Después de que una organización civil le pidió una misa por los desaparecidos en Jalisco, el domingo 2 el cardenal José Francisco Robles Ortega pronunció en la Catedral de Guadalajara un mensaje de resignación. Ante los reclamos de los fieles, dijo que mencionó al final a las víctimas de desaparición forzada porque la misa fue por el Día de los Fieles Difuntos y no quiso darles ese trato. Sin embargo, tras un silencioso reclamo de las familias afectadas, llamó a la oración por la vida y el retorno de los ausentes.
El domingo 2, en Guadalajara, al concluir la misa de las 12, familiares de víctimas de desaparición forzada se saludaron y se abrazaron a un costado del altar principal de la Catedral Metropolitana. Recibieron en su organización a otras 45 familias que ese día se unieron a su lucha por saber de sus parientes. Adentro del templo se apagaron las luces.
Ya que su demanda de que sean presentados 2 mil 329 desaparecidos ha sido ignorada por autoridades del estado y federales, la Fundación Familias por los Desaparecidos de Jalisco (Fundej) le solicitó al arzobispo de Guadalajara, José Francisco Robles Ortega, que oficiara aquella misa para alentar su lucha.
Según la Fundej, en el estado ya se han registrado mil 59 desapariciones más en lo que va de 2014. Quizá por la gravedad del problema, algunos fieles se dijeron inconformes con lo que consideraron la tibieza del mensaje que les dirigió el cardenal.
La organización civil lamentó que la misa no se hubiera tomado con la seriedad debida por parte de Robles Ortega, de 65 años y oriundo del municipio de Mascota, Jalisco, quien sustituyó en 2011 al cardenal Juan Sandoval Íñiguez en la diócesis.
Resulta que en la misa, el jerarca religioso, en vez de fortalecer la esperanza de las familias o de llamar a la sociedad a apoyar humanitariamente su causa, sugirió que los asistentes se resignaran a la probable muerte de sus seres queridos.
“Cuántos hermanos y hermanas, en estos momentos, sufren una pena permanente, constante de no saber si sus seres queridos viven o mueren –dijo el cardenal–, éstos que ya murieron que los familiares no conocen que murieron, pero que Dios sí sabe que murieron; a estos hermanos nosotros los encomendamos a la infinita misericordia de Dios y pedimos por ellos.
“Para los que están vivos, le pedimos a Dios que les conceda fortaleza, que les conceda la gracia y la paz para recobrar su deseada libertad y su merecida libertad en su dignidad de seres humanos e hijos de Dios.”
De hecho, al final de la misa, Robles Ortega aclaró que no se debe confundir muertos con desaparecidos, porque algunos de éstos pueden estar vivos: “Resignación es decirles: ‘Ya no busquen a sus hijos entre los vivos porque ya están muertos y los vamos a encomendar como difuntos’; eso es precisamente lo que yo quise evitar, no podemos pedir en esta eucaristía no encomendar a sus seres queridos desaparecidos como si fueran difuntos. La esperanza es que están vivos”.
Horas después, la Fundej emitió un comunicado en el que planteó que el religioso en apariencia no comprende en toda su dimensión el problema que viven al menos 2 mil 329 familias en la entidad, y cuestionó:
“Esta no es la manera en que la Iglesia católica debe acercarse a una problemática tan delicada en el estado. Las familias no acudieron para ser atendidas al final sino para ser interpeladas y para recibir palabras de aliento durante la misa.”
De acuerdo con la fundación, Robles Ortega daba la impresión de no querer pronunciar la palabra “desaparecido” en la ceremonia religiosa, como si la considerara prohibida.
Esa tarde, tras la celebración eucarística, el cardenal estaba por abandonar la nave principal de la catedral cuando varios familiares de desaparecidos lo alcanzaron y le pidieron escucharlos.
Después, con pancartas y fotos de sus parientes levantadas con sus manos y en silencio, los familiares de los ausentes se colocaron frente al jerarca, pero nadie admitió que se tratara de una protesta en el templo.
Ante ello, Robles Ortega dijo que la misa había sido para recordar a los fieles difuntos, cuyo día se celebró ese 2 de noviembre, y no por los desaparecidos.
“Aclaré (a los familiares) y al final (que) no podemos pedir por los desaparecidos como si fueran difuntos, no sabemos si viven o si mueren. Creo que la esperanza de todos los seres queridos es que sus hijos vivan y que regresen sanos y salvos al seno de su hogar.”
Dijo que semanas antes tuvo un encuentro con varias personas, no dijo quiénes, que le pidieron la misa por los desaparecidos, pero rechazó que se haya acordado una fecha específica. Y frente a los miembros de la fundación declaró:
“Que regresen sanos y salvos, como es su deseo. Hay que pedirle mucho a Dios y hay que pedirle mucho a nuestras autoridades que hagan lo que corresponda para que se haga justicia, para que se esclarezcan todos estos hechos de seres queridos desaparecidos, no podemos vivir en esa incertidumbre y en esa injusticia. Por eso nos unimos en la oración con ellos para que, donde quiera que estén y como estén, que Dios los fortalezca y los retorne a sus hogares sanos y salvos.”
Después el prelado bendijo a los parientes de los desaparecidos, pero horas más tarde ellos se mostraron inconformes porque Robles Ortega ignoró decenas de fotografías colocadas en la parte norte del altar para que les ofreciera una bendición, pero esto no ocurrió.
“El máximo representante de la Iglesia católica en el estado, al cual Fundej solicitó la misa en persona y por escrito, optó por no hablar de los desaparecidos para no combinarlo con la celebración del Día de Muertos porque pensó que no sería lo correcto hablar de ellos bajo esa circunstancia”, expresó la fundación en su comunicado 6.
“Esto no fue un buen síntoma para las familias presentes –continúa– porque nosotros esperábamos algo más que una aclaración final o una bendición a destiempo, ya que las fotos se colocaron al pie del altar para recibir su bendición, no para que éste (Robles Ortega) pasara de largo y fueran las familias las que corrieran tras el religioso” después de la misa, poco después de la una de la tarde.
La misa solicitada, añadió la organización, tenía el objetivo de mostrar que los familiares de los desaparecidos no están solos:
“Esas palabras de aliento y esa fuerza sí existieron entre las propias familias de desaparecidos, que se reconocieron solas y entablaron un encuentro que se tornará en solidaridad, porque fueron 45 fotos las dejadas al pie de altar, porque son 45 familias y 45 contactos nuevos que no tendrán que seguir andando solos. Ese fue uno de los objetivos que Fundej se planteó con la celebración de esta misa y que tiene el compromiso de seguir para hacer más fuerte la voz de los desaparecidos en nuestro estado.”
De cuerpo ausente
Decenas de reporteros de medios locales y extranjeros que cubrieron la misa del domingo 2 dieron testimonio de las diferencias entre las familias afectadas y el cardenal Robles Ortega, pero otros reportaron sólo que en la celebración del Día de Muertos se recordó a los desaparecidos.
Pocos mencionaron que la mujer que salió al paso del cardenal es Guadalupe Aguilar Jáuregui, quien increpó al entonces presidente Felipe Calderón el 7 de septiembre de 2011, cuando visitó Guadalajara en el marco de su último informe de gobierno. En el complejo Panamericano de Voleibol, la señora interrumpió el mensaje presidencial para denunciar la desaparición de su hijo José Luis Arana Aguilar el 17 de enero de 2011.
Calderón la escuchó y hasta prometió que le “echaría la mano”, pero no pasó nada. Hoy Guadalupe Aguilar encabeza la Fundej para continuar su lucha personal y auxiliar a otras personas.
Es el caso de la madre de Osvaldo Cadena Hernández, desaparecido en el municipio de Tlaquepaque, y cuyos familiares se anotaron el domingo 2 en la lista de los desaparecidos de la Fundej, organismo que ya reúne los esfuerzos de más de 200 familias.
También se hizo presente en la Catedral Metropolitana la madre de Antonio Reynoso Hernández, de 24 años, quien vivía en Balcones de Santa María, Tlaquepaque. Dice que vio a su hijo por última vez cuando lo detuvieron supuestamente por haber participado en una riña:
“Los policías fueron a sacarlo de una fiesta infantil en esa colonia –narra la señora Hernández–. La última vez que vi a mi hijo fue en manos de la Policía Estatal; iba todo golpeado y sangrando de la cabeza; lo golpearon tanto que hasta perdió el conocimiento. Después me dijeron que él huyó y no les creo porque les pregunto de qué manera puede huir una persona que va esposada y golpeada, con tantos policías a su alrededor.”
Aunque no quiere dar su nombre, dice que es enfermera del Seguro Social. E insiste: “Dicen que mi muchacho anda huyendo y yo quisiera que eso fuera realidad, porque seguro ya se hubiera comunicado conmigo al menos para decirme que está bien, por eso no les creo”.
Margarita Barajas Díaz, también busca a su hijo. Dice que su familiar se extravió el 8 de mayo de 2014. Trabajaba como cocinero y después de sus labores acudía a las juntas de Alcohólicos Anónimos. El día que desapareció iba en la camioneta de su director de AA y éste apareció muerto dos días después, pero su hijo no aparece.
La señora Aguilar informó que la mayoría de los desaparecidos son varones de 30 a 40 años, pero está incrementándose el número de mujeres víctimas de este delito. Añadió que en el actual sexenio ya se registraron mil 300 nuevos casos.
Y aunque esto fortalece a la Fundej y Aguilar suele mostrar su fortaleza de ánimo ante los medios, al final de la misa del domingo 2 se le vio triste al recibir a otras madres, esposas, hermanos y padres que se sumaron a su movimiento.
La primera que acudió a saludar a Guadalupe Aguilar tras el breve diálogo con el cardenal Robles Ortega fue la expresidenta de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, Guadalupe Morfín Otero. De pie a un costado del altar principal de la catedral, las dos se abrazaron emotivamente.
Algunos asistentes a la misa informan que en unas semanas más la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), que por cierto preside el cardenal Robles Ortega, realizará su segunda asamblea plenaria de 2014 y esperan que ahí la jerarquía católica analice de manera comprometida el fenómeno de los desaparecidos.
Añaden que la muerte de seis personas de Ayotzinapa, Guerrero, y la desaparición de 43 estudiantes en Iguala debería ser un tema en la agenda de la CEM, pero están conscientes de que no existe garantía de eso.








