La información que se ha difundido sobre la llamada “Casa Blanca” de la esposa del presidente Enrique Peña Nieto, Angélica Rivera, ha permitido ubicar el funcionamiento e impacto de uno de los segmentos más dinámicos y vulgares del mercado mexicano del arte contemporáneo: el que incide en la relación entre arquitectos y artistas visuales.
Dividido entre colaboraciones con proyectos arquitectónicos que al fusionarse con los elementos constructivos pueden llegar a ser interesantes, y la simple ornamentación de espacios interiores, este segmento se caracteriza por la transmutación del objeto artístico en un simple y repetitivo adorno de lujo. Seleccionadas por los arquitectos como parte del diseño interior de sus construcciones, las obras, carentes de la particularidad que requiere una verdadera creación artística, se utilizan como mercancías exclusivas que permiten entregar una arquitectura lista para usarse sin que intervenga el gusto personal de los habitantes del inmueble.
Proyectada en 2011 por el arquitecto mexicano Miguel Ángel Aragonés –con base en la información que aparece en www.archdaily.mx–, la casa de Angélica Rivera de Peña, identificada como La casa de la Palma y ubicada en Sierra Gorda 150 en la Ciudad de México, mantiene la estética típica de Aragonés: protagonismo monocromático del color blanco y creación de atmósferas de fuerte presencia lumínica. Admirador de los escultores estadunidenses Richard Serra y Dan Flavin, del hindú Anish Kapoor y del brasileño Ernesto Neto, Aragonés se caracteriza por incluir en sus proyectos tanto cajas de luz del español Fernando Bermejo como esculturas monocromáticas en blanco del polaco Xawery Wolski y del holandés Jan Hendrix.
Seleccionada por la señora Rivera, (https://angelicarivera.com/sala-de-prensa-2/), Aragonés incluyó como decoración diversas cajas lumínicas de Fernando Bermejo. Nacido en 1949, este artista conjuga pintura y luz a partir de una paleta restringida al blanco y el negro. Dedicado principalmente a la realización de narrativas vinculadas con la naturaleza, Bermejo pinta flores, árboles y pájaros sobre papeles que coloca en cajas iluminadas por dentro. Poseedor de una poética que visualmente remite al dibujo en carbón, el madrileño disimula la homogeneidad de sus imágenes con el impacto de los efectos lumínicos. Organizadas como largos murales, esculturas cúbicas o instalaciones con paneles de gran formato, sus pinturas dibujísticas enfatizan la forzada espectacularidad de la arquitectura.
Los árboles de Bermejo, utilizados como escenario de la señora Rivera de Peña durante la sesión fotográfica que publicó la revista Hola en mayo de 2013, demuestran que la decoración arquitectónica no es sinónimo de arte.








