De Patricia Gutiérrez-Otero
Señor director:
Con todo respeto le pido publicar este texto, dirigido a Javier Sicilia, en su sección Palabra de Lector.
Querido Javier: En aquel 2012 me surgió, como ahora me vuelve a surgir, una pregunta honesta cuya respuesta no he encontrado, quizás porque no he buscado en los lugares apropiados: ¿En qué condiciones lo que ahora llamas “boicot electoral”, y con el que estoy profundamente de acuerdo, serviría para mostrar nuestro enojo, descontento y repudio contra los partidos políticos mexicanos, sin que esto se confunda con un abstencionismo debido a la desidia y sin que, aún peor –como sucedió en el 2012–, contribuya a llevar al poder a los dinosaurios hambrientos del PRI?
Si no tenemos la respuesta adecuada, temo que el “boicot electoral” se vuelva una vez más contra el pueblo, como sucedió en el 2006 con el llamado a no votar del estimado EZLN y en el 2012 con tu llamado a no votar por López Obrador.
Mi pregunta en suma es: ¿Cómo hacer que el “boicot electoral” tenga un efecto real en las elecciones sin favorecer al partido en el poder regalándole negativamente nuestros votos?
Me parece que un jurista que haya estudiado la reforma legislativa podría ayudarnos a saber cuál es la mejor alternativa para lograr el objetivo deseado. No podemos darnos el lujo de mantener en los altos mandos de México a gobernantes espurios. La responsabilidad que pesa sobre quienes tenemos conciencia de lo que está pasando es aún mayor dada la falta de sistemas de comunicación masiva que sean críticos, honestos y autónomos.
Hacer un llamado al “boicot electoral” es un primer paso, y se agradece, pero no basta. Ahora hay que pensar en los cómos para que rinda los frutos que queremos.
Un abrazo cordial.
Atentamente
Patricia Gutiérrez-Otero
pgutierrez_otero@hotmail.com
Respuesta de Javier Sicilia
Señor director:
Permítame publicar las siguientes líneas.
Yo tampoco lo sé, querida Paty. Lo único que sé es que la masacre de Ayotzinapa y las miles de muertes y desapariciones que se han sucedido en este sexenio, sumadas a las del gobierno pasado –cada una de ellas constituyen deudas de Estado–, son fruto de las urnas y de esas elecciones ignominiosas. Abarca y Aguirre estaban allí por ellas.
El boicot es para mí un asunto de moral política y de higiene cívica. Quien vaya a las urnas ahora sólo irá a convalidar el crimen. Si tú piensas que hay algún partido que tenga legitimidad, lo lamento por ti. En todo caso, yo les daré la espalda. No convalido el crimen. No lo hice en 2012. Mucho menos lo haré en el 2015.
Ojalá y pudiera consensuarse, acompañando el boicot con un pliego de exigencias muy claro para evitar que aquél continúe en 2018.
Atentamente
Javier Sicilia








