Acerca de Posturas de profesores de la Esime…

De Ricardo D´Alva Ovando

Señor director:

Los 77 profesores de la ESIME Zacatenco que firman una carta para manifestar su postura sobre el movimiento estudiantil del IPN, publicada en Proceso 1982, piden estar representados en la mesa de diálogo entre los alumnos y el gobierno. Además, dicen que la autonomía del IPN no es una demanda del movimiento.

Es pertinente advertir a ese importante grupo de trabajadores que deben acercarse a la dirección del movimiento para hacer la propuesta, que con seguridad deberá discutirse en la Asamblea General (Politécnica), la cual se pronunciaría al respecto. Si quieren participar en el proceso de transformación del IPN con sus puntos de vista y propuestas, lo deberán hacer en el congreso que se acordará entre estudiantes y gobierno.

Igualmente es necesario subrayar que este no es un movimiento de profesores y trabajadores de apoyo, sino de jóvenes que con seguridad aceptarían su participación en caso de que vaya dirigida a potenciar la fuerza que demostraron los muchachos en el arranque y sostenimiento de la lucha.

Quienes encabezan el movimiento han sido muy cautos a la hora de recibir la solidaridad de los maestros y otros trabajadores, pues por ahí podrían colarse sus adversarios, aliados del gobierno, que están deseosos de entorpecer la buena marcha de estos reclamos.

En segundo lugar, y con respecto a la autonomía, esos profesores ya tienen una posición de rechazo muy firme que las dirigencias sindicales oficiales (“charras”) siempre han sostenido, pero que no compartimos un buen número de trabajadores administrativos y docentes.

La Ley Orgánica vigente permite al Ejecutivo hacer el nombramiento de director del Politécnico. Pero, dadas las circunstancias inéditas que hoy crearon los jóvenes, debiera pedirse una opinión sobre el particular a los estudiantes y a su dirigencia. Es más, sugiero a la Presidencia de la República preguntar a los estudiantes si tienen algún prospecto, o cuál llena mejor sus expectativas entre las propuestas del Ejecutivo. En el entendido de que este director interino sólo estaría el tiempo del trienio que no cumplió la directora destituida. Y si no hubiese una nueva forma de nombrar a las autoridades cuando ese lapso termine, habría que nombrar a otro interino para que concluya el proceso de confección de la nueva ley que pueda dar una participación más decisiva de la comunidad politécnica.

Esas interrogantes u otras similares serán despejadas si somos capaces de arribar a una autonomía que inclusive vaya más allá de la que tienen instituciones como la UNAM. Esto es, debemos procesar una autonomía democrática (Érika Celestino dixit –profesora de la ESE, IPN) y no una autocrática, donde un grupito de notables elige al rector (en el Poli, director). Cuestión que con seguridad se discutirá en el congreso politécnico, ya que no podemos seguir siendo una institución educativa a la que se le da un trato inferior –cuando menos en términos económicos– al que se otorga a la UNAM.

Tampoco puede argumentarse que, con la autonomía, los trabajadores perderíamos derechos obtenidos (“conquistas sindicales”, les dicen en el argot charril), toda vez que ningún cambio de esta naturaleza conlleva la disminución de los salarios u otras prestaciones. Ni siquiera si cambiásemos de apartado en el artículo 123 constitucional (del B al A).

Al contrario, seríamos trabajadores con plenos derechos y no como actualmente lo somos: de segunda. Lo que se puede presumir con ese rechazo manifestado por los firmantes de la carta es una postura conservadora y hasta reaccionaria, favorable a los líderes oficiales del SNTE, incrustados éstos desde siempre en las representaciones sindicales, ya que con la autonomía estarían en riesgo de perder sus cotos de poder si los trabajadores nos organizáramos en instancias conducidas por auténticos representantes y no por simuladores cuya función principal es controlar a los trabajadores y beneficiarse ellos con esta “labor”. (Carta resumida.)

Atentamente

Profesor Ricardo D´Alva Ovando