge Monroy son el secretario de Salud, Jaime Agustín González Álvarez, y el director general de los Hospitales Civiles de Guadalajara, Héctor Raúl Pérez. Ambos allegados a Padilla López.

Cuando González Álvarez era director general del organismo público descentralizado Hospitales Civiles y Héctor Raúl Pérez director del Antiguo Hospital Civil de Guadalajara, estalló un escándalo al comprobarse que existía tráfico de órganos. Entonces se señaló al doctor Luis Carlos Rodríguez Sancho de cobrar hasta 1 millón de pesos por un servicio de trasplante, que debe ser gratuito (Proceso Jalisco 191).

Otro personaje cercano a Padilla López que fue incluido en el mural es Raúl Vargas López, presidente del PRD Jalisco, quien fue acusado con los coordinadores del PAN, PRI y PVEM en la LIX Legislatura de hinchar sus cuentas bancarias con adquisiciones fraudulentas de bienes y servicios (Proceso Jalisco 433). Vargas fue uno de los diputados que avalaron un convenio para apoyar el frustrado pago a la consultora López Castro por alrededor de 100 millones de pesos por un servicio que no prestó (Proceso Jalisco 524).

La Asociación Amigos del Hospital Civil indica que en el mural debieron aparecer las efigies de médicos que realmente contribuyeron a la profesión, como Gabriel Ayala, Luis Farah, Leonardo Oliva, Fortunato Arce Rubio, Salvador Garciadiego y Sanromán y Ramón Sigala, entre otros.

Como si fuera nómina

El mural que se encuentra en el nuevo edificio de consulta externa del Antiguo Hospital Civil de Guadalajara Fray Antonio Alcalde es obra del reconocido pintor Jorge Monroy, con más de cuatro décadas de carrera.

Entrevistado en su estudio, Monroy explica que cuando se le contrató para hacer la obra tenía contemplado concluirla en un año, pues tenía considerados 35 retratos, pero que a solicitud de Horacio Padilla fue agregando otros, hasta llegar a 50.

–¿Por qué Raúl Padilla, identificado como líder moral de la Universidad de Guadalajara, fue incluido en el mural?

–Entiendo que de alguna manera ha beneficiado al Hospital Civil. No sé cómo. Sé que es un personaje muy controvertido. Recientemente hemos puesto a otros cuatro más en esta área de los benefactores. De los 35 originales, ya vamos en más de 50.

–¿Desde el principio se tenía contemplado a Raúl Padilla?

–Sí, desde un principio recuerdo que estaba en la lista. Hemos puesto a muchos otros doctores recientes, están la mayoría de los que han sido directores de los hospitales civiles. Al parecer el doctor Horacio Padilla estaba agobiado por ese asunto, porque tenía una lista larga de solicitudes de personas que quieren que aparezca ahí su papá o su tío.

–¿Estéticamente se desequilibró la composición del mural?

–Sí, claro. Los críticos me van a juzgar de cómo tuve que ceder. Yo sí protesté. Cada vez que me llevaba más le decía: ‘Oiga, doctor (Padilla), pero ¿dónde los vamos a poner?’ Tenía planeado hacer la ciudad y me dijo que la ciudad no es tan importante. La ciudad le iba a dar un marco. Sí la hice, pero se redujo mucho el marco.

“Cada obra es producto de las circunstancias. Pero se saturó de personajes. Sí pensé que sí me lo iban a pedir, pero nunca pensé que tantos, por lo menos fueron 20 más.”

–Aunque no es por su voluntad, ¿está consciente de que, a decir de personas que saben de esto, en su obra aparece gente que no tiene tantos méritos, y quien sí los tuvo no va a estar?

–Así es, (soy consciente) totalmente de cuántos doctores entregaron su vida, 40 o 50 años, claro que debe de haber muchísima gente que merecería ser recordada en el mural, pero el espacio es limitado. Además, yo no conozco a nadie, con excepción del doctor Horacio Padilla, quien también aparece, así como al doctor Dorazco Valdez, que escribía para el periódico (El Informador).

Jorge Monroy tenía previsto concluir el mural en un periodo de un año, pero se prolongó tres meses más, luego de las peticiones constantes de Horacio Padilla de incluir no sólo más personajes, sino también lugares como el jardín botánico y el antiguo beaterio del inmueble.

En el mural sólo aparecen tres mujeres, una de ellas María Jacinta de la Luz Curiel Ávalos, la primera en estudiar en la escuela de medicina, así como la actual jefa de enfermeras, sor Estela. Monroy cuenta que al pintar a esta religiosa se le acercaron las trabajadoras sociales y las cocineras, que también querían ser retratadas.

“Yo le digo a toda ese gente que vamos buscando otra área en el hospital para poner a todos lo que faltan”, concilia el pintor.

Y entre risas relata que el doctor Padilla Muñoz, para librarse de la presión de los aspirantes a posar para el mural, le dijo a los directivos del hospital que él ya había considerado a los que debían estar ahí por sus méritos, y si pretenden incluir a más “ahí díganle al pintor, a ver cómo les va”.

El costo del mural se calculó inicialmente en 1 millón 200 mil pesos, incluidos mano de obra, ayudantes, andamios y material, pero ante la falta de recursos del nosocomio, Monroy gestionó que la Secretaría de Cultura del estado aportara la mitad de ese monto, y que el empresario René Rival, dueño de pinturas Prisa, donara más de 400 mil pesos en materiales.

Padilla Muñoz, a quien el pintor califica como un cronista del Antiguo Hospital Civil, dictó el contenido del mural y los personajes que debían aparecer, por lo que a Monroy le parece que la obra contendrá demasiada información y será “un tanto barroca, recargada de retratos”.

Sin embargo, aclara que hay dos figuras monumentales principales: “Fray Antonio Alcalde y un personaje que representa a la humanidad doliente; luego aparecen otras figuras. En la parte superior del mural se inicia con la barranca de Huentitán, que es el referente geográfico de Guadalajara; sigue un perfil de la ciudad como estaba cuando llegó Alcalde (constructor y benefactor del nosocomio), y luego otras franjas que representan el sentido cronológico de la narrativa visual, desde la llegada del fraile hasta hoy”.

Comenta que después sigue una larga lista de personajes relacionados con la historia del hospital. Del lado derecho están sus benefactores:

“Ramón Corona; Valentín Gómez Farías porque fue doctor, estudió ahí y llegó a ser presidente de la República, y en su época benefició al hospital. También de ese lado está Enrique Álvarez del Castillo, quien hizo que por fin se acabara el Nuevo Hospital Civil que durante más de 20 años fue elefante blanco. Está también José Guadalupe Zuno, entiendo que por hacer anexo al hospital la Escuela de Medicina, que pertenece a la UdeG. Está el doctor Partida Labra, que al parecer ayudó mucho para que los doctores tuvieran un sueldo.”

En el lado izquierdo del mural aparecen 31 facultativos que han destacado por sus aportaciones a la medicina, entre ellos Joaquín Baeza Alzaga, Enrique González Martínez, Antonio Ayala, Salvador Romero Gutiérrez Hermosillo, Juan I. Menchaca, Agustín Bátiz, Mario Rivas Souza, Jesús Delgadillo Araujo, Mariano Azuela –también médico–, y varios pintores y maestros.

En la parte superior, Monroy trató de representar a los médicos con algún elemento de su especialidad o la obra que realizaron, pero abajo ya no hubo modo porque “están los doctores casi hombro con hombro, ya no hay espacio para poner nada. Hay un área donde no debería haber ningún retrato, porque yo había ideado que en la parte de abajo se terminara con la imagen de la ciudad actual. Y sí la pinté, pero ya quedó todo encimado con los doctores”.

Aun así, Monroy se permitió incluir los retratos de su mamá y otros familiares como dolientes, e incluso, a manera de homenaje, a su maestro, el pintor Alfonso de Lara Gallardo en silla de ruedas.

En cuanto al resultado estético global, dice, “me lavo las manos: yo no hice más que pintar lo que me dijeron que pintara”.